A 10 AÑOS DE LA CONQUISTA DEL BOLETO ESTUDIANTIL GRATUITO EN PERGAMINO

“se va enredando, enredando
como en el muro la hiedra,
y va brotando, brotando
como el musguito en la piedra”

Violeta Parra - Volver a los 17

Cada marzo en Argentina, se repite desde algunas estradas como una tautología el hacer memoria; definido como el ejercicio de recordar. En la sociedad de la desmemoria, un necesario acto, sin dudas. Más, me atrevo a decir que puede haber, dialécticamente, una superación de esto: es el hecho de ejercer activamente la memoria, entendiéndola como la puesta en juego de acciones, gestos, prácticas, que ponen sobre la mesa la denuncia de aquello que del pasado retorna y pervive, en el presente.

A la distancia de las cosas, creo que, como jóvenes marcados por un tiempo político de efervescencias, reactivo a la frivolidad de los noventa pero nutrido de varios de sus aspectos de lucha y resistencia post-dictadura, ejercimos -dándonos cuenta o no- esta segunda forma de ‘hacer memoria’.

En Pergamino, la Coordinadora de Estudiantes Secundarios fue una organización que nucleó estudiantes libres, delegados estudiantiles y autoridades de centros de estudiantes de las distintas escuelas -públicas y privadas- de la ciudad. Tenía como propósito ser un órgano de defensa de los derechos de la juventud estudiantil, organizada en estructura de asamblea y apartada de las lógicas y limitantes de la burocracia estatal. Muchxs de los integrantes participábamos activamente en organizaciones políticas, instituciones no gubernamentales, partidos, etcétera.

Una tarde de las primeras en que comenzó a reunirse en asamblea la coordinadora, una compañera trajo como problemática el aumento del boleto de colectivo. La rabia de lxs hijxs de trabajadores que iban a costear ese aumento fue el motor. La historia y el peso de una reivindicación de esas características en nuestro país, uno de los combustibles. Así y sobre tablas aquel día, se dio por iniciada la lucha por el boleto estudiantil gratuito.

Organizados en centros de estudiantes, con la adhesión de estructuras políticas, sindicales y partidarias (vinculadas en mayor o menor medida a los procesos de lucha y emancipación); pero con el absoluto poder delegado en la soberana decisión de las estructuras estudiantiles, que de las asambleas y reuniones eran llevadas luego a La Coordinadora, se culminó una tarde de abril con una movilización masiva a las puertas de la municipalidad, donde se entregaron a representantes del Concejo Deliberante centenares de folios con miles de firmas del pueblo pergaminense apoyando el reclamo y la iniciativa, y el ingreso al recinto de los representantes de La Coordinadora, quienes allí iniciamos el tedioso ejercicio de la negociación política donde, vale recordar, aquellos concejales vinculados al Macrismo (“unión pro”, por entonces), brillaron por su ausencia luego de la primer reunión (hubo una falta de tesón en ellos, valga la ironía).

El final de obra es conocido: se aprobó, se reglamentó y se ejecutó un boleto estudiantil gratuito, que si bien originalmente fue solicitado para que fuese universal no se logró el absoluto consenso del arco político ni la decisión del gobierno municipal que así lo hiciere. Lo interesante, volviendo a los primeros párrafos, es lo que retorna en los entretelones del ejercicio activo de la memoria.

Sobre la desmemoria oficial (y sus posibles puntos de fuga)

No inocentemente he hablado sobre partidos, sindicatos, organizaciones y estructuras políticas: es aquello que se ha intentado borrar insistentemente desde las oficinas de los ‘historiadores oficiales’’. Políticas de la a-historia: borradas las fronteras donde lo justo parece simplemente cosa que se enuncia; donde lo contingente reemplaza lo determinado.

Para muestra de ello sobra un botón: no resulta complicado figurarse “La noche de los lápices” (principalmente aquello que hemos visto en la película de Héctor Olivera) como escena similar a lo narrado (salvando, claramente, el contexto de terror). De esa lucha, lo que se ha borroneado en la narración oficial es lo que aquí se intenta reconstruir: existió en esa juventud una disputa por una forma de organización social que excedía por mucho tanto la mera reivindicación de subirse a un colectivo para acceder al derecho humano de la educación, como la ‘simple’ participación en ‘una movida’. Muchxs de esxs jóvenxs tenían una sólida adhesión política, militante y partidaria, tensaban con sus compañerxs posiciones, generaban acuerdos de lucha y probablemente renegaban entre zaguanes por la diferencia en el método, más nunca por el objeto: la lucha por una sociedad justa. Fue por eso que muchos de esos jóvenes, y tantos más, siguen aún desaparecidos.

La dictadura militar (que ejecutó su plan de terror con la complicidad civil y eclesiástica) vino a instaurar un modelo social y económico que la democracia que supimos conseguir no logró desarmar (y en muchos casos, sino profundizar). Los vaivenes de ese modelo económico los conocemos (y sufrimos): dependencia, deuda, circo financiero y estructuralidad de condiciones de absoluta injusticia. Dentro de ‘lo social’ (haciendo un ejercicio por escindirlo, si fuera posible, de lo económico) aparece la atomización de los sujetos, ahora individuos (a veces, eufemísticamente, ciudadanos emprendedores). El plan macabro engendró una forma igual de siniestra: toda necesidad individual se agota en su consumo individual. Nada es colectivo. Todo es privilegio, nada es derecho. Esto, que ya germinaba en las formas capitalistas previas, se torna ley bajo la égida de esta nueva fase que conocemos como neoliberalismo.

En el seno de esta lógica están prohibidas: la lucha social, la organización política, la representación sindical, la disputa de poder (léase EL poder), la discusión partidaria. Así es que nos han convencido de la existencia de “demonios”, de que la palabra política, partido o sindicato solo por enunciarlas ya están cometiendo un mal. Discurso este que ha permeado, condicionado o, al menos, ha ‘procustizado’ hasta el mensaje que se emite incluso desde espacios que se reconocen progresistas.

Soñar travesuras. Multiplicar panes y peces

Para el 2012, llevábamos 6 años construyendo el centro de estudiantes en el colegio industrial en Pergamino. Sigo recordando en qué lugar de la casa estaba el día que llegó la convocatoria para armar una Coordinadora de Estudiantes Secundarios, un mediodía de brecha entre el ‘doble turno’ del ‘Indu’; las picantes asambleas donde disputábamos todo tipo de sentido, al calor de convicciones e ideales que se cocinaban en pasillos de escuela, plazas, patios de barrio y bases de militancias; más siempre firmes en la búsqueda de tácticas certeras para una estrategia común: defender los derechos del estudiantado.

La lucha fue colectiva. Fue política. Tuvo interfaces marcadas por el acerbo ideológico de sus protagonistas. Muchísimos mojones de esta historia están signados por la solidaridad entre militantes, por la comprensión de supeditar diferencias a un bien común.

El logro del boleto estudiantil gratuito en Pergamino fue producto del hacer político de una juventud marcada por el mismo proceso que quiso enterrar la forma y contenido que ahora esa juventud adoptaba. Fue un hacer donde lo heterogéneo y lo diverso se fundieron en una estrategia común por la justicia social.

No puedo ni quiero arrogarme bajo ningún punto de vista ser un sintetizador en este escrito de la vivencia colectiva. La experiencia de la coordinadora merece una revisión histórica y merece quedar plasmada para su aproximación, crítica y estudio, donde se pongan a andar las voces de todos sus protagonistas; puesto que además no se limitó únicamente al logro del boleto, sino que continuó enarbolando causas justas en el correr del tiempo, con camadas diferentes.

Añoro volver por un rato a esos espacios de discusión febriles, donde hijos de los años noventa a nuestros 15, 16, 17 años y (quizás, hablo por mí) sin entenderlo así, comenzamos a dar una disputa de sentido que agrieta y delimita dos campos: el del privilegio individual y el de la conquista colectiva. Desde adentro del modelo instaurado. Como el musguito en la piedra.

¡Qué vivan los estudiantes pergaminenses que luchan por el BOLETO GRATUITO!

Guido Crespi

Compartir en: