11 | ESTANILASQUI 2.

El Profesor Antognoli se había quedado dormido en la entrevista con el periodista santafesino. El periodista bajó al bufet y le hizo a unos vermuses, advirtió que le faltaba el grabador, regresó a buscarlo al salón de la biblioteca justo en el momento en que el Profesor Antognoli despertaba y le hablaba al grabador.

Antognoli. —Me quedé pensando en su inquietud sobre nuestras técnicas en la actuación. Pepe tenía un método que consistía en estudiar muy bien el texto y los movimientos que realizaría en escena, lo conseguía en dos o tres ensayos…

Periodista. (Aprovechando la volada se sentó rápido para continuar la entrevista) —¿Pepe trabajaba también la vida interior del personaje?

Antognoli. —¿Usted dice las emociones?

Periodista. —Sí.

Antognoli. —No, no. Pepe la emoción la ponía solamente en la función, nunca en un ensayo, no le hacía falta. Calcule que Pepe tenía un entrenamiento de 30 años donde casi todos los días hacía la función de la tarde como payaso, a la noche lo mismo, más el protagónico de la obra de teatro, porque el teatro se hacía solamente en la función de la noche. Por las mañanas pintaba. Yo tengo dos cuadros preciosos pintados por él, pintaba paisajes. Usted tiene que entender que yo le estoy hablando de un Aristócrata del Circo. Pepe desde muy chico aprendió el arte de la carpintería y la ebanistería, debido a eso fue el primero en el Circo en tener un camarín de madera, antes los camarines eran de lonas…

Periodista. —¿Los camarines para cambiarse y maquillarse?

Antognoli. —Para vivir. Se le decía camarines, las casillas rodantes vinieron después. Le sigo contando: Pepe tenía uno construido por él, todo en madera… y plegable… ¿Se da cuenta?

Periodista. —Sí sí…

Antognoli. —Le digo más: En la pista del Circo, se coloca una lona a modo de alfombra, los acróbatas que hacen «salto en el piso» siempre revisan que no haya quedado algún cascote debajo de la lona. Bueno… Pepe lo hacía también. Un día uno de los saltarines le dice: ¡Pepe! ¿Para qué revisa el piso si usted no salta? Y Pepe le contestó: ¡Ah sí! Yo soy el clown (cara blanca), debo hacer mi entrada bien erguido con la mirada hacia arriba, con mi traje de lentejuelas, imagínate un simple tropiezo con una piedra… Se arruina el número. ¡Phaaa! ¡Un Aristócrata Señor! ¡Un Aristócrata!

Periodista. —¿Qué diferencia encuentra entre el teatro este de Circo y Clubes que hacían ustedes y el teatro de sala o del teatro teatro como dijo hoy?

Antognoli. —Te soy sincero, yo vi pocas obras en teatros… Del arroyo para allá había un grupo… Ahí tenés una diferencia, ellos eran “grupos de teatro”, nosotros “Compañía Artística”, pero te digo, la diferencia estaba en el repertorio… Yo vi una que me gustó muchísimo… No me acuerdo el nombre. El director de ese grupo me invitaba siempre, solía venir acá al bufet, nos tomábamos unos aperitivos y charlábamos mucho, el hombre era poeta, buen entendedor y constructor. Él solito hizo una sala de teatro en un club del arroyo para allá. En el grupo de él había odontólogos, escribanos, maestras, todos con vocación por el teatro.

El periodista santafesino y el Profesor Antognoli siguieron hablando un rato largo, el periodista cada tanto insistía con la «cultura dependiente y la política». Con el Profesor no se sabía bien si no entendía lo que el periodista decía o se hacía el boludo.

En una de esas el Profesor le dijo que ellos en el repertorio tenían la obra «Sacco y Vanzetti» y que después de «Juan Moreira» era la obra que más público llevaba. Siguieron charlando pero ya sin grabador.

El Profesor le pidió al periodista que le contara sobre el «teatro de hoy en día» en Santa Fé, qué repertorio tienen, cómo actúan, nombró algunos pueblos de la Provincia por donde hizo funciones, no eran muchos.

El periodista le comentó que la «Compañía Teatral Venturini Quintero» representaba Juan Moreira en las plazas, al aire libre, con buena aceptación del público y que eso era muy lindo, que era como una fiesta…

—¡Ese es el punto! —gritó el Profesor con entusiasmo —¡Ese es el punto! ¡La fiesta!… ¡Prenda nuevamente el grabador por favor!

El periodista encendió el grabador.

—¿Ya está prendido? —preguntó el Profesor.

—Sí —respondió el periodista.

—¡El teatro siempre tiene que ser una fiesta, una celebración! Ya está, apague nomás.

Si para algo sirvió todo lo que hicimos fue precisamente para eso, para producir la fiesta, y me alegra muchísimo que usted me cuente que unos paisanos suyo hoy estén en lo mismo. ¿Cómo me dijo que se llaman?

—Venturini y Quintero.

—Mándeles un abrazo de mi parte, hágame el favor.

—Serán dados.

CONTINUARÁ...

INTEGRANTES DEL CENTRO DE ESTUDIOS LA DORMIDA

Don Quintillo, conductor político y social del arroyo para acá.
El Doctor Isea, doctor de todas las disciplinas habidas y por haber y de las indisciplinas también.
Elvira, docente jubilada de autoridad indiscutida en la zona.
Calamuchita, hombre muy leído.
El Profesor Antognoli, director de teatro retirado.
Dominguez, que no se sabe muy bien si es que no terminó de irse del más acá o está volviendo del más allá.
Carlito (sin ese), se presenta singular, pero en realidad son tres hermanos en uno.
El Pity, joven escritor encargado de llevar al papel (lo mejor que se pueda) la oralidad de los integrantes del Centro de Estudios.
El Ruben, levantador de quiniela y tesorero de la Institución.
El Víbora y El Gitano, cuando les conviene son uno solo.
María, una bella e inquieta muchacha con ideas transformadoras.

Roberto Iriarte

Ilustraciones: © Luis Farías: Nació en 1976. Estudió dibujo con Luis Contrera y colabora con Roberto Iriarte en algunas publicaciones. También es profesor de historia.

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