CHILE: LOS NIETOS Y NIETAS DE SALVADOR

Maya Fernández, nieta de Salvador Allende, la Ministra de Defensa de Boric.

El último discurso de Salvador Allende, pronunciado el 11 de septiembre de 1973 mientras los aviones bombardeaban el palacio presidencial de La Moneda, resuena con fuerza en mi cabeza. Una idea aproximada que dijo el presidente que sabía que iba a morir allí: «La historia nos pertenece, son los pueblos quienes la hacen». Después de 20 años de dictadura sangrienta y 30 años de democracia atrofiada por el pinochetismo, la esperanza venció al miedo. La victoria de Gabriel Boric está cargada de símbolos: los mil días de la unidad popular, esta experiencia inédita del socialismo asesinado por los generales y la CIA, las figuras de Neruda y Jara, los torturados, los desaparecidos, los encarcelados, los exiliados… El éxito de la izquierda también consagra la irrupción en el escenario político de una nueva generación deseosa de enterrar definitivamente el legado de Pinochet.

Tras una difícil campaña contra José Antonio Kast, heredero de Augusto Pinochet, ganó el candidato de izquierda Gabriel Boric con el 55,87% de los votos. Sin embargo, sin una mayoría parlamentaria, el camino promete ser estrecho.

La «Plaza de la Dignidad» nunca ha estado a la altura de su nombre. La Place d’Italie, así rebautizada por el histórico movimiento social de 2019 donde los chilenos se reunieron para luchar por sus demandas de reformas sociales, vio una multitud que se agolpaba tanto animada por la esperanza como aliviada de ver derrotado a José Antonio Kast, el siniestro heredero del dictador chileno Augusto Pinochet, al final de la segunda vuelta de las elecciones presidenciales.

El nuevo presidente de izquierda, Gabriel Boric, ha dicho: «Si Chile fue la cuna del neoliberalismo, también será su tumba». Una lucha en forma de venganza por los hijos de Salvador Allende que habían visto liberalizaciones y privatizaciones impuestas con sangre. «Nuestra generación ha entrado en la vida pública exigiendo que nuestros derechos sean reconocidos como tales y no tratados como bienes de consumo», martilló el exlíder estudiantil y miembro del Frente Amplio, aliado del Partido Comunista, durante un primer discurso a la multitud. Una referencia a la educación, la salud, las pensiones y todos aquellos bienes comunes que quedaron al apetito del sector privado desde la dictadura. «Defenderemos un sistema público autónomo, sin ánimo de lucro y sin fondos de pensiones privados» prosiguió.

A los 35 años, Gabriel Boric se convierte así en el presidente más joven de Chile. «El pueblo unido jamás será vencido»: la consigna que surgió el domingo desde la Alameda, arteria principal que conduce al centro de la capital hace referencia a la historia de las luchas nacionales. Como presagio, el 16 de diciembre se anunció el fallecimiento a los 99 años de Lucía Hiriart de Pinochet. La viuda del Caudillo, vio surgir espontáneas manifestaciones de alegría en este mismo lugar de la Dignidad, ahora el corazón vibrante de Chile en construcción. Símbolo de los harapos que treinta años de democracia no fueron suficientes para liquidarla. «La Vieja», como la apodaron, nunca ha sido llamada a los tribunales a pesar de su papel clave en el régimen militar.

En un país extremadamente polarizado, el joven líder promete ser «el presidente de todos los chilenos». Gabriel Boric, que asumirá el cargo el 11 de marzo, no lo tendrá fácil. Después de las elecciones parlamentarias de noviembre, no se perfila una mayoría clara. El nuevo presidente tendrá que esforzarse mucho para seguir adelante con sus reformas al menos inicialmente.

Porque, si la nueva Constitución se aprueba al final de los trabajos de la Asamblea en julio de 2022, las instituciones serán de hecho nulas y habrá que convocar nuevas elecciones a raíz de ello. Es el tiempo de la izquierda para ponerse en orden de batalla. La derecha está mirando y Gabriel Boric lo sabe. «Los tiempos venideros no serán fáciles», predice. Y no solo porque, en vísperas de la segunda vuelta, las imágenes de policías saludando puño contra puño a los militantes fascistas de José Antonio Kast durante una manifestación, dicen mucho de las fuerzas que integran el «campamento» de la derecha.

El gabinete de Gabriel Boric con mayoría de mujeres, entre ellas la nieta de Salvador Allende.

El otro desafío es financiero. Con un presupuesto estatal que bajó un 22,5% en comparación con el 2021, Gabriel Boric quiere ser tranquilizador, promete mantenerse en los clavos y ser «fiscalmente responsable». «El crecimiento económico basado en las desigualdades sociales tiene los pies de barro», advierte, sin embargo, recalcando sus compromisos medioambientales. Solo la cohesión social puede conducirlos hacia un desarrollo genuino y sostenible.

Durante la campaña, el diario conservador El Mercurio estaba haciendo un escándalo por la previsión del banco estadounidense Morgan Stanley de una «recesión técnica» que golpearía a Chile en 2022, debido a «una política monetaria estricta y un entorno empresarial incierto antes de la constitucionalidad».

La amenaza es clara: la izquierda no tendrá margen financiero.

Así, Gabriel Boric exhortó a todos los sectores movilizados durante la última década a no cejar en sus esfuerzos: «Quiero decirles que nuestro compromiso no debe agotarse después de las elecciones. Hay que fortalecerlo durante nuestro gobierno», dijo a sus seguidores. Antes de contar el esbozo de la participación que pretende darle vida: «Mi compromiso es cuidar la democracia en el día a día, una democracia fundamental, donde los barrios y las organizaciones sociales tengan un papel impulsor, porque sin la gente hoy no hay democracia».

Desde la Plaza de la Dignidad hasta el Palacio de La Moneda, se está escribiendo una nueva página y se están pisando las calles nuevamente…

José María "Pino" Cuesta

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Salvador Allende. El mejor discurso de la Historia.
Universidad de Guadalajara (México)

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