HISTORIA DE UNA PRINCESA, SU PAPÁ Y EL PRÍNCIPE KINOTO FUKASUKA

Cuento con vos | Un libro de cuentos sobre tus derechos, desde La banquina a las infancias | Crecer en Libertad |

Cuando nacemos, llegamos al mundo sin ropa pero con derechos. No importa que seas así… de chiquito, igual tenés derecho a expresarte, a jugar, a elegir, de acuerdo con tu edad y con tus posibilidades. Los derechos no son un traje que te dan un día de golpe cuando te convertís en grande. Los derechos son la ropa del alma… para toda ocasión y en todo momento.

| Autora: María Elena Walsh | Voz: Jorge Sharry.

HISTORIA DE UNA PRINCESA, SU PAPÁ Y EL PRÍNCIPE KINOTO FUKASUKA

Sukimuki era una princesa japonesa. Vivía en la ciudad de Siu Kiu, hace como dos mil años, tres meses y media hora.
En esa época, las princesas todo lo que tenían que hacer era quedarse quietitas. Nada de ayudarle a la mamá a secar los platos. Nada de hacer mandados. Nada de bailar con abanico. Nada de tomar naranjada con pajita. Ni siquiera ir a la escuela. Ni siquiera sonarse la nariz. Ni siquiera pelar una ciruela. Ni siquiera cazar una lombriz. Nada, nada, nada.
Todo lo hacían los sirvientes del palacio: vestirla, peinarla, estornudar por ella, abanicarla, pelarle las ciruelas.
¡Cómo se aburría la pobre Sukimuki!
Una tarde estaba, como siempre, sentada en el jardín papando moscas, cuando apareció una enorme Mariposa de todos los colores. Y la Mariposa revoloteaba, y la pobre Sukimuki la miraba de reojo porque no le estaba permitido mover la cabeza.
–¡Qué linda mariposapa! –murmuró al fin Sukimuki, en correcto japonés.
Y la Mariposa contestó, también en correctísimo japonés: –¡Qué linda Princesa! ¡Cómo me gustaría jugar a la mancha con usted, Princesa!
–Nopo puepedopo –volvió a responder la Princesa haciendo pucheros.
–¡Cómo me gustaría bailar con usted, Princesa! –insistió la Mariposa.
–Eso tampococo puepedopo –contestó la pobre Princesa.
Y la Mariposa, ya un poco impaciente, le preguntó: –¿Por qué usted no puede hacer nada?
–Porque mi papá, el Emperador, dice que si una Princesa no se queda quieta quieta quieta como una galleta, en el imperio habrá una pataleta.
–¿Y eso por qué? –preguntó la Mariposa.
–Porque sípi –contestó la Princesa–, porque las Princesas del Japonpón debemos estar quietitas sin hacer nada. Si no, no seríamos Princesas. Seríamos mucamas, colegialas, bailarinas o dentistas, ¿entiendes?
–Entiendo –dijo la Mariposa–, pero escápese un ratito y juguemos. He venido volando de muy lejos nada más que para jugar con usted. En mi isla, todo el mundo me hablaba de su belleza.
A la Princesa le gustó la idea y decidió, por una vez, desobedecer a su papá. Salió a correr y bailar por el jardín con la Mariposa. En eso se asomó el Emperador al balcón y al no ver a su hija armó un escándalo de mil demonios.
–¡Dónde está la Princesa! –chilló. Y llegaron todos sus sirvientes, sus soldados, sus vigilantes, sus cocineros, sus lustrabotas y sus tías para ver qué le pasaba. –¡Vayan todos a buscar a la Princesa! –rugió el Emperador con voz de trueno y ojos de relámpago. Y allá salieron todos corriendo y el Emperador se quedó solo en el salón. –¡Dónde está la Princesa! –repitió. Y oyó una voz que respondía a sus espaldas: –La Princesa está de jarana donde se le da la gana. El Emperador se dio vuelta furioso y no vio a nadie. Miró un poquito mejor, y no vio a nadie. Se puso tres pares de anteojos y entonces sí vio a alguien. Vio a una mariposota sentada en su propio trono.
–¿Quién eres? –rugió el Emperador con voz de trueno y ojos de relámpago. Y agarró un matamoscas, dispuesto a aplastar a la insolente Mariposa. Pero no pudo. ¿Por qué? Porque la Mariposa tuvo la ocurrencia de transformarse inmediatamente en un Príncipe. Un Príncipe buen mozo, simpático, inteligente, gordito, estudioso, valiente y con bigotito. El Emperador casi se desmaya de rabia y de susto.
–¿Qué quieres? –le preguntó al Príncipe con voz de trueno y ojos de relámpago.
–Casarme con la Princesa –dijo el Príncipe valientemente.
–¿Pero de dónde diablos has salido con esas pretensiones?
–Me metí en tu jardín en forma de mariposa –dijo el Príncipe– y la Princesa jugó y bailó conmigo. Fue feliz por primera vez en su vida y ahora nos queremos casar.
–¡No lo permitiré! –rugió el Emperador con voz de trueno y ojos de relámpago.
–Si no lo permites, te declaro la guerra –dijo el Príncipe sacando la espada.
–¡Servidores, vigilantes, tías! –llamó el Emperador. Y todos entraron corriendo, pero al ver al Príncipe empuñando la espada se pegaron un susto terrible.
A todo esto, la Princesa Sukimuki espiaba por la ventana. –¡Echen a este Príncipe insolente de mi palacio! –ordenó el Emperador con voz de trueno y ojos de relámpago. Pero el Príncipe no se iba a dejar echar así nomás. Peleó valientemente contra todos. Y los lustrabotas escaparon por una ventana. Y las tías se escondieron aterradas debajo de la alfombra. Y los vigilantes se treparon a la lámpara.
Cuando el Príncipe los hubo vencido a todos, preguntó al Emperador: –¿Me dejas casar con tu hija, sí o no?
–Está bien –dijo el Emperador con voz de laucha y ojos de lauchita–. Cásate, siempre que la Princesa no se oponga. El Príncipe fue hasta la ventana y preguntó a la Princesa: –¿Quieres casarte conmigo, Princesa Sukimuki? –Sípi –contestó la Princesa entusiasmada. Y así fue como la Princesa dejó de estar quietita y se casó con el Príncipe Kinoto Fukasuka. Los dos llegaron al templo en monopatín y luego dieron una fiesta en el jardín. Una fiesta que duró diez días y un enorme chupetín.
Así acaba, como ves, este cuento japonés.

SOBRE LA AUTORA

María Elena Walsh
Nació el 1° de febrero de 1930, en Ramos Mejía, provincia de Buenos Aires. Algunas de sus obras son: Tutú Marambá; El reino del revés; Zoo Loco; Dailan Kifki; Cuentos de Gulubú; Versos tradicionales para cebollitas; El diablo inglés; Chaucha y palito; Bisa vuela; La nube traicionera (traducción de La nuage rose, de George
Sand). En 1956 comenzó a publicar poemas para niños y en 1962 inició con sus espectáculos teatrales para chicos una verdadera revolución en el género. Es reconocida internacionalmente, siendo sus canciones lema de diversos movimientos relacionados con la infancia. Entre los premios y distinciones que obtuvo figuran: Premio Municipal de Poesía 1948; Mujer del Año 1968; Gran Premio de Honor de la Fundación Argentina para la Poesía 1982; Gran Premio de Honor del Fondo Nacional de las Artes 1987; Premio Mundial de Literatura José Martí

Las siguientes personas trabajaron en el Ministerio de Cultura y Educación de la Nación y ayudaron a hacer Cuento con vos:
Susana B. Decibe, Ministra de Cultura y Educación.
Manuel G. García Solá, Secretario de Programación y Evaluación Educativa.
Inés Aguerrondo, Subsecretaria de Programación Educativa.
Cecilia Braslavsky, Directora General de Investigación y Desarrollo Educativo.
Juan Esteban Belderrain, Coordinador de Programas sobre los Contenidos Transversales.
Graciela Zaritzky, Coordinadora del Programa “Derechos del Niño y del Adolescente”.
Stella Maris Galarza y Estela Grimbank, junto con Graciela Zaritzky, elaboraron el material que acompaña los cuentos.
Gabriela Tenner coordinó la producción editorial.

También participaron en la realización de este libro:
Sergio Kern, que hizo todas las ilustraciones.
Lucio Margulis, que trabajó en la etapa de preproducción.
El Estudio de Diseño Sattolo & Colombo, que ideó el diseño gráfico y armó todas las páginas.
Agradecemos muy especialmente a los escritores que donaron sus obras y a las editoriales que cedieron sus derechos por tan generosa actitud.
Agradecemos, además, la colaboración de la Asociación por los Derechos de la Infancia (ADI).

Jorge Sharry

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