YO NO SÉ

somos lo que el viento dejó olvidado, lo que quedó del fuego, somos como el canto del jilguero, la frágil sustancia de un temblor en el aire…

… yo no sé, pero en algún momento algo sale mal, puta madre, el asunto agarra para otro lado y uno no se da cuenta, o en ese momento no le importa, o da lo mismo, o no hay nada que hacer. Vaya uno a saber. Después ya está. Después hay que andar torcido por la vida y no queda otra que entrarle al viento de costado, así, de refilón. Igual se anda, pero en el fondo uno sabe que algo salió mal.

Miralo al viejo Ochoa sinó, que pareciera que estuviese siempre a punto de caerse, y que camina ladeado y doblado hacia abajo, como si hubiese perdido algo y lo buscara en el suelo. Uno lo mira y piensa: no llega, no llega. Pero ahí va, torcido y todo anda el viejo y siempre se las arregla para llegar.

Hay que cuidarlo al Totingo, dice, el muy pelotudo se va a morir, literalmente, porque la Mariana se le fue con otro tipo y él dice que se quiere morir, y cuando uno se quiere morir, nomás se muere.

Encima el Totingo es testarudo, ni que fuera hijo de vasco cuando se le mete algo en la cabeza. Ni la Jessy, que con sus ternuras es capaz de emocionar a una estatua, pudo hacer que se le moviera un pelo. El Viejo tiene ojo de lince para estas cosas. Conoce sobre las grietas del alma, con la tristeza no se jode, dice. Pero, además de ojo, lo tiene al peludo Arzuaga, que según él tiene virtudes anticipatorias, ve el futuro y esas cosas, y de vez en cuando suele darle alguna que otra alegría en la quiniela. Así que, por las dudas, con el Caraetuerca nos fuimos para lo del Viejo a consultar al peludo Arzuaga. Y ahí estaba, en el fondo del patio de tierra, en un rincón, al lado del alambrado, ahí tiene su cueva el peludo Arzuaga, así le puso de nombre el Viejo al animalito, Arzuaga.

Así que Ochoa se asomó a la boca de la cueva y susurró el nombre del Totingo, solo es cuestión que aparezca dijo, si no asoma el hocico es mal augurio. Podés creer, ni noticia del bichito, ni medio bigote asomó. Sonó el Totingo, y encima algo muy malo está por pasar, dice, porque hace como dos meses que no se asoma. El Caraetuerca se ríe, dice que el Viejo está loco.

Yo no sé.

Pero mirá como son las cosas, no hay caso, la vida es una rueda, a veces estás abajo y a veces arriba. De buenas a primeras al Totingo se le cruzó otra piba, buena, linda como un sueño, y ahí nomás se volvió a enamorar, no sé cómo pasó, ni de donde salió, pero gracias a Dios esas cosas todavía suceden, un día cualquiera se te cruza alguien y ¡zas!, pasa, te vuelve a pasar. Y así seguís tirando un rato más.

El Caraetuerca insiste, pero ahora con más énfasis, con que el viejo está loco, pero además agrega que habría que ir pensando en hacerlo a Arzuaga a la cacerola.

Y ahí iba el Totingo, como un pajarito, capullito de plumas era el Totingo enamorado, tenía menos muerte encima que un recién nacido.

Lástima lo del colectivo. Yo no sé. Seguro venía paveando y no lo vio. Si hasta parecía que caminaba en el aire, además, a quién se le puede ocurrir que un tipo enamorado le vaya a prestar atención a un colectivo.

El Mario tuvo que ir a reconocerlo, yo no quise, no sé, quería quedarme con la imagen del Totingo feliz, capullito de plumas, hombre pájaro.

Pero mirá como son las cosas, el viejo Ochoa dice que ese mismo día el peludo Arzuaga salió de la cueva.

No hay caso, cuando algo sale mal de entrada, o la vida es una rueda que gira loca.

O yo no sé.

Eduardo Viti Correa

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