MIS LINDAS BARRENDERAS

Las veo avanzar por la avenida. Tras de una nube opaca de residuos, colillas y envolturas de cigarro.

Las veo avanzar seguras y gimnásticas sobre nubes de polvo y hojas secas… ahora que es todo invierno y en las tiendas tenemos que cambiar la indumentaria, semejante tormenta echas de escobas, de palas, de uniformes de trabajo le dan a mi ciudad su acento urbano y este color local, que las metrópolis inútiles disputan entre ufanos calendarios… tan distinto es invierno en Pergamino.

Las vemos silenciosas y resueltas cruzar la peatonal a horas siniestras desoyendo cuidados y estadísticas al amparo gentil del municipio que insiste en su misión de centinela… y desde horas tempranas se organizan en un punto neutral… Rocha y Alsina… ponele… donde aguardan que pase la carreta, el camión colectivo que fue en un tiempo volquete y aún de carga, las recoge junto a un pequeño grupo de muchachos encargados de tarros y de bolsas…

Y así inician la marcha por los puntos neurálgicos de una ciudad que duerme indiferente mientras la grasa aceita los motores que encienden la belleza de las calles.

Y ahí se van como oscuros sonajeros sobre el negro gasoil del carromato para envidia de todas las mujeres que ven desde sus cómodos asientos como cruzan de pie las bocacalles, como saltan también como animales y animalas festejando, empujando dignamente su pobreza… perdón… sus precariedades interpelando a todas las presentes… viejas damas patricias que recorren desde muy tempranito nuestras tiendas –a dios gracias– interpelando a nuestros trasnochados, pata e bolsa, bohemios, calaveras y a tanta oficinista coterránea que no saben, y poco les importa, las primeras heladas, las lloviznas… o sencillamente que ésta anónima cuadrilla a despedido a sus jefes de hogares y bastardas y en calma procesión cruzan las calles para certificar una y mil veces que son todos iguales; la hembra… el macho.

Las veo con delantales, con perramus, con conjuntos gastados, riñoneras. No responden a nadie y se acomodan con gracia a la intemperie… que comienza sus promociones diarias, sus propuestas de oferta y de demanda… siempre el crédito. Tiempo para pagar… tiempo por plata. Y está bien. Se conoce que es el método preferido que tienen los mercados para asistir el sueño posmoderno del confort.

El cepillo angular da medias vueltas. Amontona. Se cruza a la otra cuadra. Dan ganas de abrazarlas con aplomo. De invitarles un trago de cerveza. Pero están conduciendo el decorado del poder judicial donde muy pronto, como retribución a tanto esfuerzo, habrán de gestionar perimetrales…

Pero están construyendo el recoleto de otra cooperativa sobre… Ugarte que lamentablemente sus cachorros solo conocerán certificando… también, certificados de pobreza… o reconexión. Porque están construyendo el ornamento de la plaza central donde muy pronto abran de colapsar con otro acampe. Porque están mejorando cada frente de escuela o merendero… cada iglesia, jardín, tienda, escenario donde las unidades funcionales responden a un conjunto colectivo… minúscula epopeya que intentamos valorar a pesar del desagravio… de mover cada tanto los vehículos… que los pueden rayar… porque eso pasa.

Porque están evitando que se inunde –Guarda el parche–.

Porque están trabajando como burros –Guarda la mecha–.

Pero bueno… no importa… se conoce…

El cepillo angular raspando todo. La periferia. El barrio. Plazoletas. Sus pequeñas mochilas nos sugieren, como dijo el doctor… un GATORADE.

Vienen y van, se cruzan, se dispersan por geografías sinuosas que más tarde habrán de presentar el mapa ufano de una briosa ciudad agropecuaria….

¿Aman las barrenderas cuando llegan al maltrato de casa-pertenencia…Cuándo encuentran la bestia inadaptada residual… antroprofilac… al fantástico bípedo after-Netflix… echo a imagen y a pulso… a semejanza del gran orquestador del universo…Cuándo después de hachar las inmundicias de un partido siniestro vuelven lentas meditabundas sucias y resueltas al seno marginal y hallan sentado, en mangas de camisa, cuando no en calzoncillo en la cocina a el homo-zapping… aman con la insistente hipocresía con que todos nosotros toleramos entre otras vanidades… la familia…?

¿Cogen cuando regresan sus casas?

Que tienen hijos… claro… por los planes.

¿Cuándo llegan a casa se desnudan y acarician su prole revoltosa al amparo genial de transistores practicando tik tok mientras se tuestan los sueños del progreso en sus ollitas redondas pobres tristes y morenas… como un verso… una bola de Machado…?

¿Pobrecita mis niñas… pobrecitas… no saben… no lo saben… les importa?

Allí está la materia del futuro.

Mano limpia y barata que construye la pirámide esteta de la clase.

Mano de obra pujante y silenciosa.

«Que me importan los planes» le devuelvo a mi colega ingenuo y comerciante… Ellos serán las tuercas, los remaches, de este andamiaje humano y monopólico. Serán nuestros soldados, policías. La corrupción no es nada… es lo de siempre… a quien puede importarle un vuelto… un bulto… una milonga oculta entre las medias… ellos son el futuro de esta tierra que habremos de cuidar para otros hijos.

Ellos serán doctores y abogados… exprimirán las tetas del estado y de estas bregara leche diarreica para saciar sus panzas desnutridas… sus huesos mal dormidos en garitas terminales piscinas y hoteluchos… que sus preciosas madres barrenderas pagarán sin pensar para que sean algo; no está sucia bazofia que reparte sin frenos por las noches pizza en metro… No: ellos serán los hombres del mañana. Dispuestos a hacer todo lo que raye para no regresar a las pocilgas… esas húmedas lindas fraternales pocilgas que pululan la aventura de bailar por un sueño… cantar por un sueño engordar y morir frente a la tele por un sueño genial que es… nuestro sueño.

Ellos serán doctores y abogados. Regresaran con manos

Sudorosas… tarros de gasolina… neurociencia… peinaditos modernos y costos… para revalidar las escrituras e insinuar las ventajas del geriátrico…

Ellos serán los chulos proxenetas. Los narcos, los camellos, los dealers, los patrones de la coca. Los Jeques, los artistas, detractores… actores y enfermeros del cannabis listos a denunciar las privaciones inútiles que da el capitalismo. Ellos serán ministros y arquitectos con sus pequeños sueños y ambiciones: como mama y papa se dice y miente nuestra barrenderita frente al catre donde duermen de a dos de a tres sus hijos sin respetar edad ni documento.

HIJOS MIERDAS… seguros HIJOS MIERDAS… HIJOS MIERDAS empáticos HIJOS MIERDAS con autos y BlackBerry HIJOS MIERDAS volcando al unísono los bidones… prendiendo las pocilgas de la infancia y el trabajo de toda una existencia. HIJOS MIERDAS; Con fe y cuota psiquiatrita; HIJOS MIERDAS Con sus nuevas y entupidas parejas; HIJOS MIERDAS. Mejor haber parido un cuervo… un chancho… o algo… hacer factura, un locro, un asadito con las pivas. HIJOS MIERDAS orgullo Provincial de la eutanasia, del tántrico esplendor del onanismo, el esfuerzo y la vergüenza… HIJOS MIERDAS seguros HIJOS MIERDAS Bregando por los puertos, terminales, su cantinela ruin de superados HIJOS MIERDAS… felices, con las tripas calentitas HIJOS MIERDAS reticentes e incluso resilientes HIJOS MIERDAS… como tú y como yo… Dios nos ampare…

Se que hay localidades que adquirieron camiones barrenderos automáticos… con rolos al costado y otras cosas

Deshumano artefacto posmoderno. Me pregunto. Pensando en esos sitios… ciudades… que harán con la pobreza. La innegable falta de voluntad de esos señores seguramente abra de atormentarlos cuando quieran vender sus baratijas y no haya a quien forjar de verdulero…

Yo en cambio las saludo desde el puesto… apoyando el mentón sobre mi escoba… grácil restitución cooperativa… y las miro marchar con sus mochilas como tristes, pequeños dromedarios, como gráciles, sepias cocodrilos que emergen desde oscuras bocacalles… las veo marchar profundas como Buda, celosas, primitivas y ambiciosas como un Dios araucano o un psicótico… las veo marchar en recta diligencia hacia las potestades del triunfo y ni nuestras mujeres ni varones se pueden comparar… no las entienden. No saben que sostienen que resguardan sendas revoluciones… lucha… intriga… un mundo inalcanzable incomprendido por todas las esposas pelotudas que vienen a probarse lencería, perfume, baratijas ordinarias que no importa en que mano se desnuden… por que todo es corriente y ordinario…

Adiós.

Adiós mis formidables barrenderas.

Duerman toda la noche satisfechas de los tremendos tajos de cesárea que el hospital local con beneplácito abra de saturar… si no hay remedio…

Duerman y cojan. Duerman por nosotros temiendo que esta chusma se de cuenta de que están preparadas de antemano y pueden soportar Apocalipsis, La venganza de Ala, el fondo yanqui. Nada puede vencerlas ni cansarlas caminando con pánico al futuro…

Que Dios cuide sus piernas voluptuosas y el sincero desprecio hacia nosotros… hacia nuestra boutique bai Pars, psicólogos, step, yoga, after hauer tanta mierda… tanta, pero tanta bazofia, tanta mierda que no puedo dejar de abrir más tiendas de perfume que tape, que destiña, que amengüe este sabor entre los dientes… este calor de carne putrefacta que asalta las narices de la peato… la hipocresía…

Adiós mis barrenderas… buenas tardes… las vísceras, la carne de esta bestia que late moribunda entre sus llantas descansa en el hedor de otra jornada providencial de miedo y dilaciones

Adiós mis barrenderas… mis amigas… ya viene el camioncito… buenas tardes… adiós mis barrenderas… dios las cuide… adiós mis barrenderas… adiós…

Sebastián Bernal

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