YO QUERÍA SER ALCÓN

Mientras voy escribiendo el calor pega fuerte como queriéndonos preanunciar un verano potente… Suena Lisandro Aristimuño, en mi Spotify. Es increíble lo de este pibe. Músico formidable, amén de ser un poeta precioso. Para mí está en la línea sucesoria de grandes, como lo fue en nuestro país El Flaco Spinetta.

Y pasan sus melodías –mientras escribo-, sus canciones, y el clima caluroso en esta megaciudad en la que vivo medio que se ha instalado ya, hasta con cierto ardor… Ya casi es fin de año. A fuerza de ser sincero, mientras sigo escribiendo esta columna va cerrándose noviembre –todavía falta un mes para que este año se termine. Veremos que nos trae–.

En una época, los medios gráficos -recuerdo-, diarios y revistas, hacían una suerte de repaso sobre todo lo que había acontecido en el transcurso del año que se estaba yendo… Yo, en lo personal, de más joven, hacía, más o menos, lo mismo. Un recuento. Un balance íntimo acerca de cómo me había ido, de cómo me sentía en relación con todo lo transitado, y si me había gustado, si me había hecho bien, o no. Al punto tal, que tengo un amigo que por, esta característica mía, y mi muy buena memoria –respecto de cuando sucedieron las cosas, al menos– me llama, medio en solfa, El Cronológico Saltal. Un poco en referencia, pero en chanza, claro, al cuento de Borges, Funes, el memorioso. Me hacía mucha gracia eso.

La vida me ha dado golpes –como a todxs– por todos lados, pero por suerte, mi memoria sigue intacta. De todos modos, ya no hago más ese ejercicio. Prefiero centrarme en el presente. Y no es que con esto quiera hacer una oda al olvido. No, es importante saber de dónde venimos, hace a quienes somos; con aquellxs que estuvimxs. Porque, como bien se dice, todo eso nos constituye, de una u otra forma. Claro. Pero no más que por eso. El ayer sólo para saber de dónde venimos, y agradecer –de algún modo– Yo no puedo quejarme, honestamente; estoy vivo, estoy sano, lxs que amo también; puedo hacer lo que quiero, e intentar crecer en eso. No me corresponde la queja, creo.

He escuchado decir a una amiga, más de una vez: “atrás sólo para tomar impulso”. Para ir hacia adelante. Es lindo eso. Lo tomo. Y creo que viene muy bien, sobre todo en esta época de casi fin de año; transitando, como estamxs, todes, quién más, quién menos, estos tiempos tan complejos, y bravos.

En lo personal me hice de nuevo. Y en eso estoy todavía.

Pienso en Spinetta, otra vez –mientras, me arrulla en estos precisos instantes la voz dulce, y hasta un tanto melancólica de Aristimuño–, y en una canción suya que decía, algo así: “Aunque me obliguen jamás voy a decir que ayer fue mejor. Mañana es mejor”. Hermoso. Como todo El Flaco. Su obra enorme.

De acá para adelante siempre… Nos esperan nuevas aventuras; casas que habitar, senderos por recorrer, tragos que tomar, amigues para abrazar, polvos que echarnxs, caricias para brindar… Lo mejor siempre está por venir. La vida, por suerte, me obliga a pensarlo así –sobre todo desde que soy padre -, a creer en eso– aunque mi costado más racional tienda, a veces, a perfilarse hacia exactamente todo lo contrario. Y a transformarme en un escéptico fatal, desesperanzado absoluto, respecto de casi todo: el rumbo de la humanidad, el planeta, los vínculos, etc., etc., etc. pero no. Me resisto. Y está muy bien que así lo haga. Siempre fui un rebelde, o eso creo. Me llevo mal con los dictámenes, de cualquier índole. Como me dijo, alguna vez, en una clase, Agustín Alezzo: “Pero, mi amigo, usted es un actor anárquico”. Me costó asimilar bien eso…. Jajajaja. Yo quería ser exactamente lo contrario. Meticuloso, ordenado; como pensaba eran los grandes actores. Yo quería ser Alcón. Y apenas si soy pichón, de rata… O ni eso, siquiera. De rata de ciudad, me refiero. Aunque no sea oriundo de esta megalópolis –como bien ya se sabe– que me besa, y me mata, y me ama, más de una vez… Como pasa tantas veces con el amor. Y se me viene a la cabeza el Maestro García, que dice en uno de sus temas: “Lo que te hace bien también te hace mal”. Tiene razón. Pero yo ya no. Gracias, Charly, pero paso… No quiero más. Tengo a mi hijo, flaco, hermoso, creciendo, bello y sano, y que me derrite tanto de amor; a mis viejos que siguen desbordándome con sus cuores; a mis amigues; y al teatro; la actuación; escribir. Tengo tanto yo. Objetivo: Alegría. Antes que nada, más que todo, por favor.

Objetivo: Alegría; sí, así con mayúsculas. Eso quiero yo. Es mi deseo para todes. Que lluevan risas, y besos, y tragos, y amaneceres llenos de sol, y noches eternas, vibrantes de todo lo bueno que anhelan nuestros corazones, aunque el mundo insista en romperse en mil pedazos… Quiero eso, para vos, y vos, y vos… Para todes, reafirmo.

Es genial haber llegado hasta acá. Me puedo mirar al espejo, y no está tan mal lo que veo. Nunca me traicioné, ni tampoco a lxs que quise, a lxs que quiero… Estoy, pese a todo, en paz. O rumbo a serlo. Y vivo. Vivito y coleando. No la paz de Castelli derecho… De todas maneras, puedo quedarme tranquilo: yerba mala… Como dice el refrán.

Y recuerden, siempre, mientras haya alguien con quien unx pueda reírse, y pasarla bien, en nuestras vidas, mientras andamos de aquí para allá; en la mesa del almuerzo; o a la vera del camino; o en el bar más viejo, y también más nuevo, si querés, donde parás; o en la cama lúdica esa que tenés mientras disfrutas del buen sexo está todo bien… Pese a todo… No está tan mal. Nada. Objetivo: Alegría; acuérdense. Se los dice alguien, este, que quiso ser Alcón, y ni a pichón llegó, pero de nada… Como si le importara a alguien eso, por favor…. De todos modos, felicidades, para todos, todas y todes. He dicho.

Que la vida sigue en alza. Chin chin. Brindo por eso. Nos vemos el año que viene, entonces.

Marcelo Saltal

Compartir en: