UN PENSAMIENTO SOBRE LA DESINFORMACIÓN

«Fake news» como decimos los colonizados de lengua castellana, o infox o infotox: es el nombre moderno de un fenómeno social muy antiguo. La manipulación de la información ha marcado nuestra historia, pero más impulso ha cobrado en los últimos años. Tanto es así que en el lenguaje cotidiano han aparecido ciertos neologismos.

La desinformación es un conjunto de técnicas de comunicación destinadas a engañar a las personas o a influir en la opinión pública para proteger intereses (privados o no). Se intenta imponer una creencia o una actitud a una audiencia. Esta audiencia puede ser de opinión contraria, aliada, neutral; la infotox puede apuntar a las masas o círculos más pequeños. La desinformación es una maniobra de comunicación que consiste en difundir información transformada: engañosa, orientada, truncada o incluso construida desde cero mientras se afirma como cierta y se oculta la manipulación que subyace en ella. A menudo tendrá como objetivo influir en la opinión pública para orientar su acción o mantenerla en un cierto estado de ignorancia o incomprensión de la realidad o también empañar la reputación de una personalidad, desacreditar a un adversario político, debilitar un hecho científico, pretender revelar un plan secreto de dominación mundial.

Sin embargo, la humanidad nunca había navegado en medio de un océano de infotox como hoy con el Brexit en el Reino Unido hasta la elección del presidente de Brasil, Jair Bolsonaro y de varias elecciones en Europa y Estados Unidos, la pandemia de la Covid-19 o la guerra en Ucrania. Si hasta los juglares de nuestra edad media recibían dinerillos de los poderosos de la región para que cantaran cosas hermosas de ellos.

De hecho, las plataformas digitales en particular las redes sociales como Facebook o Twitter ahora juegan un papel importante en las informaciones ya sean veraces o intencionalmente engañosos. Una fantástica caja de resonancia -Internet- es una bendición para los manipuladores de opinión. Todo se debe en primer lugar a que el modelo de la plataforma se basa en compartir a toda costa, ya que sus ingresos publicitarios dependen del grado de actividad. Los algoritmos de las redes sociales, lejos de ser neutrales, no están diseñados para distinguir lo verdadero de lo falso sino para elegir, clasificar, priorizar y orientar la información que pueda captar la atención de la mayor cantidad de usuarios posible.

Para operar las agencias gubernamentales, los partidos políticos, los grupos de activistas, los tiburones comerciales y otros genios digitales inteligentes utilizan varios esquemas. Comenzando por el uso de perfiles falsos controlados desde «fábricas de trolls». Estas empresas, especializadas en comunicación agresiva, recurren a batallones de operadores para volcar comentarios engañosos en las redes sociales, como la que el PRO tiene en CABA. Estas manitos invisibles, pagadas a destajo apenas unos pesitos por mensaje producen información falsa que puede ser retransmitida por cuentas semiautomáticas capaces de interactuar con personas reales. Estos programas que tuitean con alta frecuencia, día y noche, especialmente a cuentas influyentes, amplifican la difusión de noticias falsas. Esto es igual a muchos dispositivos utilizados para organizar campañas de propaganda. ¿Has preguntado en Google para saber algo sobre un par de zapatillas, digamos?… En minutos tendrás decenas de ofertas de zapatillas.

Al inundar las redes sociales con cuentas falsas, un contratista y subcontratistas están haciendo creer a la gente en un gran movimiento ciudadano de base. Así es como los artífices de la estrategia en Internet, apoyándose en Twitter, FB, diarios, blogs, han logrado exhibir tantas veces al nazi Zelenski, dictador de Ucrania (porque derrocó al presidente constitucional) entre los temas de tendencia creando la ilusión de una reunión de la sociedad civil a sus ideas.

El concepto moderno de rumor es una construcción cuyos orígenes se remontan a los primeros años del siglo XX. El rumor se vinculó a los medios y a la idea de masa y salió así del marco estricto de la psicología forense, una utopía de principios del siglo XX.

Al difundir noticias falsas en las redes sociales, y más particularmente en Facebook, es posible elaborar un perfil psicológico de cada votante y comprender mejor sus intenciones de voto. En este caso concreto, las fake news se desmarcan de su objetivo principal, que es difundir únicamente información intencionadamente engañosa, y ofrecen un modelo más complejo basado en tres pilares: ciencias del comportamiento, análisis de grandes datos y el trabajo publicitario.

La verificación de hechos es fundamental para las estrategias contra la desinformación y ha crecido exponencialmente en los últimos años debido a la creciente difusión de noticias falsas y desinformación y a la necesidad de desacreditar los engaños virales.

De todas maneras y teniendo mucho cuidado al decirlo, los medios de comunicación informales son cada vez más importantes en la lucha contra las noticias falsas y la desinformación.

José María "Pino" Cuesta

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