DEL ARTE Y LAS POLÍTICAS DE MEMORIA

“Las memorias están inevitablemente fragmentadas y siempre están en peligro de ser borradas y de perderse. Esto es especialmente cierto ahora, que el surgimiento de los nacionalismos de derecha en el mundo entero está desafiando lo que parecía ser un consenso histórico emergente acerca de los derechos humanos y del genocidio, la memoria pública y la justicia transicional…

…Es especialmente en las artes visuales del hemisferio sur donde encontramos una postura nueva y revitalizante de la confluencia constitutiva entre estética y política, que estuvo en el centro de las vanguardias europeas de entreguerras y en su vida posterior en el transatlántico norte en los sesenta y los setenta”. Andreas Huyssen.

Nuestra visión de las cosas no es estática, ni está dada de una vez y para siempre. Estas tramas de significaciones, que nos permiten definir lo bueno y lo malo, lo justo y lo injusto, lo bello y lo feo, se dan en el marco de disputas de poder. En este sentido podemos imaginar a la cultura como unos lentes que nos permiten interpretar y codificar lo que vemos y lo que vivimos.  Un conservador, por ejemplo, suele ver en un desocupado a un vago, a un “planero”, en cambio otrxs vemos a alguien que necesita ayuda y protección del Estado. Con la memoria también puede haber miradas diversas, y el arte, como parte de la cultura, tendrá la posibilidad de interpretar esas miradas.

El arte puede tejer una red de memorias que contrarrestan una tendencia que existe y que insiste en la destrucción del tiempo por parte de una amnesia colectiva, con lugares que quiere ir ocupando el negacionismo con consignas, aparentemente inocentes como: No son 30000, hubo dos demonios, etc.

De no existir esta red de memorias se abriría la puerta a las falsificaciones de la historia que permean la esfera pública en nuestro mundo globalizado. Alexandre Kluge llamó a los artistas “los guardianes de la gramática del tiempo… los guardianes de la diferencia”.  Tal vez por eso necesitamos de esos creadores hoy más que nunca, necesitamos a esos cuidadores del tiempo.

Los caminos del arte para enfrentar el trauma de las dictaduras latinoamericanas varían enormemente, manejan lenguajes y conceptos que están definidos por diferentes cronologías de transiciones políticas.

No es lo mismo si un trauma histórico se remonta a varias generaciones atrás, como en el caso del Holocausto, o si como ocurre en nuestro país, los asesinos y los torturadores están vivos, algunos juzgados y en la cárcel y otros aún entre nosotros, propiciando encuentros traumáticos en las calles.

Las prácticas estéticas también son complejas y bien diferentes, lo que está claro, que los artistas dan forma a experiencias visuales que crean una nueva relación entre la estética y la política dentro de lo que es el arte.

La dimensión temporal del arte contemporáneo y su relación con la memoria, se puede ver en dos contextos epocales: aquella de una apropiación creativa y transfigurada de elementos de los modernismos occidentales (expresionismo alemán, el arte soviético vanguardista, el minimalismo, el arte povera entre otros, y aquella más actual, de unas memorias latinoamericanas dolorosas, cubiertas de violencia y terror estatal.

Las expresiones artístico-visuales de estos últimos años, se expresan plenamente conscientes, que los efectos políticos limitados de todo arte, ya no alimentan los sueños vanguardistas del siglo XX, en los que se afirmaba que el mundo puede cambiarse a través del arte. Ese fue un sueño que ha perdido la capacidad de convicción que tuvo en los años de entreguerras. Los artistas están sumergidos en la gran paradoja de la globalización: mientras nos conectamos más en el espacio físico y virtual, también nos dividimos más, esto hace que las identidades culturales se hagan más visibles ahora, que cuando lo eran en un mundo con fronteras establecidas y distancias seguras.

Entender el arte como una forma de expresión creadora de sentidos nos permite poder trabajar con la creatividad como acción transformadora.

Así podemos encontrarnos con artistas que se expresan en muestras en espacios exclusivos de arte, en arte callejero, en intervenciones a espacios públicos. Pero con el transcurrir de los años, aparecen en nuestro territorio nacional los Sitios de Memoria, y allí también se expresa el arte.   En las paredes de los edificios de la disciplina militar, en los territorios que fueron del horror, aparecen las expresiones simbólicas en las imágenes de caras y nombres que son la memoria de vidas y militancias. En el mismo lugar donde los genocidas pretendieron desaparecerlas. De este modo el arte abre una memoria en la que los verbos corren antes que el terror, porque con vida llegaron a cada centro clandestino del que nunca pudieron volver a sus casas.

Trabajar las acciones y políticas culturales desde esta perspectiva nos servirá para abordar el arte desde su dimensión política. Y aunque con esto no se modifiquen las realidades, ni se solucionen las desigualdades existentes, estoy convencida de que son capaces de transformar los marcos ideológicos en los que esas desigualdades tienen lugar.

Lic. Silvana Gerlo.

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