JEAN JAURES | ASESINADO POR PACIFISTA Y SOCIALISTA

Hace muchos años tuve que vivir en CABA, la Capital decíamos en aquella época, y habitaba un departamento en la calle Jean Jaurès. Me preguntaba quién sería este Jean Jaurès y sin buscar alguna información me respondí que debería haber sido un botón, un alcahuete del poder, un canalla. Y allí quedé con esa respuesta de tarado hasta que llegué a Francia.

Jean Jaurès fue cobardemente asesinado por el facha Raoul Villain en un café de la rue Montmartre en París el 31 de julio de 1914, en vísperas de la Primera Guerra Mundial a la que, este incansable pacifista, se opuso ferozmente. Es imprescindible recordar el pensamiento y las luchas de Jean Jaurès, líder del socialismo francés, que aún deben guiarnos para luchar contra el oscurantismo, los poderes monetarios y reconstruir las bases de la República social, laica y democrática. Festejar hoy a Jean Jaurès es mantener el legado del movimiento obrero, socialista y comunista, de sus actores y actrices que arrebataron las conquistas sociales y democráticas sin las cuales una República sería una palabra vacía.

La palabra «República» estuvo en el recuerdo que está vinculado a la soberanía popular y la democracia política, amenazadas por el dominio de las finanzas sobre los asuntos estatales, a principios de siglo XX como al principio del 21. “Un nuevo estado, el estado financiero ha surgido en el estado democrático, con su propio poder, sus propios resortes, sus propios órganos”, así alertó Jean Jaurès durante el asunto de Panamá en 1880. «¿La historia balbuceante?». ¿No es ahí donde estamos hoy? se reacciona hoy como Jean Jaurés, evocando «un Estado que ya no garantiza el interés general, sino que se pone a disposición del capital». Como resultado, la democracia está en crisis, la vertiginosa tasa de abstención que aumenta de voto en voto, indicando la profundidad del malestar, el peso del divorcio entre el pueblo y sus representantes, entre los ciudadanos, sus instituciones, entre los trabajadores y la política que se lleva a cabo hoy. Jaurès había captado la importancia de la democracia política, preludio necesario de la socialdemocracia y de la sociedad a la que alternativamente llamó socialista o comunista como para recordar la imperiosa necesidad de resucitar, de emergencia, la soberanía popular.

Socavando la democracia, el capitalismo también amenaza las libertades individuales y colectivas, como lo demuestra el escándalo Pegasus, que lleva el nombre del software espía vendido por el Estado de Israel en manos de déspotas. Entonces, recordemos siempre a Jaurès y el camino que nos mostró cuando en 1895, en su ensayo “Socialisme et Libertés”, escribió que, a diferencia del capitalismo, “el socialismo, y me refiero al socialismo colectivista o comunista, dará el mayor desarrollo a la libertad, a todas las libertades: es, cada vez más, la condición necesaria ». Escribía Jaurès: «El objetivo original del socialismo es lograr la igualdad social, o al menos una reducción de las desigualdades y, en particular para las corrientes de inspiración marxista, establecer una sociedad sin clases sociales».

El legado de Jean Jaurès en Francia es también el sistema de pensiones de reparto gestionado por los propios trabajadores, la nacionalización de los principales medios de producción y comercio, la creación de la seguridad social universal y financiada con cotizaciones. Conquistas democráticas hoy amenazadas y que debemos defender en el corazón de esta crisis política sin precedentes.

Finalmente, el legado de Jean Jaurès es el periódico que creó en 1904, L’Humanité que la derecha hoy quiere cerrar. La universidad donde fui profesor desde que llegué a Francia se llama «Toulouse 2. Jean Jaurès».

José María Cuesta

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