VICTOR HEREDIA | EL ORFEBRE POPULAR DE LA CANCIÓN TRASCENDENTE

Parafraseando a Atahualpa el cielo está dentro de él. Cobró altura y el viento lo repartió. Es el cantautor que se volvió tiempo, para no pasar nunca.

Es el trovador de los himnos democráticos. El de las metáforas simples para ver como amanecía con coraje, la vida y la libertad de una democracia de puertas abiertas. El llamador contestatario y crítico del cancionero testimonial con contenido social, que ofrecía luz esperanzadora, en plena oscuridad autoritaria.

Con 75 años y una demostración de coherencia inoxidable, Víctor, voz símbolo del 83 y sus generacionales reminiscencias, nos deja su humilde, sencilla y profunda manera de conversar con su alma y su historia.

Memoriza pasajes de su vida con sencillez, como cantor, compositor, poeta, escritor y ciudadano activo y comprometido con la justicia y los derechos humanos.

En esta entrevista grupal de integrantes de La Banquina, repasa su vena abierta en la trágica dictadura militar, la censura, y el exilio. El privilegio de conocer a Salvador Allende, Pablo Neruda, Alberto Rex González, Atahualpa Yupanqui, Mercedes Sosa, Joan Manuel Serrat. Él ha sido amasado y elevado por esas humanidades universales y únicas.

Un arco amplio musical marco sus búsquedas. Desde su voz de ilimitado eco en las folclóricas raíces, pasando por las baladas románticas, un descomunal y pedagógico Taky Ongoy para revelar el componente indígena de nuestra identidad, la altiva belleza de la poesía de Neruda musicalizada, y el verso combativo de su protesta contra las injusticias.

Siente con orgullo que en las canchas de fútbol suenen sus melodías y nos dice que «es el escalón más alto al que puede llegar un compositor».

Víctor contestó a las preguntas de Jorge Sharry, María Elena Cobarrubia, Claudia Argento, Fabián del Core, Mónica Filippini y quien escribe. ¡Para nosotros un amoroso gracias a nuestro admirado Víctor!.

En tiempos nuevos de cierta desesperanza bien vale recordar su frase esperanzadora más poderosa de la canción “Informe de situación: … más no desespere, le quiero aclarar, que, aunque el daño es grave, bien pudiera ser, que podamos salvar, todo el trigo joven, si actuamos con fe y celeridad”.

LB: ¿Cómo influyó en tu conciencia política-social y tu creación artística el dolor personal por la desaparición de tu hermana Cristina, y haber sobrevivido a la dictadura?

VH: Todas las situaciones dramáticas movilizan. Tengo el privilegio de poder sacar afuera lo que me produjeron esas circunstancias a nivel personal y familiar. Yo era un joven progresista y militante antes de aquella tragedia. Sentí, obviamente, la necesidad de reafirmar mis expectativas sociales y contar lo que nos estaba sucediendo a todos los argentinos. Porque, aunque pareciera que solamente un sector sufrió aquella época nefasta, fue el país entero el que recibió esa herencia política y social desoladora. La dictadura fue un antes y un después para nuestras relaciones ciudadanas.

LB: ¿Cómo atravesaste esa época de silenciamiento y censura? ¿Pudiste seguir trabajando y componer para que te siguieran escuchando? ¿“Que hermosa canción” sirvió para eso?

VH: Traté de sobrellevarlo a pesar del dolor de las pérdidas y la censura despiadada que cayó sobre toda mi obra. Las amenazas de la Triple A habían recrudecido y se sumaron a la negativa de todos los medios de pasar mis temas. Amenazaban a cada teatro en el que me presentaba a actuar, lo que hizo imposible mi estadía en la Argentina. Me exilié en 1978 y a los pocos meses volví porque mi madre tenía noticias del posible paradero de mi hermana (lo cual resultó ser falso). En 1980 tuve que exiliarme por segunda vez vendiendo lo poco que quedaba de mi patrimonio. Me quedé en Europa hasta que me animé a regresar y comencé a actuar en pequeños cafés concerts hasta que el advenimiento de la democracia en 1983 me permite volver a la radio y a la televisión. Sin embargo, antes de la caída de la dictadura la compañía discográfica se animó a editar el LP Puertas abiertas (que había grabado en 1978) y donde estaba “Informe de la situación” que inmediatamente se transformó en un tema de enorme impacto.

LB: ¿Tu vida y tu lucha sigue siendo hoy una resistencia?

VH: No lo siento así. Soy un cantor popular y expreso mis sentimientos sobre la realidad que nos circunda. La gente que trabaja de sol a sol, los Organismos de Defensa de Derechos Humanos y los militantes son quienes resisten. Yo solamente cuento lo que veo y la manera en la que quisiera que el mundo transcurriera.

LB: ¿Cómo eran los debates políticos durante tu juventud cuando militaste en el Partido Comunista y porque te alejaste del partido?

VH: Aquellos tiempos fueron formadores de mi conciencia como ciudadano del mundo, los debates me enriquecieron como solamente suele enriquecer el intercambio de ideas. Me alejé porque en algún momento sentí que era más importante mi independencia política que seguir atado a equívocos análisis sobre las bondades y los errores de la dictadura, cuando en realidad se trataba de luchar para tratar de armar, sin distinciones, un frente social y político para intentar recuperar la democracia.  

LB: ¿Seguís siendo marxista? ¿Es una categoría política existente?

VH: Creo que soy un producto ideológico de aquella escuela que sentó bases para la comprensión de la relación Trabajo-Capital, pero no me veo como un hombre encorsetado en un solo dogma. Las relaciones entre los hombres y las necesidades planetarias han cambiado y creo haber crecido en la comprensión de estas nuevas épocas. Las políticas posibles, capaces de ayudar al bienestar de las diferentes clases sociales, son un bien que se debe considerar. De ese entendimiento y la sabiduría con que se manejen surgirá la equidad social. Marx propuso las bases, pero los hombres nuevos tenemos la obligación de analizar, profundizar y mejorarlas. De eso se trata la filosofía, de un continuo y nuevo planteo ante un mundo económicamente hostil y egoísta.  

LB: Fuiste silbado en el festival de Viña del Mar en un período del gobierno de Salvador Allende, pero te trajiste una foto autografiada de él. ¿Cómo fueron esas anécdotas?

VH: Aquella silbatina de corte netamente político la sufrí en 1972, en el primer Viña del Mar bajo un gobierno socialista (Salvador Allende). No fui el único, también la sufrieron Miriam Makeba, maravillosa artista africana y Peter Yarrow, cantautor norteamericano, todos por apoyar al nuevo gobierno chileno. Tuve el enorme privilegio de ser recibido por el presidente Salvador Allende quien me agradeció el aporte cultural y me firmó una foto que atesoro como una de mis mejores distinciones. Años más tarde el gobierno de Michelle Bachelet me condecoró con la Medalla Salvador Allende por mi aporte a las democracias chilenas.

LB: ¿Cómo fue y en que derivó la experiencia de musicalizar la poesía de Pablo Neruda?

VH: Fue maravilloso recibir la aprobación de Pablo y de Matilde para realizar ese trabajo. Para mí es uno de los puntales de toda mi carrera. Recuerdo con mucha emoción cuando las pude estrenar en el Teatro Ateneo de Caracas frente a la querida Matilde Urrutia, después de sufrir la censura y la persecución en Argentina. Sus lágrimas y su entrañable abrazo me confirmaron que aquellas poesías que yo había transformado en canciones eran bienvenidas.

LB: Tus letras fueron denuncias antidictadura, pero también anuncios de advenimiento democrático. Esos aportes te convirtieron en un símbolo del 83. ¿Qué dificultades notas o te preocupan seriamente de nuestra democracia hoy?

VH: Me sigue preocupando el infantilismo de ciertas izquierdas radicalizadas, porque no comprenden que, antes que la crítica a quienes proponen hoy políticas posibles, hay que anteponer la unidad. Sin esa unidad, sin la fuerza común y necesaria de ese consenso progresista, no hay posibilidad alguna de lograr cambios estructurales en nuestra relación con el poder hegemónico. Los grandes capitales mundiales parecieran haberlo entendido mucho antes y la unidad que plantean merece ese esfuerzo desde el plano progresista. Si esto se entendiera quizá podríamos enfrentar con ciertas posibilidades la dolorosa desigualdad social que proponen.

LB: ¿Son graves y peligrosas, o no hay que sobredimensionar las expresiones que agitan el negacionismo sobre desaparecidos, desde dirigentes políticos, comunicadores y sectores de la sociedad civil? ¿Hay defensas suficientes para neutralizar ese discurso y qué daño producen a la lucha por la memoria, verdad y justicia?

VH: Son muy graves y, más que dolorosas desestabilizadoras. Hay que trabajar mucho desde el discurso político y la educación para que las nuevas generaciones no se dejen seducir por esos falsos profetas del pasado. Si los medios de comunicación y las redes sociales están en manos de la derecha, tenemos la obligación de inventar nuevos caminos para alertarlos. Los ateneos, los encuentros intelectuales, los debates estudiantiles, etcétera. Todo es válido para defender la memoria, su verdad y la justicia.

LB: ¿Qué aprendiste de y con Alberto Rex González para lograr la maravillosa obra Taky Ongoy? ¿Es una historia de los vencidos?

VH: Don Alberto fue un entrañable amigo y un maestro imprescindible a la hora de escribir Taky Ongoy. Sin él hubiera escrito una obra mediocre basada en lo poco que había aprendido de la escuela eurocéntrica que propone nuestra educación. Su enorme conocimiento sobre los pueblos originarios fue esencial mientras la componía. Me hizo estudiar y puso en mis manos la verdadera historia de la conquista en nuestro territorio. Taky Ongoy es la historia de quienes luchan todavía por ser reconocidos. Sus derechos, su cultura y sus creencias todavía subyacen en cada originario de esta tierra. El día que comprendamos ese mensaje sabremos quienes somos de una vez por todas.

LB: ¿Cómo reaccionas ante quienes hoy repiten “los argentinos llegamos de los barcos?”.

VH: Me dan una profunda pena. Los estudios de equipos científicos de Antropología de la UBA y Conicet demostraron que los argentinos tenemos más del 30% de componente indígena en nuestra sangre. Es parte de la mitología que quisieron imponernos aquello de que somos blancos y europeos solamente. La sangre amerindia en CABA es del 5%, en el primer cordón del conurbano, del 11% y en el segundo cordón de más del 33%, cifra que aumenta cuando nos adentramos en las provincias. Repito, me da pena escuchar esas opiniones evidentemente discriminatorias y absolutamente falsas sobre nuestra pertenencia.

LB: Tu primera canción de niño fue “Camino del Indio” y se la cantaste como regalo de cumpleaños a tu papá. ¿Cómo fue posible tanta conexión con Yupanqui de tan pequeño y que te dejó haberlo conocido y escuchar su sabiduría?

VH: Era inevitable esa relación. Yupanqui sonaba en casa todo el día. Mi padre era fanático de sus canciones. Conocerlo fue sustancial para mi camino como artista, me dijo que iba a tener que aguantar con el cuerpo todo lo que dijera con la boca. Así fue siempre en mi vida. Nunca olvido su sentencia, es un precepto que trato de sobrellevar honrosamente. Tal y como él mismo lo hizo.

LB: En tu paso por España en el breve exilio, te vinculaste con el Nano Serrat. ¿Qué tan importante fue su ayuda y su amistad?

VH: Mi relación con el Nano es anterior. Nos conocimos aquí, en Argentina durante su primera gira. Oficié de telonero por entonces. Y nos hicimos buenos amigos. Fue un remanso solidario cuando mi exilio en España y propició la salida de dos de mis discos en el sello (Ariola) para el que él mismo grababa. A saber: «Víctor Heredia canta a Pablo Neruda» y «Paso del Rey”. Pero más allá de nuestra hermosa amistad creo que Joan Manuel fue un maestro para toda nuestra generación. Su obra es de un valor intelectual extraordinario y la canción de autor no sería lo que es si él no hubiese existido.

LB: ¿Qué extrañas de la Negra Sosa, alguien especial en tu vida artística y personal?

VH: Todo. De los amigos queridos se extraña todo, al abrazo, la risa, el llanto compartido. Todo. Fue mi madrina artística y mi hermana mayor en la vida. Muchas de mis canciones son lo que son porque ella las privilegió con su voz. Extraño su valentía, su honradez en la defensa de las libertades. Sin duda.

LB: Tu primer disco se llamó “Gritando esperanzas” en el contexto de otra época. ¿Hoy cómo sería editar un disco con la misma intención de gritar esperanzas?

VH: No la he perdido. Sigue siendo la misma. Más golpeada, con cicatrices. Pero la misma siempre.

LB: ¿El viejo Matías se convirtió en una de las canciones más populares de la historia? ¿Por qué? ¿Existió y existen esos viejos Matías?

VH: No lo sabía cuando la escribí, pero en cada pueblo de nuestro país hay un Viejo Matías. Eso le dio autenticidad. Y siempre digo que las canciones que consiguen anidar en el corazón de los pueblos son las que cuentan una verdad.

LB: En varias ocasiones mencionaste la palabra visceral para describir la característica más distintiva de una canción. ¿Cuáles de tus canciones alcanzaron esa cualidad?

VH: Diría que Todavía cantamos. Aunque hay muchas más, pero esa es la más visceral.

LB: Si tuvieras que expresar con una palabra o un breve concepto una asociación libre que venga a tu mente con las siguientes canciones: ¿qué dirías?

Tiempo de Infancia: Ternura
Razón de Vivir: Reconocimiento
Informe de Situación: Denuncia
Abrázame hermanita: Amor
Memoria: Necesidad
Nos vamos poniendo viejos: Inevitable consecuencia
Todavía cantamos: No nos han vencido.

LB: ¿Te acercaste al RAP por algún motivo en especial?

VH: Mi hijo Taiel es productor discográfico y sus artistas más reconocidos son Duki y Trueno. De su mano conocí esa música.

LB: ¿Qué sentís cuando las melodías de tus canciones se usan para canticos en una cancha de fútbol?

VH: Que estoy alcanzando el escalón más alto al que puede acceder un compositor. Ser parte del inconsciente colectivo. Ser Anónimo. Una melodía que alguien cantará en el futuro sin saber que la escribió un tipo llamado Heredia. ¡Hermoso!

LB: ¿Alguna vez hiciste o necesitaste hacer análisis o terapia?

VH: Todos necesitamos alguna vez. No soy la excepción.

LB: ¿Por qué te atrapo la carrera de letras y más adelante escribir? ¿Qué encontrás en la literatura?

VH: La literatura es el camino más rápido al conocimiento de la vida y sus circunstancias. Los hombres somos literatura desde nuestra primera palabra. No habría construcción humana sin ella. Ni sueños. Ni mañana. Ni ayer.

LB: ¿Qué necesitaste contar en tus cuatro novelas reeditadas “Alguien aquí conmigo”; “Los perros”; "Rincón del diablo” y “Mera vida”? ¿Y qué te pasó al ser finalista del Premio Planeta con ésta última?

VH: Necesité contarme a mí mismo. Cada personaje es una parte mía. Fui finalista también del EMECE. Me sentí reconocido por un mundo que suele negar a quienes venimos de otro palo del arte. Pero el elogio más importante provino de Héctor Tizón que me escribió para decirme que «Rincón del diablo» era la mejor novela que había leído en los últimos años de su vida.

LB: Mas allá de tu gran amor por una pergaminense como Marisa Bonzón, (tu compañera de vida) ¿Qué mirada tenés de Pergamino y los pergaminenses?

VH: La que me provee el permanente y amoroso recuerdo de su terruño la propia Marisa.

LB: ¿Qué hubo de bueno en tu vida, que nuevos proyectos tenés, y que te hace feliz?

VH: No sé si hay cosas buenas o malas en la vida. Creo que «la vida» es maravillosa, con sus alegrías y dolores. Todo lo que nos pasa es venerable y, a la vez, imposible de modificar. Soy feliz porque vivo. Pero debo decir que la dicha de los que amo me completa. Eso es, junto con mis hijos, el premio mayor que un hombre puede recibir.

Gustavo Pérez Ruíz

COLECCIÓN NOVELAS VICTOR HEREDIA

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“Recordar. Hacer un esfuerzo para salir de esa ciénaga, de esa ceniza gris derramada en la conciencia, de los latidos que parecen moscardones zumbando en tu cabeza. De la humedad de tu propia saliva contra el trapo que te impide respirar…”.

Recordar y ser ese Miguel torturado en un centro clandestino de detención que escapa hacia ese otro chiquito que veía llegar la crecida trepado a la mesa con su hermano; que descubre al que se enamoró y fue traicionado; que encuentra al Miguel maravillado en el centro de la ciudad, de la mano de su abuela, frente a un desfile militar; que en el instante final los reúne a todos y escapa del dolor, de la podredumbre de las muñecas atadas, y vuela. Vuelan. Volamos, Miguel.

“…El Mula y su familia son felices en cuotas; es inherente a la pobreza, pero pagan sus tristezas al contado y de una sola vez”, le dice Hidalgo a Gallo en una de las páginas de esta novela, sin saber que en esa reflexión define la vida de los Maldonado pero, también, la de miles y miles de condenados a la soledad, a la intemperie y a la desazón.

De todos ellos, sólo algunos podrán sortear ese laberinto para dejar de vislumbrar el futuro como si se tratara de una fantasía inaccesible. Es, como dice alguien que también habita estas páginas, la mera vida.

Alguna vez Gabriel García Márquez contó que había deseado escribir una novela en la que todos los asuntos del mundo sucedieran en una casa pero se dio cuenta de que aquello era imposible. Finalmente, esa historia fue Cien años de soledad y todo pasaba dentro de Macondo.

Algo de eso sucede en el pueblo santafesino en el que transcurre esta novela. A Rincón del Diablo llegan algunos y de él se van otros pero nosotros, lectores, quedamos atrapados aquí, enredados en un misterio del pasado, en un secreto, en una noche sin brisa, entre vino y lamparitas en La Tablita, escuchando a Cipriano Airala narrar un cuento de Horacio Quiroga ante un auditorio embelesado.

Los camiones terminan de descargar y la tarde se muere en el basural. Suena el chiflido y los perros -el mote con el que nombran a esa tropa de patas flacas y panzas con hambre- aguzan la vista y corren hacia donde les indican que brilla algo de metal, donde asoma un tesoro, algo para rescatar en esa montaña de desperdicios que es, a la vez, destino y posibilidad.

Conminados a sobrevivir en la oscura fosa de la marginalidad, acorazados con una apariencia terrible y agresiva, dos de ellos, el Sabio y Cholito, buscan un subterfugio. Uno de los dos lo hallará en la literatura, quizás la que lo salva y le permite entender, finalmente, que lo mezquino es dejarse vencer.

DESDE EL SITIO OFICIAL DE VÍCTOR HEREDIA

VIDEOS QUE APARECEN EN ESTA ENTREVISTA

Qué Hermosa Canción

Taki Ongoy

Porque Ha Salido El Sol

Paso Del Rey

Canción para un Niño en la Calle

El Viejo Matías

LB: Si tuvieras que expresar con una palabra o un breve concepto una asociación libre que venga a tu mente con las siguientes canciones: ¿qué dirías?

Tiempo de Infancia | TERNURA

Razón de Vivir | RECONOCIMIENTO

Informe De La Situación | DENUNCIA

Abrázame, Hermanita | AMOR

Memoria | NECESIDAD

Nos Vamos Poniendo Viejos | INEVITABLE CONCECUENCIA

Todavía Cantamos | NO NOS HAN VENCIDO

DESDE OTROS CANALES

Razon de vivir - Victor Heredia ft Joan Manuel Serrat

MultiMiguelarcangel
De Victor Heredia, con Lito Vitale al piano. Incluido en el album «50 en vuelo. Capitulo 1» del año 2017.

Mercedes Sosa & Victor Heredia -Aya Marcay Quilla

Canal: santicatalan
Cd. Taki Ongoy. Victor Heredia (1986). 07- Aya Marcay Quilla (Victor Heredia)

LA CANCION VERDADERA | VÍCTOR HEREDIA | RADIO NACIONAL

Víctor Heredia homenajea a diversos músicos de habla hispana.
FOLKLÓRICA FM 98.7 SÁBADOS DE 20 A 21 HS. / NACIONAL AM 870 DOMINGOS DE 5 A 6 HS.

Enlaces a las redes sociales de Víctor Heredia

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