MI JUEGO | MI FUEGO SAGRADO

Que me fascina actuar no es ninguna novedad, creo… Al menos, para aquellxs que me conocen. Tengo suerte, en algún punto, de poder desempeñarme cada vez más en esto, haciéndolo. Es que lo hago desde tan chico…. En cierta forma no concibo mi vida sin mí despliegue como teatrista –actuar, escribir, dirigir– pero fundamentalmente mi estado de «salubridad», si es que lo tengo, en algún punto, como persona, es la actuación… Es que me ha salvado del infierno, del infierno de mí mismo, en más de una ocasión, o siempre –el orden los factores, no altera el producto–… Me cuesta la vida –creo–; aunque no sea agradable, para nadie, casi, estimo, pero llevo en mí –y guarda que no es que me jacte de ello. En lo más mínimo– mi condición de trágico. De ser trágico. Soy un tipo trágico… Y bue… No se puede ser perfecto. Al menos, en mi caso, siempre lejos de cualquier tipo de perfección. Lo mío es más bien lo otro, el tono deforme, que no calza, que no entra, ¿no?

A excepción de esto que hago –actuar, escribir, dirigir– pero sobre todo actuar, repito. Me permitió conectar con el afuera, con el mundo, con lxs otrxs, y también conmigo mismo de una forma mucho más sana, más amena. Anoche, hablábamos después de la función del reestreno de VIL METAL, en la mesa de una cervecería, con diversxs amigxs y colegas, de esto que nos acaece con la actuación. En mi caso, señalaba, señalo, que sin esto me cuesta imaginarme, simplemente, poder continuar viviendo y aunque, a veces, fantaseo con que no, conque ya no lo haría más… Me gusta hacer eso, para no sentirme atado. Es que no me gustan las ataduras de ningún tipo. No las acepto. Me siento incómodo con los sayos sean de la índole que sean. Quiero sentir libertad de movimiento en mi vida, en todo lo que hago… Y a veces poder elegir también no hacer más aquello que se presupone que uno debería hacer, porque se lo identifica desde siempre con eso. Sea lo que sea. Patear el tablero. Por otra parte, cuando se define algo tan taxativamente hay algo de eso mismo, por definirlo en sí, que engloba y, al hacerlo encierra, y al encerrar cercena, mata. No me gusta eso. No me deja respirar, ser –digamos–. Porque no permite despliegue de ningún tipo.

Por eso, a veces, flasheo y me digo, imagino, que sería de mi sino actuara más, sino me dedicara más a esto. Me gusta fantasear con eso, por momentos. Me permite ser libre en mis pensamientos, y cuando pasa gozo. Opto por la libertad. Siempre. No, no me digas que es lo que tengo que hacer porque lo más probable es que te haga otra cosa; dalo por sentado. De la única forma que acepto que me indiquen por donde, o como hacer algo, es cuando estoy actuando y acepto, obviamente, las marcas, que me piden mi directxr, directora, en algún proyecto… sino ni en pedo.

Por eso, cuando fantaseo despegar de esta identidad que encierra: el tipo, Marcelo que es actor, y todo eso…. Te/me redoblo la apuesta, y me imagino no haciéndolo más. Porque yo soy mucho más que eso. Entonces, me corro, y así fue como comencé, por haberme corrido, a hacer otras cosas, y empecé a dirigir, a escribir, a editar mis libros, a cantar, y ahora me preparo –estoy un poco en esa–,  de en algún momento ponerme en el rol de director de audiovisual. Quiero dirigir cine, además, de desempeñarme como actor en ello mismo, claro… El cine me espera.  Es la nueva apuesta, espero.

Me corro, para sentirme libre. Y es allí –el amor es más fuerte–. Siempre que vuelvo a elegirlo. No quiero que me presionen, ni me digan nada de nada. Así sino me decís, me dejo llevar por la pulsión de mis pasiones, por mi propio corazón y vuelvo. Como no hacerlo. Es que es tanto el amor que hay acá, que vuelvo a elegirlo. Una y mil veces más –creo–. A la actuación. Es que floto, en algún punto, allí, y, por suerte, al concretarlo me corro de mí. De lo que es mi vida, o mejor dicho de como yo sobrellevo mi vida –mis pesares, temores, heridas, fantasmas, traumas, etc., etc.– … Sino no podría continuar viviendo. O estar sano, o medianamente, al menos.

Tuve una novia, alguna vez, que me decía que cuando yo pasaba mucho tiempo sin actuar –lo que, por fortuna, me ocurre cada vez menos– llevaba escenas, ponía escenas en la vida misma, sobre todo en nuestro vínculo… Hoy, mirándolo a la distancia, creo que tenía razón. Medio que sino actúo me muero, o enloquezco. Todos los problemas, los pesares, los quilombos desaparecen cuando salgo al ruedo –ya sea en un ensayo, función, filmación; la forma y el formato que quieras–… Me escapo de mí. Otra vez la idea de la libertad. Me redimo del peso que tanto me cuesta sobrellevar en esto que significa para mí vivir. No me es fácil; te dije soy trágico. La actuación como punto de fuga, de mí mismo, de quien soy… Y es allí cuando lo estoy haciendo, que juego, me divierto, vuelo.

Mi forma de estar en el mundo. La que elegí. La que puedo. No es poco. Todo lo contrario, te diré.

Mil cosas han pasado por mi vida –como en la de todes– lugares, casas, ciudades, gente, amores, trabajos, desconsuelos, pero algo siempre permaneció inalterable y esto es mi fuego vivo, intacto, incólume por este juego, que es la actuación. He aquí mi juego, mi fuego sagrado. Si te metes ahí y me lo queres mancillar, te como la mano, como mínimo… anda sabiendo….

Doy gracias de poder hacerlo.

Anoche volvimos con Vil Metal, como ya lo señalé; todavía está calentito el actor que soy mientras escribo esto… No se baja, no bajo tan pronto, de mi fuego eterno, sagrado, y bello. Hasta hace algunas horas estaba en el trance de ese vuelo.

Ojalá que vengas a vernos –a Vil Metal, por lo pronto, que es lo que estoy haciendo, en estos momentos– Allí te espero.

VIL METAL | MARCELO SALTAL

De Maxi Rofrano. ESTRENO TERCERA TEMPORADA. Sábados 20hs. Animal Teatro – Castro 561 – Boedo. Compra de entradas: ALTERNATIVA TEATRAL. Una calurosa noche navideña en el conurbano bonaerense. RAMA planea irse a

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Marcelo Saltal

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