CANCIÓN PARA CRISTINA

Algo recuerda el mundo que perdimos.
Se reclina y ahueca en los nudillos la cara presuntuosa,
compungida; enterrando el talón en la arenisca;
y el poste de la espalda en la rompiente.
Crispada de un dolor adamantino se vuelve a retorcer
cabeza abajo…
sentada sobre ti, sobre nosotros, sobre el lecho del mar…
efigie etrusca; tremedal invertido que desova
sobre constelaciones residuales, minerales perfectamente inútiles
restos de guerra, ciencia y huracanes
todo lo que sin duda no conoces ni te importa entender
húmeda y tibia
apunto de estallar en la vertiente de la luz, del calor, del precipicio
Que bosteza y se estira impenitente…

Con el bulbo del dedo, la otra mano, raspa el caparazón
prodigio enano
ordinario
que emerge entre las cáscaras partidas
Un genocidio zarco, indefinido
que tu mano recorre temblorosa rodeada de ancestrales tiburones
y un elegante féretro de lava.
De edificios, de fabricas desechas.
Caravanas de células filiales y árboles de manzanas de los sueños
bajo capas de arena y de cemento; 
la institución del mar;
del cachalote.
Mientras negros, tenaces gusarapos devoran la corteza de la tierra.
Incansables, frenéticos e inútiles en el prieto relieve de las fallas.
O el Dédalo coral  multi cromático… donde vienes y vas
Pequeña y sola.

Pequeña que te empujan que te arrastran
Que te dejas llevar de un lado al otro sin entender jamás.
No entender nada que nos pueda librar de ese espectáculo
prístino
inmemorial
lleno de sombras de animales y formas sorprendentes
Geografía transitoria, persistente, septentrional, política, alternada
que te anima a subir a la ventisca; a la arete del sol;
esa otra cascada
que muerde tus pezones toconal
y el cabello y el mar de la entrepierna
La sonrisa angular que se desprende entre cuajos de sal y aros de rava
Entre huellas de conchas de crustáceos y la espiral burbuja de tus piernas
Intentando llegar, pequeña y sola a la hospitalidad del desenfreno,
la componenda flácida del vicio y el amor
al carromato plástico del arte: la industria de vejarnos con estilo
a la elíptica terca de los astros
al hueco marginal de un matadero

Niña del agua sal
Feliz cautiva que te sueña la sombra y la borrasca
os reactores nucleares los conteiners
Los aceleradores de partículas que se extienden por toda la pradera
yo… en esta noche curva y despiadada al borde de un carral de mutilados
Los hombres de altamar, los traficantes, la hirsuta montonera de borregos
Los platos pegoteados en las vachas,
las mesas del café, las discusiones.
Los pasteles podridos de la tienda, las zapatillas rotas en la calle.
Los que esperan ganar de un modo u otro
Tantas proposiciones creacionistas como se puedan dar,
En una cama
Niña del agua sal irrazonable
Rumbo a las poblaciones del olvido

Yo, te miro emerger de lo que a sido
De incansables jornadas laboriosas que estallan contra el risco y se deshacen
Entre nubes de tinta y cigarrillo
De sudor
De operarios silenciosos
De abanicos de pólvora y de caras… de canciones
De rima fraudulenta y constricción moral desvergonzada
Yo te miro emerger del más profundo laberinto de excusas culminantes
Del silencioso fuego del desvelo
Del tráfico impaciente… del hartazgo
Con tus manos de sal que se diluyen y rasguñan y raspan y se estiran
Y pretenden llegar… pájaros huecos… al esplendor del fuego
Al sincretismo
A ese nido de arpones que el presente
Desborda empedernido  en las miradas de todo el continente americano
…………………………… 

Van en busca de ti
desde un tangible infierno carámbano donde rasgan sus prendas y gañotes
sobre la incontinencia de las olas…
la arenga del antiguo testamento…
la practica indulgencia de occidente…
su ilustre devoción utilitaria…
Van en busca de ti, pequeña niña.
Van a apreciar tu forma milenaria…
la evolución sangrienta en tus costados,
la adaptación del sexo y esas cosas que acá no se ven más…
en este abismo
de comandas rasgadas y ascensores…
de peatonales sucias, despobladas…
De ciudades repuestas una en otra apunto de ascender y degollarnos…
Ministerios que ostentan tras el vidrio los cuerpos destrozados por el tiempo.
Y la peste.
El discurso que cita Apocalipsis
En donde todos somos vulnerables, culpables, indefensos e insurgentes
A la ora de dictar el veredicto sobre la especie humana y sus maniobras…
Como si alguna ves pudo importarle a esa salvaje madre femicida
Tu corazón batracio…
Asiendo espuma…
Sobre el charco de esperma del presente…
Tu solo potencial frente al comercio… que no distingue genero o bandera…
Mientras el agua arrastre carne urgente
Para aceitar la rueda… el matadero
Las crónicas…
El método…
La hazaña
De haber sobrevivido a otra pandemia de insurgentes braguetas
Desbocadas…
A eso que no serás sino en la prosa
Y con suerte
La traslación del genio a la guitarra…
La soledad hermética que escarban…
Estos trabajadores sentimientos
Perdidos…
Aún así no te asustes.
Yo te llevo.
Niña del agua sal… siempre a tu lado.
Tu; las manos pequeñas
Yo; callosas
Tu; el dolor… despertar
Yo; el ostracismo.
Tu; barco
Yo; carreta, yuyo y yerra
Tu; mi niña… mi amor que no conversas ni comprendes razones en la arena
Yo; castillos de bosta, barro y pena…
La inocente experiencia de iniciarte
Como un acto de fe
En otra matanza…
Navegando en las manchas de petróleo…  infectada de aceite entre las dragas
Antes de que el embudo nos succione sin disfrutar los restos de gaviotas
coronándote, loca, entre los cascos,
las vergas que navegan sobre él círculo del espejo amarillo de la luna.

Mientras nuestros batracios se conectan,
nadan a la península, se rozan,
esquivan picotazos de pelícanos y orinan entre amargos pescadores;
las hogueras prendidas en la playa festejaran tu cuerpo de sirena
llamándote con salva y manotazos…
Con monedas de plata en los bolsillos.
Moviendo sus cinturas sobre el risco que tantas veces viste anonadada
Entre azules corales y botella
s
in saber que muy pronto «y si Dios quiere»
Festejaran tu cuerpo de sirena abriendo cada gajo… como un cofre.
Mi buena voluntad retrospectiva.
Las ganas de montarnos uno en otro
Mientras de algún, rincón, y entre guitarras
Brindamos por que siempre haya una excusa para dormir borrachos de tristeza.

Vienen a desovar sobre tus costas.
Pequeña soledad, pequeña y triste y sola y siempre sola y aburrida.
Pequeña que te violan los mercantes,
Los sucios marineros, los lanchones.
Las vergas te recorren y atormentan
Con tu profunda angustia submarina.
Vienen con la indulgencia de sus dioses,
Los signos matemáticos, las lunas, sus clepsidras sus recuas decimales,
Sus miembros vulnerados de psicosis tanteándose el botón de la bragueta
Bajo nubes de cucuy, iribúes, mudos  auras, curujas, grajos,  cuervos,
Gorriones y estorninos fracasados
Entre el violáceo abdomen de las moscas y la torpe violencia de los zánganos…
Y el hedor.
El hedor como un sable carnicero
Que arrastra la resaca del futuro y la fertilidad de su imponencia
Hacia el enorme mar, tras de las dunas, y su virginidad despeluchada
Frente a  torres de toallas y de ojotas
Y mujeres felices y ordinarias
Y niños…
Espantosamente alegres e inútiles bastiones de su carne
Un atolón de esperma y brillantina que se hamaca al compás de las palmeras
Babuinos condenados a la sangre y a la inmortalidad… que los renueva…
La gravedad y el ruido
Esas dos cosas que pueden desquiciarnos algún día
Tras de una filigrana echa de alambre
A punto de escarbarnos las entrañas.
Vienen en procesión, vienen cantando.
Torres de sal, de lágrima, de herida,
De músculo, esqueleto, dentadura.
Sombras de componentes fragmentados y unidos con ruindad  en una pieza.
Delgadas, misteriosas erupciones del suelo que se hidrata y deshidrata…
Y habita entre conjuntos de arquetipos,
Esbozos fragmentados de un futuro que ninguno inventó.
Ni el resultado del calor de los cuerpos que se pulsan y repelen.
Ni la atrofiada naturaleza  que contempla anonadada el espectáculo circense
De los hombres
Deambulando por su vientre como espectros…
Caravanas resentidas, sospechosas
Que duermen apretándose unas a otras al fin de vomitar un buenas noches,
Que estrangule el silencio del espacio,
La cruel brutalidad con que el presente conmemora el fastidio de la historia.

Y es difícil bracear, llegar al puerto,
Comprar otra cerveza y presentarse
Cuando son tantos y hablan a los gritos
Y corren cigarrillos y barajas.
Y brindan por tu amor, por los perdidos,
Por los que devoraste con malicia y hoy cuelgan con las patas para arriba
Clavados a las algas de tu sexo.

……………………………

Una enorme pelota en el crepúsculo choca contra el espacio y retrocede.

 Cristianos, musulmanes y budistas.

Agnósticos. Presbíteros, psicópatas.

Leñadores artistas y abogados.

 Maricones, pedantes, proxenetas.

Hijos de la Dalia Lama,

Inadaptados…

 Suicidas, comerciantes, prostitutas.

Una enorme pelota echa de huesos y recortes de cuero y de poliéster

 De agujas de tejer, de lapiceras,

De astrolabios, de pinzas, telescopios,

 Saches de vaselina, queso untablé,

Cartas de amor, de viaje, de escolazo,

 Libros anteojos, pipas vibradores,

Muñequillas que gritan si las tocas que te quieren, te extrañan…

 Y esas cosas que hacen a un esperpento aerodinámico

a una hembra al costado del suicidio…

apunto de perder la independencia.

 

Una enorme, asimétrica pelota que da contra el portón y retrocede.

Aún mas desmenuzada se retuerce,

se vuelve a deformar con la saliva,

la sífilis, la sangre, la gangrena que nos mantiene unidos

 y furiosos

tras de una libertad que nos espanta,

 que nos recuerda al eco de los pasos de esa imagen difusa de nosotros

 matando a una pantera con el canto rodado de las piedras de los montes.

El terror de sus ojos animales gravando para siempre el homicidio,

al pequeñito clan de hijos de puta que estudian fiscalizan y discuten

 se agrupan felicitan y amonestan,

se aprietan satisfechos… se contienen,

 mientras borran las pruebas del delito para que se termine esta locura.

 

                                   ………………………………………

 

Niña del aguasal.

Los ves tras la lontananza,

sus pequeñas cabezas de alfileres.

Tiran del barrilete anaranjado que vuelca en el oriente de las casas su pegajoso coaguló aritmético

y que has visto nadar entre las olas,

 como un escarabajo melindroso

un escualo en la punta del sextante

la cordilla de dios que escurre el cosmos en las hondas que deja tu cilueta

pedazito animal,

 gota de sangre

a un brazo de yegar al matadero

                                                         ………………………

Te esperan.

No te inquietes.

Te acompaño.

Juntos.

Ultima ves hacia la escuela.

Hay tenazas de plata que te estiran el busto y la sonrisa,

el calendario,

 la suave estupidez de la efemérides donde hallarás un sitio memorable

 entre las conmociones de la tierra

 los festejos locales,

 bacanales.

Ya te acostumbraras, te lo prometo.

Días como si mas, largos y absurdos.

No es como el ancho mar. No sobra nada.

Por eso hay que crecer, dejar la sombra

tus ridículas patas de batracio y echarse a caminar sobre la arena.

Noches de intimidad. Noches  pesadas.

Cosas que clausurar para el progreso.

Nocturnas manoseándote en el vientre sin saber si es orín o es un orgasmo.

El sabor del alcohol, los cigarrillos, la culpa, la humildad, las decadencias,

 la colectividad, la democracia,

las familias felices que te esperan desnuda en el pupitre

 dispuestas a soportar el cachetazo

con lágrimas de piel de cocodrilo.

 

          Hay lo tienes.

Disfrútalo en silencio.

Ya no tendrás conducta.

Serás libre

de la naturaleza y los volcanes

y el baile peligroso de las orcas.

 El filo y el metal… los tiburones,

del calafate duro de los barcos que en las noches de insomnio te acompañan

a verlos disfrutar sobre la arena…

 de esa extraña ciudad… que es la alegría.

Del ruido de los chelos leviatanes.

De la materia tóxica enterrada en tus profundidades submarinas

que acaso yo conozca parcialmente o acaso no sean más que esa pavada

 a la que llamas pozo, abismo, miedo, oscuridad, silencio y abandono

 ocupando una sucia palangana de aguasal y excremento de murciélagos.

Tal vez todo este mundo es necesario para que al fin comprendas

que eres nada más que la vecindad de la tristeza

que choca en las mañanas contra el muelle…

 y estas consagraciones poliorcéticas de oferta y de demanda de bombachas…

          Pequeña soledad, pequeña mía.

 Bruta y llena de manchas de petróleo.

Nos vienen a buscar los comerciantes

Es hora de partir. Ponte coqueta.

La muchacha del puerto se ha dormido con un hueco de semen en la panza

y no han sido atendido los filósofos,

 los soldados traumados por la guerra.

La peste melancólica de un pueblo que no puede dormir sin injusticias,

 sin tomarte las manos pequeñitas y enseñarte a marchar

hacia el patíbulo…

                                                                      

Sebastián Bernal

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