CARLA FACHINAT

Cada palabra golpea como una denuncia fáctica, interpela, fustiga. Nos compele a mirarnos en el mismo espejo en el que alguien promulga su deseo, su desesperanza… «Volarme los sesos y así al menos sentir…».

La autora desmenuza el lenguaje con coraje, «…mi cerebro es el banquete de los parásitos, es el criadero de la anestesia social…». Nos introduce entre las oquedades de un mundo indolente, nos enfrenta a los verdugos de una sociedad quebrada, destituyente «…Me condenaba a prisión domiciliaria en este cuerpo…».

Leer a Fachinat es como subirse a una montaña rusa. Nos enfrenta al vacío, nos obliga a definirnos sin tibiezas, ante lo establecido.

Carmen Rolandelli

Carla Fachinat

DEJATE EN PAZ

«Dejate en paz» me dijo desde el otro lado de la puerta, mientras yo frente al espejo delgado examinaba las pruebas para declararme culpable. Investigaba, centímetro a centímetro, las huellas las grietas las marcas la textura la irregularidad. Buscaba alguna pista carnosa que me llevase al pozo ciego a la letal de las curvas al desborde de límites al desmadre de caderas. Escuchaba los alegatos en contra de figuras de revista de voces de la infancia de modelos de televisión. Me declaraba culpable en una pintura grotesca por el pecado de la gula y la pereza me condenaba a prisión domiciliaria en este cuerpo me sentenciaba a cadena perpetua por el delito de procrastinación.

«Dejate en paz» me dijo, interrumpiendo el juicio donde siempre soy acusada, verdugo y juez.

PANDEMIA

Los aprendices de cocina se sofocan en sus hornos encendidos.
Los deportistas se ahorcan en sus bicicletas fijas.
Los jefes se ahogan en pijamas de seda.
Los oficinistas se estrangulan en cómodos sillones.
Los poetas se estrujan frente a hojas en blanco.
Los contemplativos se agobian en amplios jardines.
Y yo, encerrado en la calle.

Si tuviera al menos un hogar
donde asfixiarme en paz…

FEDERICO

Me dijiste que te llamabas Fede. Pero que habías sido Paula.
Y que deseabas enamorarte fuerte. De una Julia o un Julián. Pero enamorarte en serio.
Te vi tan seguro
que yo
tan predecible
tan normativa
tan paki
no supe quién era.

POESÍA PARA MORIR EN PAZ

Sentí que algo se me metió en el oído y se arrastró para adentro.
Ya era tarde cuando me desperté
me zumbaba la cabeza y me di cuenta
de que no era uno solo
de que ya habían entrado varios
un enjambre de insectos mínimos
pululando entre los pliegues de mi cerebro
recorriendo el laberinto rosado
haciéndome cosquillas
buscando un espacio carnoso donde anidarse
y poner sus huevos.

Se pegotearon unos con otros en mi hemisferio derecho
anidaron entre mis ideas
las tomaron todas
crearon un ecosistema putrefacto
una capa pestilente que cubre la superficie del cerebro
cortando la conexión con el resto de mi ser.

Todavía puedo pensar con claridad
pero no siento
nada

No puedo asociar lo que veo lo que huelo lo que escucho
con ninguna emoción.

Los sesos supuran
huele a podrido
pero no duele
no se siente mal
no se siente
nada

Soy una mente dopada
mi cerebro es el banquete de los parásitos
es el criadero de la anestesia social.

Me pregunto
si seré la única
o ya tomaron otras mentes
me pregunto
si habrá otros
a nestesiados a políticos a margados
con el cerebro tomado hace años
y no lo saben
nunca lo supieron
porque nunca sintieron
nada

Yo lo sé
yo recuerdo bien lo que es sentir
por eso me doy cuenta
por eso sospecho
que en esta farmacia social
me metieron algo en la cabeza mientras dormía
porque desperté después de no sé cuánto tiempo
y no siento nada
ni las caricias
ni los cortes

Me gustaría
que alguien me zamarree la cabeza
para que las polillas huyan despavoridas
aunque ya pusieron cientos de huevos
entonces
volarme los sesos
y así al menos sentir
aunque sea
asco por el olor que largan
sentir
aunque sea
miedo a la muerte
sentir
aunque sea
mientras me estoy muriendo
pena
por no haber escrito
un último poema.

Carla Fachinat

Carmen Rolandelli | La Meresunda

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