SONRÍE, JESSY TE AMA

“… y de pronto, aquel extraño viaje marítimo, un tirón brutal que los arrancaba de la tierra y los había dejado a todos con las raíces en el viento…”
Adánbuenosayres

Leopoldo Márechal

¡¡Salimooos!! gritaba el Chueco en el potrero cuando éramos pibes, imitando a los arqueros de primera, después de aprisionar la pelota con esas dos manazas de camionero que ya tenía. Luego tiraba el pelotazo hacia adelante. Nada de sutilezas. A pelearla arriba. ¡Pará Chueco, pará! ¡¡Salimooos!! volvía a gritar. Qué se le va a hacer, como en la vida. A la carga barraca y a pelearla en el campo contrario. Fijate el Pablo sinó. Buen tipo el Pablo. Tiene música en las manos, o tenía, qué sé yo. Capaz de fabricarse una bicicleta con un cajón de manzanas. O construir un barrilete con los restos de una cosechadora. No sé cómo hacía, pero hay que tener música en las manos para hacer eso, o algo por el estilo, algunos lo llaman poesía, qué sé yo. Pero mirá vos como son las cosas. En algún momento se le quebró el alma. Nadie se avivó ni lo vio venir. Andaríamos distraídos, o mirando para otro lado. Vaya uno a saber. Lo cierto es que a partir de entonces el tipo se fue, pero se fue para adentro. Ahora tiene los ojos vacíos y anda por la vida como quién mira llover. Con las manos en silencio. Mudas las manos, como si no fuesen del Pablo. Como si fuesen otras manos, o las manos de otro.

Cada tanto se rebela. No sé contra qué y creo que él tampoco lo sabe. Pero se rebela. Entonces se va para lo de la Jessy y se echa un polvo de aquellos. Eso le salva la vida, no el polvo, un polvo se puede tener con cualquiera, la Jessy le salva la vida. Ella tiene un corazón inmenso, cálido y generoso como el hogar de uno y estar con ella es como volver a casa. Y uno se olvida de todo y hasta se siente un mejor tipo, y eso, precisamente, es lo que te salva la vida.

El Mario lo definió con una precisión notable. Colgó un cartel todo fileteadito en la entrada del taller, a modo de bienvenida, que reza: “Sonríe, Jessy te ama”.

La Jessy tiene un barco tatuado sobre el seno izquierdo.  Es un velero, como esos en los que solía embarcarse el Corto Maltés, y cuando ella se desnuda pareciera que el velero navegara sobre su piel. Entonces uno cierra los ojos y sueña que viaja en ese velero y que entre huracanes y tifones la recorre. Y entiende al fin que ése es su mayor secreto, que a ella no se le hace el amor, a ella se la navega.

La Jessy dice que un día va a cruzar el Atlántico en un velero como ése y va a conocer Budapest. Y si le preguntás por qué Budapest, ella contesta que no sabe por qué, simplemente le gusta como suena.

A ninguno de nosotros jamás se nos ocurrió decirle que Budapest no tiene mar, y que por ende no tiene puerto, y que queda en Hungría que es un país del centro de Europa que está lleno de húngaros grandotes que huelen a vodka y que hablan todo el tiempo en húngaro, y que además hace un frío de cagarse.

Nadie se anima a hundirle ese sueño a la Jessy por esta simple serie de pequeños detalles. Aunque más de una vez alguno estuvo tentado de hacerlo, no vaya a ser cosa que persiguiendo Budapest, Estocolmo, o cualquier otro lugar del mundo que le suene bonito, un día de estos arme las valijas, se suba a un velero… y se nos vaya…

Eduardo Viti Correa

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