CUANDO LO SINIESTRO SE IMPONE

Femicidio: “La problemática nos atraviesa como sociedad. Es necesario exponerla, y generar una búsqueda de cambios en los paradigmas estructurales que, en su visión más sesgada de la mirada patriarcal, lleva a una acción física feroz”

En la actualidad nos encontramos vivenciando una etapa de transformación, en los conceptos impuestos culturalmente, donde se ha puesto en juicio, la perspectiva machista, sumamente patriarcal, por la cual se rige toda vinculación social en su totalidad, y signa las normas que someten, generan coacción en nuestra sociedad.

Es momento de analizar, debatir, accionar para un legado futuro más justo, más equitativo.

Permitir romper con preceptos obsoletos, y todavía profundamente arraigados.

El miedo ha sido parte de una innegable realidad diaria, demasiado tiempo asumiendo, naturalizando situaciones de violencias diversas.

Es algo que nos moviliza en lo personal, y en lo colectivo.

La brutalidad en el cuerpo, que se despersonaliza, para cosificarlo, poseerlo, destrozarlo.

En una sociedad donde la mirada patriarcal sigue expresando su máximo y terrible manifiesto.

Sí bien, las leyes han avanzado, y hoy existen concepciones despojadas de prejuicios, esos prejuicios que buscan acrecentar y darle entidad a la violencia.

Pero aún nos siguen matando cada día, cada año, sometidas al abuso, a la posesión extrema, a la nada del dolor más desgarrador.

Una mujer muere en nuestro país, estadísticamente, cada 30 hs.

El mes pasado se cumplieron seis años, de la primera movilización, denominada “Ni una menos”.

Solamente desde el 2015 surgen, declarados oficialmente, 1733 femicidios.

Durante 2020 se recibieron aproximadamente 30.000 llamados, específicos por violencia de género, en Argentina.

A nivel legislación recién en el 2012, se incorpora la figura de femicidio.

Pero requiere medidas concretas, en principio exigir que dicha legislación se cumpla.

En lo posible una mayor inversión y presencia del estado. Actualmente, por dar un ejemplo, en nuestro país, tenemos 1800 refugios para mujeres e hijos/as en situación de violencia.

En provincias enteras como Tierra del Fuego y Formosa, no figura ningún refugio para contener situaciones de esta índole.

También es de suma importancia, realizar campañas de concientización social, que descarten en los discursos cotidianos, roles arcaicos impuestos históricamente, con una profunda desvalorización de la mujer, de su rol vincular.

Hoy se permite visibilizar dicha realidad, deconstruir un discurso imperante de intolerancia, poner en palabras y en normas legales una violencia silenciada por siglos.

Pero falta infinito por accionar, desde un posicionamiento activo, presente, y de contención, antes del desenlace más cruel, el femicidio.

Existe cierta justificación discursiva frente a la violencia, a la idea nefasta de un poder envolvente, de sometimiento, despojado de todo sentir, reducido a la nada. Similar a una muñeca que se rompe fácilmente, inerte, en el vacío.

Cómo subsistir cuando nuestro propio ser visualiza el mundo, su horror, su culpa, tan naturalizada, negada por los demás. Visualizar en profundidad, te expulsa a sentir en el cuerpo la humanidad con sus abusos, su odio incomprensible, su capacidad de destrucción.

Sería tan imposible de digerir, de respirar, sólo la esperanza, ¿o el sueño de lo utópico nos mantiene? Tal vez nos sostiene, hasta la primera expresión del mundo, la verdadera, sin vendas, sin negación, y entonces cómo vivir sin que el alma se destroce en dolor, y genere una pulsión a no querer más, una lucha perdida.

Claramente sí existe esperanza, sin vendas, soportando todo el dolor del mundo en el cuerpo, y peleando por una humanidad diferente, lejana a la opresión actual, que no desgarre el propio ser al confrontarlo. Y nos entregue lo mejor de nosotros, en concordancia con la naturaleza. Donde la existencia cobre un valor irreductible, pleno, real.

La brutalidad tiene un rasgo comprendido en cierta normativa impuesta, no debería ser pensado como propia de nuestra naturaleza humana. Son décadas de comprender una forma de vinculación, un entendimiento del deber ser, que impone miradas doctrinarias sobre cada rol social, y permite ciertas violencias comprendidas en concepciones históricas, pero erróneas. Esa frase brutal ronda mis pensamientos “Las muñecas no sienten, pero se rompen con facilidad.”

La problemática nos atraviesa como sociedad. Es necesario exponerla, y generar una búsqueda de cambios en los paradigmas estructurales que, en su visión más sesgada de la mirada patriarcal, lleva a una acción física feroz.

Darle identidad para lograr profundizar sobre determinadas temáticas, dejar de naturalizarlas, es parte de un cambio social, político, y cultural necesario.

María José Sharry

Ausencia

Una historia de incertidumbre, amor, violencia, suspenso, vertiginosa, profunda, donde cada personaje cumple un rol esencial para la trama.
La insoportable sensación de un otro que mata, una ruta desolada, peligro latente, miedo, una joven espera, un padre espera, búsqueda desesperante.
El mundo paralizado por una pandemia, vinculado solamente por la tecnología, pero todo sigue en acción.

Realización audiovisual: Daniel Fernández Harper.
Música original: Juan Cruz Fernández Dileo.
Diseño Gráfico: Marita Escobar.
Idea, guion y dirección artística María José Sharry.

Sofía Susán: Macarena.
Laura Fontana: Julia Campos.
Javier Ferretti: Pablo.

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