PALABRAS, PALABRAS… | ASIMETRÍA

Sin más bagaje que el bronco sendero transitado, -con invariable sonrisa- mi abuela solía repetir: “En el mundo hay mucho, pero mal repartido”. Nunca supo ella del coronavirus, pero su afirmación bien podría aplicarse al fenomenal despropósito que por estos días nos exhibe, con meridiana contundencia, las asimetrías despiadadas de un planeta convulsionado.

La criminal represión desatada contra el pueblo colombiano o el interminable genocidio palestino, además de otras -¡tantas!- catástrofes humanitarias de signo variado que vienen de antes y se esparcen por el globo con lastimosa abundancia, cuentan ahora con el acompañamiento de una pandemia devastadora. Como una peste paralela se aprecian las repugnantes desigualdades entre los países enriquecidos y los periféricos. Una decena de naciones concentra cerca del 80 por ciento de las dosis producidas para combatir la Covid, en tanto que decenas de países no recibirán sino hasta el año que viene ni una sola vacuna para inmunizar a su población.

Detenerse a analizar el vínculo entre vacunas y geopolítica significa ubicar el paradigma más alto de las diferencias. El inhumano contraste entre potencias y marginales se patentiza con grosera evidencia en las dificultades de acceso a un recurso tan codiciado como escaso.

Mientras la Argentina pugna por una nueva remesa y se festeja como un título el arribo de cada avión con vacunas, deberíamos reparar en el alto valor de la ciencia para el desarrollo nacional, y admitir que las exportaciones de soja no deben plantearse como incompatibles con la fabricación de vacunas, de vagones o reactores nucleares.

Los poderosos las producen y acaparan buena parte de los recursos para inmunizar a sus poblaciones; mientras que en la vereda de enfrente, decenas de gobiernos negocian como pueden con farmacéuticas que no resignan su condición esencial de empresas, destinadas como tales a obtener la máxima ganancia, ya que no se trata de piadosas fundaciones que se hubieren propuesto derramar gratuitamente el fruto de sus conocimientos entre los desposeídos.


El (no) reparto de vacunas, llegado el caso, no debería sorprendernos, aunque sí asquearnos; porque en definitiva el capitalismo en su actual estadio constituye la impúdica y pavorosa confirmación de la concentración extrema de las riquezas. Ha divulgado la ONG Oxfam un informe donde califica con datos duros la creciente y lacerante desigualdad: los 22 hombres más ricos del mundo poseen más bienes que las 325 millones de mujeres que viven en África.

Otros aportes estadísticos que transitan esta misma línea de análisis son del mismo modo reveladores, y (aunque relativamente obvios para los ya iniciados) convendría reparar en ellos para no caer en el desatino de naturalizar la desigualdad como algo ya dado y fatal. Ni siquiera se trata de pregonar un utópico deseo de equidad, sino que alcanza con soñar un mundo menos disímil, donde, en todo caso, las asimetrías no se adviertan tan desproporcionadas, y criminales.

Rody Piraccini

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