¿EL FÚTBOL TIENE QUIEN LE ESCRIBA?

La relación entre los escritores y el fútbol ha sido históricamente plena de encuentros y desencuentros. Con más desencuentros que encuentros.

Pasión, fidelidad, alegría y desencanto son elementos viscerales de un juego tan amado por las mayorías populares como despreciado (hasta hace pocos años) por los intelectuales y académicos. Tanto de derecha como de izquierda.

Durante décadas han sido muchos los escritores de derecha que expresaron su menosprecio e indignación de manera definitiva. Jorge Luis Borges llego a decir textual: “El fútbol es popular porque la estupidez es popular”. También advirtió: “El fútbol despierta las peores pasiones”. Recordemos que para Borges despertar las “buenas pasiones” era abrazarse con el genocida Pinochet cuando, en plena dictadura, éste lo condecoró en Chile.

Para los escritores del establishment conservador, el fútbol es entretenimiento de gente de clase baja, de personas poco instruidas. El fútbol sería entonces parte de aquel “aluvión zoológico” que irrumpió en Plaza de Mayo un 17 de octubre de 1945.

Para los escritores de izquierda, el fútbol fue censurado durante largos años como causa de la ignorancia y resignación de las masas populares. Sin el fútbol, la conciencia de clase emergería triunfante y estallaría la revolución.

Estos pretendidos vanguardistas niegan los sentimientos; no son capaces de experimentar, sentir y compartir. Para ellos el fútbol es el nuevo “opio de los pueblos” y los futboleros somos personas alienadas incapaces de entender a Marx.

Sin embargo, poco a poco, han surgido con mucha fuerza escritores de enorme valía que demuestran una inteligente comprensión del universo del fútbol y de su dimensión cultural. El pionero fue Roberto Santoro que, en 1968, publicó “Literatura de la pelota” (Santoro es uno de nuestros 30 mil desaparecidos). Después siguieron Osvaldo Soriano, Alejandro Dolina y Roberto Fontanarrosa. Ellos pusieron en marcha una literatura futbolera desde donde asumen públicamente su pasión por la literatura y por el fútbol.

Y enseguida se sumaron Juan Sasturain, Osvaldo Bayer, Ricardo Piglia y Eduardo Sacheri. También se incorporaron Gabriel García Marquez, Eduardo Galeano, Vinicius de Moraes y Mario Benedetti.

A estos intelectuales les ha alcanzado la breve dimensión de una pelota de fútbol para penetrar en los infinitos recovecos del alma humana y confirmar que el fútbol es parte indisoluble de nuestra identidad nacional, popular y cultural.

Carlos Alberto Bonet

Compartir en:
Share on facebook
Share on whatsapp
Share on email
Share on twitter
Share on print