FRANCIA: ELECCIÓN ENTRE LOS FACHOS Y LOS QUASI FACHOS…

Estoy escribiendo en la mañana del domingo 24 de abril, día de la segunda vuelta de las elecciones presidenciales en Francia. Compiten Marina Le Pen por la extrema derecha cercana al fascismo y Emmanuel Macron de la derecha parlamentaria que trabaja para la patronal. Es una elección importante para Europa donde los neonazis ganan terreno en las mentes, en las calles y en los parlamentos.

No me preocupa lo que voy a escribir porque aquí l@s ciudadan@s frances@s sabemos lo que pasará: poca gente irá a votar y ganará Macron. Desde hace décadas en Francia se vota «contra» alguien y no «por» alguien. Como ahora: se vota contra Le Pen y no por Macron. La situación de hoy abre la posibilidad real de un acceso al poder de un partido de extrema derecha, una situación particularmente grave. Esta situación se alimenta de la desesperación creada por las políticas neoliberales llevadas a cabo en particular durante el último quinquenio por Emmanuel Macron (actual presidente) y confirmadas en su proyecto electoral.

En comparación con 2017, el número total de votos por la extrema derecha y el porcentaje que ahora recibe ha aumentado considerablemente: 1 de cada 3 votos emitidos fue para uno de sus candidatos. Sin embargo, Marine Le Pen que calificó, como Eric Zemmour (otro facha candidato que pide ahora que se vote por ella), son candidatos de partidos particularmente peligrosos para la democracia, para la república y para las condiciones de vida de gran parte de la población de Francia. La extrema derecha es enemiga de los trabajadores, de los derechos sindicales, de la igualdad entre mujeres y hombres. En Hungría, Brasil, Polonia, la extrema derecha en el poder ataca metódicamente los derechos de los docentes, el derecho al aborto, las libertades civiles… La subida de la extrema derecha a la presidencia de la República supondría los mayores peligros para Francia en un contexto internacional inestable.

Un terremoto político ocurrió hace exactamente 20 años, el 21 de abril de 2002 donde el líder del Frente Nacional (ahora Agrupación Nacional), Jean-Marie Le Pen (padre de la actual candidata), desbarató las encuestas y escaló a la segunda vuelta de las elecciones presidenciales. Sin embargo, en el final de la primera ronda, todas las encuestas dieron a Jacques Chirac y Lionel Jospin a la cabeza, entre 18 y 19 %, muy por delante de Jean-Marie Le Pen (12,5 a 14 %). En efecto, está claro que las políticas liberales favorecen el avance de la extrema derecha. Esta última, al poner en entredicho los cimientos mismos de la democracia, constituye un peligro de naturaleza diferente y aún mayor. Esta es la razón por la que la izquierda pretende continuar y ampliar las movilizaciones para imponer ahora otras políticas económicas, sociales y ambientales.

Emmanuel Macron y las políticas neoliberales que ha llevado a cabo son responsables de esta situación: estas políticas producen resentimiento y desesperación social ya que agravan las desigualdades y dividen a la sociedad. La izquierda continúa denunciando su catastrófico historial, tanto en términos de servicios públicos, libertades y derechos sociales. El manejo autoritario del poder, el desprecio, la injusticia y la represión han marcado su mandato de cinco años. La intención manifestada tras la primera vuelta de continuar con su política de ruptura de la solidaridad cuestionando las pensiones y los servicios públicos, previendo acelerar el debilitamiento del servicio de educación pública y la situación de su personal, vinculando la obtención de la RSA por trabajo gratuito son inaceptable (RSA: «revenu de solidarité active» se les otorga a las personas sin ingresos un ingreso mínimo según la composición del hogar). De implementarse, continuarían la metódica destrucción de derechos y la solidaridad implementada a lo largo del quinquenio. Son estas políticas neoliberales las que alimentan el avance de las ideas de extrema derecha en la actualidad.

En la continuidad de sus luchas históricas contra la extrema derecha, la izquierda está llamando a infligirle una derrota política y a combatir sus ideas defendiendo las demandas de todos los que se oponen a su programa. Esto, por supuesto, implica no tener ningún voto a favor del candidato de extrema derecha. Esto también implica construir movilizaciones contra las ideas de extrema derecha y contra las políticas liberales que destruyen la justicia social.

El Primero de Mayo creo será posiblemente la siguiente etapa en la construcción de un movimiento social que exprese dos demandas: el rechazo a la extrema derecha y sus ideas, así como la demanda de medidas que conduzcan al progreso social, haciendo de la transición ecológica una parte esencial.

Por muchas razones que podríamos resumir con los términos de demonización y normalización, a Marine Le Pen ya no le gusta decir que es de extrema derecha. En la campaña electoral centró en el poder adquisitivo y el sufrimiento social, se vio arrollada por su derecha por Éric Zemmour, más abiertamente xenófobo que ella.

Pero todo, o casi, en su historia, sus ideas y su programa, la devuelve a este calificativo. La “preferencia nacional” esgrimida en su programa es otro nombre para el rechazo a los extranjeros y suscita la idea de que los problemas reales experimentados y sentidos por muchos franceses (desempleo, inseguridad, degradación de las condiciones de vida) podrían encontrar una solución apuntando personas de otros países o simplemente diferentes. En el escenario internacional, la victoria de Le Pen lanzaría a Francia a una nueva dimensión: retirada de la Unión Europea y que tendería la mano a regímenes conservadores y autoritarios incluso abiertamente xenófobos con los que nunca ha ocultado su amistad.

Siempre pensamos que l@s frances@s eran políticamente amplios, abiertos socialmente, cultos, instruidos y que razonaban antes de tomar decisiones. Tenemos infinidad de ejemplos desde los años ’50 a los ’80 con virtuosos pensadores que hicieron avanzar las artes y las ciencias mundiales…  y así «era». Ahora mas del 70% votó por los salvajes derechistas. Como en todas las sociedades occidentales las clases dominantes con sus medios de comunicación destruyeron o transformaron el pensar de los pueblos. Lo vemos en nuestro país, por ejemplo, que los que no tienen qué comer saludan que los ricos del campo entren con tractores en CABA para pedir pagar menos impuestos.

La izquierda francesa, que en su conjunto ha obtenido buenos resultados en las elecciones regionales de 2021 y las elecciones municipales de 2020, ve a los partidos que dicen formar parte de ella beneficiarse de un sólido anclaje local y ser apreciado por los votantes a la hora de gestionar las administraciones territoriales. A nivel nacional, sin embargo, la «izquierda en el poder» de François Mitterrand, o incluso la «izquierda plural» de Lionel Jospin son sólo un recuerdo lejano, lo que lleva a muchos observadores de la escena política francesa a adelantar que la izquierda parece más preocupada por las luchas de su ego que por lo que está en juego. Por ello ningún candidato de izquierda tuvo en la primera vuelta suficientes votos para llegar a la segunda… fueron divididos. Todos aliados hubieran podido poner a Jean-Luc Mélenchon, lider de la France Insoumise, en el lugar que hoy ocupa la extrema derecha en la segunda vuelta.

En fin… la tele esta noche a las 20 hs. como siempre nos dirá quién es el/la nuevo@ president@ de esta segunda vuelta edípica donde la candidata «liquidó» a su padre y el candidato «se casó» con su madre…

José María "Pino" Cuesta

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