EL MUNDO HACIA SU PROPIA EXTINCIÓN

Un planeta tierra con recursos agotados, arrasado, donde respirar va a ser un bien prácticamente inaccesible.

Una crisis climática generada por la intervención humana, que altera el fluir natural de cada ciclo, con consecuencias profundamente demoledoras, en todos sus aspectos.

Existe una justificación social, sobre la naturaleza humana y su capacidad destructiva, pero ¿realmente es parte de nuestro ser natural? O se pronuncia como una construcción cultural para consentir el desastre, en pos de un poder efímero, individual, y profundamente egoísta.

Transitar la empatía con los seres vivos, con el espacio que habitamos, pensar en un presente, y un futuro inclusivo para cada individuo. Y dejar de justificar acciones brutales, como parte originaria de la humanidad, entender que todo es construcción cultural, incluso avalar como sociedad la destrucción y la muerte.

Una temática profunda, muy extensa, con diversas aristas para tratar.

Sería necesario plantear una reflexión, pensando nuestra esencia, en un mundo donde aparentemente llevamos cierto dominio, que clase de responsabilidad ética y moral debemos ejercer, o tal vez seguir, por inercia, con una mirada peyorativa de todo lo que nos rodea, dándole una evidenciada expresión netamente utilitaria, vacía. Incluso de nuestra propia humanidad.

La información, en detalle, sobre el ecocidio que estamos vivenciando, y la realidad es, sin dudar, alarmante y catastrófica.

En los últimos 30 años, solamente, a lo largo del territorio Argentino, se talaron más de 8 millones de hectáreas de bosques, generalmente en Salta, Formosa, Chaco, Santiago del Estero, Córdoba y Santa Fe, en beneficio de una minoría, de corporaciones que explotan y contaminan la tierra.

El medio ambiente se encuentra supeditado a un sistema, que claramente no busca beneficiar a cada ser, sino forjar un mayor poder adquisitivo excluyente.

Es ineludible movilizar, activar, de forma armónica, en todos los aspectos de la vida, y en todos los sectores.

Cambio climático, pérdida de biodiversidad, escasez, contaminación del agua, como una de las problemáticas más complejas, urgentes en la actualidad.

La industria cárnica, por ej., es uno de los sectores que más contribuye al cambio climático. Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), el sector cárnico emite más gases de efecto invernadero que todo el transporte mundial junto (14,5% del total de emisiones).

Ni hablar de la brutalidad en su accionar, matanza de animales, para consumo y utilización humana, miles son sacrificados mundialmente, por segundo, en las peores y más espantosas condiciones. Sin contar la explotación en río y mar con los peces. Tampoco la contaminación extrema del suelo.

Proyectar la naturaleza y los demás seres como finalidad útil para un estipulado abastecimiento, sin sentir más allá, ni evolucionar a nivel vincular, ni conectar con la biodiversidad, está generando no solo destrucción y muerte a nuestro alrededor, si no un paulatino, progresivo, e incrementado derrumbe humano.

Por eso es de suma importancia incluir en la agenda política, social, el desastre ambiental en nuestro país y en el mundo. Si queremos un futuro vital, y real para la humanidad, porque hoy transitamos directamente a nuestra propia extinción.

Pero también es necesario replantearnos un innegable rol personal. Comenzar el debate al menos, analizar, preguntarnos, buscar soluciones, sin ir a la fundamentación obvia, solamente para mantener un status quo obsoleto.

¿Qué mundo le dejamos a las próximas generaciones?
Un planeta tierra con recursos agotados, arrasado, donde respirar va a ser un bien prácticamente inaccesible.

¿Y para qué? Ambición, dinero, acuerdos económicos contrarios a la preservación humana, de la naturaleza, nuestra fauna, nuestro ambiente.
Sería una decisión trascendente por los años venideros.

Visiblemente, aún, pensar en la naturaleza, en los seres que la habitan no nos genera una mínima aprehensión, al menos la pregunta sería:

“Queremos vivir… o morir” junto a este planeta, enterrados por semejante avidez de poder, sin ningún valor… cuando ya no quede nada.

María José Sharry

Compartir en:
Share on facebook
Share on whatsapp
Share on email
Share on twitter
Share on print