LA ABSOLUTA INHUMANIDAD DEL SISTEMA ECONÓMICO IMPERANTE

Si el hombre es un gesto el agua es la historia. 
Si el hombre es un sueño el agua es el rumbo. 
Si el hombre es recuerdo el agua es memoria. 
Si el hombre está vivo el agua es la vida. 
Cuídala como cuida ella de ti. 
                                   (Joan Manuel Serrat) 

La existencia del planeta, la casa común donde vivimos, y la existencia buena y digna de sus habitantes, nosotros los humanos, depende del bien único que nos da la vida: el agua.

La calidad, seguridad, salubridad y cantidad depende de quién y cómo gestiona su propiedad y distribución, y como se respetan los derechos colectivos a su acceso, uso y consumo.

Es hora de preguntarnos profundamente cual es el presente y el futuro de la existencia humana sino valorizamos y protegemos el vital y esencial líquido, el elemento consustancial de la historia de la sociedad humana.

Sin caer en discursos apocalípticos determinantes sería propicio recordar que las guerras del siglo veinte fueron por el petróleo, y las potenciales guerras anticivilazatorias se podrían librar por la el oro azul: el agua. Habrá sobradas razones filosóficas, ecobiológicas, antropológicas-humanitarias, geopolíticas y económicas que nos ponen en esa peligrosa dirección y riesgo real.

El eje ancestral del universo natural que compartimos los humanos ha sido siempre el agua. El último conflicto bélico en ese tiempo de alto impacto para esa humanidad existente data del año 2500 antes de Cristo, cuando se disputaron dos estados la cuenca de los ríos Tigris y Eúfrates. En el trayecto histórico se registran 926 conflictos violentos en distintas regiones del mundo por motivos relacionados al agua.

El cuadro de situación actual evidencia, irrefutablemente, la gravedad del problema y la necesidad de toma de conciencia colectiva sobre las causas y las consecuencias. No habrá agenda integral de futuro, sino se cambia la matriz estructural de la economía y la vida del sistema-mundo.

Evitar el inexorable rumbo al ecocidio, al biocidio, y al humanicidio requiere de saber las claves reales de una ideología-modelo económico, destructivo, antiético, contra natural y contra humano.

LA MATEMÁTICA DE UNA DESIGUALDAD DE LESA HUMANIDAD

La micro demanda de agua por la necesariedad más simple y cotidiana de los seres vivos, hasta la mega demanda del más complejo engranaje del diseño productivo-industrial, profundizarán la tensión entre valores y derechos humanos e intereses económicos-financieros depredadores de naturaleza y devastadores de clima y ambiente. Los macro demandantes están y seguirán generando la escasez de los micro demandantes. Con un problema económico-cultural no menos trascendente: los hábitos de consumo generalizados de productos adquiridos por la mayoría de las culturas que terminan legitimando los mega derroches de agua para la producción. Hacia el 2030, en solo nueve años, se calcula que fuertes disputas giraran en torno al suministro de agua.

El uso y desperdicio irracional del vital líquido se verifica cuantitativamente con números escalofriantes.

Para fabricar 5.130 litros de una bebida alcohólica de alto y masivo consumo se necesitan 18.000 millones de litros de agua. La industria minera consumió alrededor de 600 millones de metros cúbicos de agua en los últimos años.

El modelo de desarrollo económico, el incremento de la población mundial, el crecimiento de la actividad agropecuaria e industria, y la utilización de fuentes de energía generadoras de electricidad demanda volúmenes extraordinarios de agua. Sin excluir otros factores en la crisis global del agua como la actividad petrolera, los agroquímicos, la deforestación, las mega represas, patrones de uso y disponibilidad que se agotan, son irregulares y agudizan los procesos de contaminación.

En términos eco-pandémicos, un dato duro no puede dejarse pasar. Según la revista científica Science Advances “el 90 por ciento del agua que se toma a nivel global contiene microplásticos, sin que se pueda determinar aun los efectos en la salud, pero si comprobado que el problema está en las fuentes proveedoras, ya que se detectó en agua potable de red y en agua mineral comercial envasada en botellas de plástico”. En el imaginario popular el agua envasada es más segura.

La producción de alimentos requiere cada vez cantidades más elevadas de agua. Por ejemplo, para producir un kilogramo de carne se necesitan 15.500 litros de agua, un kilo de queso 5.000 litros, una hamburguesa 2.400 litros, una rebanada de pan 40 litros. Para medir el consumo de agua se utiliza un indicador llamado “huella hídrica”. En la Argentina es de 51.000 millones de metros cúbicos por año, de los cuales al menos 48.000 millones corresponden al agua utilizada en actividades agropecuarias. Esto significa que la producción agroindustrial representa el 94 por ciento de la huella hídrica nacional.

Mientras el sistema productivo evidencia esos consumos, la injusticia socio-política-ambiental es una mancha de aceite que se desparrama en amplias regiones. Según Unicef y la Organización Mundial de la Salud uno de cada tres habitantes del mundo no cuenta con acceso al agua potable, algo así como 2.200 millones de personas, 4200 millones de seres humanos no tienen servicios saneados y seguros, y 3000 millones carecen de instalaciones básicas higiénicas. A todo lo descripto se agrega que 2600 millones de personas están radicadas en territorios con estrés hídrico extremadamente alto. Contabilizados en millones estamos hablando del 40 por ciento de la población del mundo con problemas severos que afectan salud y calidad de vida. Todos los días 4000 niños y niñas mueren por no acceder al agua sana y saneamiento seguro. Ciento treinta y siete millones de seres humanos al año contraen enfermedades digestivas, endocrinas, de piel y visuales por aguas contaminadas, y oncológicas y sanguíneas por agroquímicos.

Las mujeres deben usar 220 millones de horas diarias para acceder a agua potable, y 18 millones de menores de 16 años dejan la escuela para dedicarles tres horas diarias para buscar la sustancia esencial.

Los Estados y la ONU se debaten en un dilema moral por los incontrastables resultados de un modelo inaceptable, pero en una hipocresía perversa de sostenimiento de matriz económica inviable antroposófica. Si no se remueven las causas, vamos a las mismas consecuencias en estadíos peores. Dominancia de países megaindustrialistas biomercantilistas que establecen mecanismos de poder financiarizando la vida con la privatización de los bienes públicos comunes. Nada de solidaridad, cooperación, paz y gobernanza internacional.

Las neoprivatizaciones del corporativismo neoliberal, se apropian del agua, privando del derecho de acceso a los seres vivos.

EL LIMITE IMPENSADO… LA POBREZA DEL AGUA

Además de decidir revolucionar un sistema plagado de injusticas varias y profundas, materiales, culturales, educativas e intelectuales, la humanidad se enfrenta al desafío de luchar activamente y militar para erradicar la pobreza del agua.

Está en juego el significado, la percepción consciente, la representación que tiene el agua en cada ser social. El valor del agua no refiere a precio, ni costo. Es un concepto más amplio de cuidado y preservación. Un lazo, una relación amorosa con la madre tierra. Una gratitud, un abrazo sensible a lo que nos permite la natura.

Recurso finito e irremplazable, es patrimonio ético insustituible de la vida. Como bien plantea Aníbal Ignacio Faccendini, Director de la Universidad del Agua de la Universidad Nacional de Rosario, Argentina, es necesario construir, desde el ambientalismo inclusivo, grandes consensos para darle al agua su personería jurídica. El agua persona no humana sujeto de derechos.

El agua debe ser un bien común público. Repartido socialmente de manera equitativa, gestionado estatalmente de una manera ambientalmente sostenible, democráticamente utilizado y aprovechado para la seguridad alimentaria.

LA PEOR E INIMAGINABLE NOVEDAD DEL CAPITALISMO SALVAJE

No es ficción. No es guion demoniaco cinematográfico. Es una realidad verdadera, tan atroz como verdadera. Increíble para los que pensamos que el agua no debe ser una mercancía.

Desde diciembre de 2020 el agua cotiza como materia prima en Wall Street, como un comodity más. Como el oro, el petróleo, la soja… loco, muy loco. Violencia pura a los más sano del pensamiento humano. Megabancos, fondos de inversión, estableciendo autoritariamente un valor geoestratégico-económico-financiero en el diabólico engranaje del patrón de acumulación por desapropiación.

Al fundamentalismo de mercado no le basto con privatizar servicios, extraer y saquear. Ahora bursatilizar y concentrar en pocas manos los beneficios de un bien-recurso escaso natural regulado por leyes del mercado y convertido en activo financiero.

Valor no es lo mismo que precio. Como todo bono financiero crecerá y las ganancias de los tenedores de esos títulos, cuanto mayor sea la crisis. Y las crisis del agua serán recurrentes. Y garantizarán mayores utilidades y ganancias. Sin crisis esos bonos carecen de valor. Las crisis del petróleo aumentaron su valor. Las crisis del agua aumentarán su valor. Oferta y demanda la llevará a niveles de fluctuación con inexpugnables consecuencias para los usuarios y consumidores.

El agua como mercancía es exactamente lo opuesto al agua (Su acceso y seguridad ambiental) como derecho humano fundamental, y como bien público global.

No se puede prescindir del agua para las necesidades elementales humanas. No es una cosa, es un sujeto de derechos. Tiene derecho a preservarse en sus ciclos, en cantidad y calidad, a ser libre de contaminación, a ser madre de la reproducción de la vida en la placenta de la naturaleza.

El origen es este problema es el mismo y causante de todas las mínimas y máximas indignidades, desigualdades e injusticias: LA INHUMANIDAD DEL PODER, LA RIQUEZA Y LA DOMINACIÓN.

O SEA LA INHUMANIDAD ABSOLUTA DEL SISTEMA ECONÓMICO IMPERANTE.

“No estamos de solo estar”
“No decimos de solo decir”
“No pensamos de solo pensar”
“No sentimos de solo sentir”
“No hacemos de solo Hacer”

Gustavo Pérez Ruíz

Conciencia y compromiso en letras y canciones.

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