JORGE GARCÍA | POEMAS

Es un placer presentar a un poeta que admiro y a un amigo con quien compartimos esta manía de apostar a la poesía.

Carmen Rolandelli

Juana

Juana es enfermera
Juana pone inyecciones
A veces le pagan
a veces.

Juana es enfermera
Juana trabaja en el hospital
todos los días en su bicicleta
con su bolsa en el canasto
Juana va al hospital.

Juana es enfermera
y a veces la llaman
cuando la sangre no para
a veces.

Juana es enfermera
y tiene miedo
en el hospital se ha muerto un anciano
se le acabó el aire sabe
y la radio lo grita.

Juana es enfermera
y tiembla en su bicicleta
con el tensiómetro en su bolsa
y el corazón en un muerto.

Juana es enfermera
La primera piedra le golpea la bici
la segunda su cabeza
y acá no te queremos
y andate con tus virus
y tu olor a desinfectante.

Juana es enfermera
y tiembla con su bicicleta rota
con su frente rota
con su paso herido
y ya no tiene miedo
solo una honda
profunda
dolorosa
tristeza.

Una muchacha

Una muchacha,
casi niña,
casi mujer,
camina por la playa.
Un pareo blanco
envuelve su cuerpo
y unas sandalias de cuero trenzado
marcan su rastro
sobre la arena húmeda.
Una muchacha
camina por la playa
una tarde de otoño.
Un cachorro curiosa la mira
tal vez espera una galleta
o un trozo de pan
o quizás solo una mirada.
Pero la muchacha
que camina por la playa
no lo mira.
El viento le alza el pareo
y una caricia le besa el cuerpo desnudo.
Y mientras una muchacha
camina por la playa
sobre el mar
asoma la luna
y baña el cuerpo ya sin ropa
de la muchacha que aun camina
por la playa.
Un arrebato de mar
le moja los pies
y una ráfaga salada
le seca el rostro
a la muchacha
casi niña,
casi mujer,
que se duerme en la playa
y una bandada de gaviotas
la escolta en su vuelo.

Semáforo

¿Le limpio Don?
Y sin esperar respuesta
Flamea la espuma contra el parabrisas.
¡Dele, Don!
Y con la escobilla arrastra
Esa mezcla de mugre, bronca y agua.

¡Una moneda, Don!
Que el semáforo se pone verde
Que no es esperanza, ni primavera,
Ni mucho menos, dólares,
Y mucho más, dolores.

Y pasan los autos
Y pasan los dones
Y pasan las horas
En ojotas gastadas.

El sol moja de sudor
La gorra del lumpen
Y entre rojo y rojo
Le da un beso a la Quilmes
Que lo espera fiel,
Ya caliente
Junto al balde, en la esquina.

¿Le limpio, Don?
Aproveche la oferta
Por una moneda, sólo una moneda
Le limpio el vidrio
Y la conciencia.

El exilio

Encerrado en una geografía que no es la suya
Extraña el áspero moscato vespertino
La luna perfila su sombra
Y dibuja su soledad sobre el estaño.
Un pucho le quema los dedos
Amarillos de nicotina y delirio.

Un cuzco aúlla en francés
Por su ración de comida, caricias y noche
Una llovizna rebota en los adoquines
Y es un reflejo de Pompeya cada charco
Y es un dolor de muerte compartido.
El cuerpo torturado de su hermano
Su cuerpo torturado, su alma viva
Y es cruel reflejo la asimetría
Su propio cuerpo, hueco, ya sin alma
Aun respira
El aire foráneo y fiscal del exilio.

© Jorge Braulio García

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