EL NEOLIBERALISMO TAMBIÉN NOS ESTÁ ROBANDO EL FUTBOL

En este contexto de saqueo organizado, el neoliberalismo nos está robando el futbol; el “caballo de Troya”, lo constituye, sin dudas, la televisión.

El neoliberalismo, etapa actual del capitalismo, es antidemocrático, misógino, violento y racista. Ha sabido aprovechar la enorme crisis que provocaron las grandes entidades financieras y bancarias para aplicar la denominada “doctrina del shock” y así robarnos bienes comunes como la salud pública, la educación y los servicios sociales y culturales. Todo con el propósito muy concreto de seguir abultando los privilegios y las cuantiosas fortunas de las elites dominantes.

En este contexto de saqueo organizado, el neoliberalismo también nos está robando el futbol.

No podíamos esperar nada diferente, porque si algo caracteriza al capitalismo es su notable capacidad para convertir lo que sea o lo que se le ocurra en un gran negocio.

Y el gran negocio invadió al futbol.

Y le introdujo su lógica empresarial para desvirtuarlo y convertirlo en una mercancía de muchísima rentabilidad. La globalización no es solo económica sino también cultural. Y el futbol es un hecho social y cultural; forma parte de nuestra identidad nacional y popular.

Las vías utilizadas por el capitalismo salvaje para introducirse y adueñarse del futbol han sido múltiples. Pero el elemento fundamental, el “caballo de Troya”, lo constituye, sin dudas, la televisión.

Las poderosas cadenas de televisión (multinacionales) han construido un fabuloso negocio en torno a los derechos de emisión y transmisión de todos los partidos de todas las ligas del mundo, condicionando para siempre al futbol. Los clubes pasan a depender de los dineros que dependen de la televisión. Y estas cadenas de televisión, además, poseen verdaderos ejércitos ideológicos: periodistas que se proponen moldearnos el pensamiento para que seamos funcionales a los intereses de sus patronales. Y los dueños y los CEOS de estos medios de comunicación ya no son empresarios periodísticos. Son empresarios dueños de Bancos, de entidades financieras, de empresas de construcción, de comunicación, etcétera.

Estos ejércitos periodísticos con mucha inteligencia y sutileza predican cotidianamente para desplazar los valores esenciales del juego (libertad creativa, alegría y buen gusto) para incorporar los valores que definen al neoliberalismo y que se sintetizan en un perverso apotegma: “Ganar como sea”. El placer de jugar es reemplazado por la obligación de ganar. Jorge Valdano viene advirtiendo que “antes nos enamorábamos del juego, ahora quieren que nos enamoremos de los resultados”

“Ganar como sea” es la continuidad en el futbol de esa sentencia capitalista que pregona “tanto tenes, tanto vales”. No importa la forma en que hiciste tu fortuna, porque si la hiciste ya sos un ganador. Y eso es lo único que debería importarnos.

Otro avance decisivo del neoliberalismo para la colonización del futbol lo configura la transformación de los clubes en sociedades anónimas deportivas (proyecto impulsado en Argentina por Mauricio Macri). Este modelo ya tiene vigencia en muchos países de Europa. De esta forma, los clubes dejan de tener socios para tener accionistas. Y dejan de ser ámbitos naturales de contención social, participación y aprendizaje. Porque lo único que pasa a ser importante es la rentabilidad. A la clase dominante no le interesa entender al futbol. Solo le interesa sacarle provecho

En el futbol de Estados Unidos el neoliberalismo ha llegado más lejos: allí no hay clubes, sino franquicias. Por lo tanto, las entidades deportivas en el país del Norte no solo funcionan como empresas, sino que son empresas

La colonización neoliberal abarca todos nuestros valores y costumbres. Y también abarca al futbol. Porque el futbol es un polo de atracción irresistible para el negocio

“El futbol tiene que volver a ser la fiesta de los pueblos y no el negocio de los ricos” (Ángel Cappa, entrenador de futbol y licenciado en Filosofía y Psicopedagogía)

Esta batalla cultural es muy compleja y a largo plazo, pero tenemos que darla.

Carlos Alberto Bonet

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