5 | SE ARMÓ LA PODRIDA

Calamuchita y el Doctor Isea seguían en apasionados cruces de entuertos metafísicos pero ahora casi clandestinos y cuando redondeaban una idea, un parecer, elevaban el tono de voz, y anunciaban:

—¡Es todo relativo, a veces! o, —¡A la final Dios tenía razón!

El Víbora al escuchar cada sentencia la anotaba en el pizarrón, con tizas de colores y le dibujaba florcitas de nomeolvides, bajo un título de su autoría, que le daba un carácter utilitario a la metafísica: “Certezas dudosas, aplicar con cuidado”.

El Ruben, en un rincón, concentrado, seguía el sorteo de la quiniela vespertina, Dominguez, le susurraba desde atrás, como en un rezo:

—Ese terno que no sale…Ese terno que no sale… Ese terno que no sale…

—¿Qué salió a cabeza, Ruben? —preguntó el Víbora.

—El número de Don Quintillo y el Doctor Isea. El 48.

El Gitano, hoy transformado en la voz del pueblo, cada 20 minutos invadía el salón de la Biblioteca con una voz aguardentosa que salía de los altoparlantes de su F100:

¡Compro baterías usadas Señor pago el mejor precio Señor! ¡Vendo papas blancas papas negras Señora!

Elvira, la docente jubilada y ferviente católica, fundadora de la Biblioteca Pimpollito, ahora sede del Centro de Estudios La Dormida, entró, con su figura alta, delgada, bella mujer sin dudas, ocupó el centro del salón y se dirigió a los presentes sin saludarlos:

—Les dejo este cuadro del Papa para que lo cuelguen. Don Quintillo cometió el gran error de interrumpirla, alcanzó a decir:

—Mirá Elvira, nosotros…

—Vos callate haceme el favor —retrucó Elvira.

Don Quintillo y Elvira son hermanos, de cuando Don Quintillo estaba en este mundo de manera oficial. Y siguió Elvira:

—Vos y ese otro de Isea mejor se quedan calladitos porque lo de ustedes no tiene nombre, y más vale que no se entere el curita nuevo de la parroquia porque…

—¡Flor de cagazo se va a agarrar! —exclamó el Ruben. —¡Vos también callate atorrante!

—¿Y yo que hice ahora? —contestó el Ruben con risita contenida.

—¡Elvira! —reclamó atención y algo de comprensión Don Quintillo—. ¿Me dejás que te explique por favor?

—Sí, pero rapidito que no tengo tiempo para perder con ustedes —dijo Elvira.

—Esto que te digo no se lo dije a nadie, no era intención del Doctor ni mía seguir jodiendo por estos pagos, pero don Miguel de Unamuno… ¡Doctor!, ¿Por qué no se lo explica usted mejor?

—Con todo gusto —dijo el Doctor Isea.

—¡Qué dos piedras para la honda! —dijo por lo bajo Elvira.

—Mire Elvira —comenzó la explicación el Doctor—. Nosotros siempre fuimos estudiosos y admiradores del genio de don Miguel de Unamuno que desarrolló muy bien la cuestión de la resurrección, no solo la del alma, sino la del cuerpo también, y nada de reencarnarse en otro cuerpo sino en el mismo cuerpo ¿Se da cuenta? Es fabuloso, y bueno, nosotros adherimos a la gran revelación de Don Miguel y aquí nos tiene, en reencarnación literaria. ¿Entiende Elvira?

Elvira quedó pensativa, bajó la guardia, y Don Quintillo aprovechó para continuar con sus planteos.

—Y otra cosa Elvira, nosotros el cuadro del Papa no lo colgamos ni mamados, no por problemas con el hombre, al cual le tenemos mucho respeto y consideración, sino por la institución Vaticano que siempre nos pareció una cagada, y vos sabes muy bien que acá no queremos saber nada con sotanudos, si estuviera el curita Jorge sí, porque él fue un obrero que se hizo cura, pero no está el curita Jorge, lo que podemos hacer es que te lleves el cuadro del Papa y nos traigas uno del Gauchito Gil que es un santito querido por todos acá.

Elvira seguía colgada en las alturas ¿Pensando en lo que se dijo sobre Don Miguel de Unamuno? ¿O buscando las palabras más contundentes para echarlos a la reverendísima mierda?

El profesor Antognoli que parecía dormido desde hacía un buen rato, se animó y se sumó a los cuestionamientos a la Señora Elvira:

—Otra cosa Elvira —dijo el profesor Antognoli. Ya que estamos aprovecho para decirle que fue rechazada su postulación para la presidencia de la Comisión de Bochas porque usted y sus amigas empezaron a jugar hace muy poco y de manera recreativa o sea todavía no tienen la antigüedad que exigen los Estatutos y tampoco se aceptó su proyecto de plastificar la cancha, que se va a continuar con nuestra vieja y célebre cancha de arena…

Elvira miró a los presentes uno por uno y dijo: —¡Vamos a ver quién gana! Y se fue.


Continuará…

INTEGRANTES DEL CENTRO DE ESTUDIOS LA DORMIDA

Don Quintillo, conductor político y social del arroyo para acá.

El Doctor Isea, doctor de todas las disciplinas habidas y por haber y de las indisciplinas también.

Elvira, docente jubilada de autoridad indiscutida en la zona.

Calamuchita, hombre muy leído.

El Profesor Antognoli, director de teatro retirado.

Dominguez, que no se sabe muy bien si es que no terminó de irse del más acá o está volviendo del más allá.

Carlito (sin ese), se presenta singular, pero en realidad son tres hermanos en uno.

El Pity, joven escritor encargado de llevar al papel (lo mejor que se pueda) la oralidad de los integrantes del Centro de Estudios.

El Ruben, levantador de quiniela y tesorero de la Institución.

El Víbora y El Gitano, cuando les conviene son uno solo.

María, una bella e inquieta muchacha con ideas transformadoras.

Roberto Iriarte

Ilustraciones: © Luis Farías: Nació en 1976. Estudió dibujo con Luis Contrera y colabora con Roberto Iriarte en algunas publicaciones. También es profesor de historia.

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