LA UTOPÍA URGENTE DE LOS PEQUEÑOS REVOLUCIONARIOS

LAS HORMIGUITAS QUE YO LES CANTO SON TAN CHIQUITAS QUE NI SE VEN,
PERO LOS SUEÑOS QUE VAN CARGANDO TIENEN LA ALTURA QUE TIENE EL BIEN.
EL BIEN DE TODA NATURALEZA QUE EN ESTA TIERRA PIDE LUGAR.
(Daniel Viglietti)

Más del noventa por ciento de los científicos del mundo están de acuerdo que el cambio climático es real y es causado por la actividad humana. Sin embargo los poderosos causantes de ésta situación generan confusión, controversia, apatía, negación e inacción de la sociedad para evitar cambios en el sistema económico y sostener sus destructivos intereses.

Para abrir los ojos a ésta realidad, movimientos ambientalistas y colectivos ecologistas con sus diferencias de formación y sus matices de información, intentan sembrar conciencia sobre la gravedad de las amenazas que se ciernen sobre el planeta sino se detiene el brutal desequilibrio de los ecosistemas producido por el modelo agroindustrial de producción, la quema de combustibles fósiles, el uso irracional de la energía, la mega extracción de minerales y las actuales formas de consumo.

La población humana aumenta logarítmicamente y con ella su necesidad de alimentarse, aunque el acceso a esos alimentos es absolutamente injusto y desigual. La extensión agrícola en escala transformó los ecosistemas naturales y hoy millones de hectáreas de bosques, forestación, pastizales, estepas y humedales se convirtieron en tierras de cultivo y produjeron un enorme cambio radical de la forma en que vivimos y el balance de carbono en la tierra. Se quebró el equilibrio con un evidente aumento de CO2 en nuestra atmósfera.

El exceso de CO2 y otros gases y emisiones es responsable del efecto invernadero, que elevó la temperatura de la tierra y favoreció al cambio climático. Los impactos ambientales se tradujeron en derretimiento de glaciares y capas de hielo que aumentan el nivel del mar, desertificación de grandes áreas, aumento de humedad en otras, mayores frecuencias y severidad de tormentas e inundaciones, con las consecuentes migraciones, incremento de enfermedades, olas de calor, y estrés hídricos y sequías en otras regiones.

Advertidos por la ciencia sobre éstos y otros peores efectos, los gobiernos firmaron en 2015 el Acuerdo de París, un tratado internacional para abordar las crisis climática que los comprometía a reducir la temperatura global por debajo de los dos grados. No se ha hecho lo suficiente, el planeta se calienta, millones de personas, plantas, insectos, y animales silvestres perderían varias extensiones de sus hábitat. Para 2030 es imperativo reducir a la mitad las emisiones globales. Por eso ésta es la década decisiva, la década de la restauración de ecosistemas, con un modelo de desarrollo sostenible produciendo alimentos pero no dañando biodiversidad.

Y puede ser clave para la humanidad la próxima conferencia de la ONU sobre cambio climático que se hará en noviembre en el Reino Unido. A todos los peligros se le suma el proyecto de geoingeniería solar (no es ciencia ficción), promovido por la Universidad de Harvard, financiado por billonarios de la tecnología, que se trata de experimentar alrededor del círculo polar ártico, en una región poblada por pueblos indígenas Sami en Suecia, sin su consentimiento, ni certezas científicas de los daños que causaría.

La Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos, recomienda al gobierno asignar de 100 a 200 millones de dólares para avanzar en la investigación y experimentar con una tecnología a gran escala tapando parte de los rayos del sol con nubes artificiales, que podría causar beneficios en algunas zonas, pero poniendo en riesgo fuentes de agua y alimentación en otras, alterando los trópicos, y por ende el clima. Se pretende “vender” esta manipulación de la cantidad de luz solar (por ahora fantasía) como la manera de enfriar el planeta y así lo van a propagandizar.

GRETA PLANTÓ UNA SEMILLA Y YA HAY COSECHA

Es posible que la desesperanza de un mundo enfermo, con graves problemas en sus sistemas de salud, degradado ambientalmente de manera imperdonable, con pérdida de derechos y bienestar, nos quite optimismo porque en la relación de fuerzas, las estructuras del poder económico violento constituído desatarán una guerra simbólica cultural para no remover las matrices del sistema, y se usaran herramientas contra toda resistencia a la continuidad de este perverso modelo de NO VIDA.

Pero todavía se escuchan los ecos de aquel desafiante discurso de la adolecente sueca Greta Thunberg ante los líderes mundiales en la cumbre del clima de la ONU en 2018 cuando los acusó de omisión y traición frente al cambio climático. “Nos están fallando. Pero los jóvenes están empezando a entender su traición. La gente está sufriendo. La gente se está muriendo. Ecosistemas enteros están colapsando. Estamos en el comienzo de una extinción masiva y de lo único que pueden hablar es de dinero”. A partir de ese momento, con 16 años, la autora de la primera huelga estudiantil por la justicia climática, se convirtió en una activista referente a nivel internacional y provocó que el 15 de marzo de 2019 más de un millón cuatrocientos mil jóvenes se manifestaran por la causa ambiental en 125 países y 2083 ciudades, una movilización universal por la justicia social y la ecología sin precedentes en la historia reciente.

Kenia Nairobi
Uruguay marcha
Nueva Delhy, India
Seúl marcha
Berlín, Alemania, el viernes 15 de marzo de 2019

TRABAJO DE HORMIGA PARA LA JUSTICIA CLIMATICA

Cada vez más personas, ecociudadanía, ecocomunidades, pueblos originarios indígenas, recurren a los tribunales para interpelar y demandar a gobiernos y empresas a respetar y modificar posiciones respecto del cambio climático. Según un informe del Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente el número de litigios por esta causa aumentó en los últimos cuatro años y ahora asciende a 1550 en 38 países, inlcuida Europa. Hasta julio de 2020 cerca de 1200 casos se habían presentado en Estados Unidos y 350 en el resto del mundo.

En Colombia 25 niñez demandaron al gobierno y lograron una sentencia de la Corte Suprema que obliga al estado a detener la deforestación del amazonas. Seis jóvenes aterrorizados por los incendios que arrasaron bosques en Portugal llevaron una denuncia ante el Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo, alegando contra treinta y tres países que no recortan emisiones para proteger su futuro. Esos locos bajitos tienen edades que van de los 8 a los 21 años y acusan que el cambio climático que provoca el 80 por ciento de los gases que producen el efecto invernadero es responsabilidad de esos países y las empresas multinacionales no reguladas por el estado.

La energía del coraje juvenil es capaz de estimular el sentido de lucha de generaciones adultas. La fotografía que remata éste informe es elocuente. Repasen esos rostros. Vuelvan a ver. Ensanchen la mirada. Son chiques, pibes, pequeños revolucionarios de época que salen con pancartas a poner la cara y el cuerpo por sus futuros. No superan los 17 años. Fruto de estas marchas la justicia australiana falló en contra de la Ministra de Medio Ambiente que aprobó la ampliación de una mina de carbón sin considerar el daño que puede causar a los jóvenes en el futuro. Ava Prince, una de los ocho jóvenes que presentaron la demanda, tiene 17 años. Dijo sobre el fallo: “Es la primera vez que un tribunal, en cualquier parte del mundo, ordena a un gobierno que proteja específicamente a los jóvenes de los daños catastróficos el cambio climático”.

La vital utopía está en marcha. Niñez y adolecentes muestran el camino de una revolución necesaria. Aprendamos del verde sueño de otro mundo posible. La canción es urgente.

Gustavo Pérez Ruíz

Conciencia y compromiso en letras y canciones.

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