DE RABIAS Y ODIOS

«Será que, a la más profunda alegría, me habrá seguido la rabia ese día»[i]

Byung-Chul Han, en su último libro «Infocracia»[ii] expone de qué manera los sistemas democráticos se ven seriamente amenazados por el avance del dominio de la información por sobre la verdad. Según el filósofo, hemos dejado atrás el régimen disciplinario del siglo pasado, para dar lugar a la explotación de la información y los datos. Somos parte de un capitalismo de la información, devenido en capitalismo de la vigilancia, que degrada a los sujetos a la condición de datos y de ganado consumidor. El dominio en este tiempo es el de las redes abiertas, las autopistas de información que utilizan los datos como eficaz herramienta de vigilancia y control. La paradoja, al decir de Byung-Chul, es que en el actual dominio de la sociedad las personas no se sienten vigiladas, sino libres. Y esa sensación de liberación es la que asegura la dominación, en un imperativo donde se vinculan dos categorías conceptuales que creíamos antagónicas: libertad y vigilancia. De hecho, todes nos hemos arropados de manera voluntaria con la «transparencia» siendo usuarios de redes y cargando en los teléfonos celulares la información de afectos, vínculos, economías contables cotidianas, geo ubicación y contraseñas. Todo está a la vista, menos la dominación. Una vez más el Poder doméstica, coloniza, sujeta, construye verdades, desde las sombras y por supuesto, desde el odio.

«La rabia todo tiene su momento. La rabia el grito se lo lleva el viento»

La bestia neoliberal se alimenta de los medios monopólicos, en complicidad manifiesta con las redes sociales que redefinen las relaciones de poder generando una especie de contrapoder ciudadano. Sumando a su derecha el pulso de los mercados y por supuesto del Partido Judicial, que mira sin ver dictaminando bajo la arbitrariedad. Cuando los odios se desatan, uno suele preguntarse en qué momento la sombra ha crecido. Por reacción a la acción el espacio público se desborda, porque la rabia brota buscando respuestas, entre los intersticios de la existencia. Los cuerpos del territorio público se desestabilizan, los rostros aparecen desarticulados como atravesados por un dolor punzante que va de los oídos a la boca y de esta a los ojos que miran sin comprender. Respirando todes, en estas latitudes bajo el humo de los impunes fuegos que devoran los humedales, cuando no intoxicados por las aguas contaminadas por los agros tóxicos. La pulsión del grito clama una vez más en una historia que de manera cíclica muestra a la líder desde el balcón y al pueblo esperanzado, ávido de ser escuchado, desde la plaza.

«Si hay días que vuelvo cansado//Sucio de tiempo Sin para amor//Es que regreso del mundo//No del bosque, no del Sol»

Como todo lo que se reprime un día intempestivamente emerge y con ella la pulsión del canto, la postura de las manos, el mirar del que espera clamando la real justicia, el llanto emocionado del que cree. Cuando el pueblo deje de ser manso, el rugido se escuchará como la llamada de la tierra. Seguirán entre nosotros los debates acerca de las democracias y sus endebles aristas, el algoritmo no dejará de ser parte de nuestra historia, el mercado como siempre nadará en la perversidad de sus asquerosas aguas, las enfermedades continuarán al acecho de los sistemas inmunológicos, pero quizás el desconcierto de paso a la manifestación de la vida sobre el odio y todos/todas/todes recuperemos la dignidad de ser respetados y la alegría de volver a creer entre días y flores.

[i] Rodríguez, Silvio. (1975) Días y Flores. En «Días y Flores». EGREM y Fonomusic. Cuba.

[ii] Byung-Chul Han (2022) «Infocracia. La digitalización y la crisis de la democracia.» (Chamarro Mielke, Joaquín Trad.) Editorial Taurus. Madrid. España.

María Cobarrubia

DÍAS Y FLORES (LA RABIA) | SILVIO RODRIGUEZ

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