PAYASITOS

El que se mete con el mundo, se mete conmigo
Porque la humanidad es mi familia…

Facundo Cabral.

Señor, haz de mi un instrumento de tu paz.
Que allá donde hay odio, yo ponga el amor.
Que allá donde hay ofensa, yo ponga el perdón.
Que allá donde hay discordia, yo ponga la unión.
Que allá donde hay error, yo ponga la verdad.
Que allá donde hay duda, yo ponga la Fe.
Que allá donde hay desesperación, yo ponga la esperanza.
Que allá donde hay tinieblas, yo ponga la luz.
Que allá donde hay tristeza, yo ponga la alegría.

San Agustín.

Dedicado a Roberto Iriarte, el Tober, y a mis buenos compañeros del Centro Hernández.

Payasito, mi payasito chueco, pobre y orejudo, mi payasito rengo, eras tan pibe.
Si alguna vez nos cruzamos ¿me saludás? ¿te conoceré? ¡qué no me vas a saludar mi payasito!. Estarás grande ¿tenés cachorros? pajaritos sin plumas, payasitos como vos, como yo un poco, ponele.
Yo siempre el mismo, con mi cirquito a cuestas, así que me vas a reconocer fácil. Sí, mismas mañas también. De lejos se me adivina el despelote, la acordeona al hombro, los papeles, todas las botellitas de la suerte, las marionetas…
Y aunque me falta carpa hago lo mío, te juro, hago lo mío, lo de siempre, casi una rutina. Y el aplauso sigue, por más que los enanos me revienten los huevos con reproches ¿desde cuándo? ¿qué sabrán? ¿qué carajo les importa lo que hago con mi vida, mis recuerdos?
Enanos de mierda ¿qué soy flojo? ¿qué soy peronista? Me provocan. Pobrecitos.
Yo les respondo: ¡esperen que encuentre a mi payasito y van a ver!
Y ellos se retiran, sobrando, cuchicheando.

Soy canillita
gran personaje
con poca guita
y muy mal traje

Así empezaba tu recitado, el que saqué de la obra de teatro «Canillita» de Florencio Sánchez y que vos tardaste quince días en memorizar, ahí, en el Centro Comunitario del barrio Hernández, en esa última vez que fuimos gobierno en esta ciudad ¿Fuimos?
¡Qué se yo!
Pero en ese tiempo anduvimos con alegría dando clases en ese Centrito ¿clases? ma qué clases, fiestas hacíamos, mi payasito loco, haciendo Patria. Fe y Patria, así se llamaba otro Centro de otro barrio ¿quién le puso Fe y Patria a un merendero?

Soy embustero
muy vivaracho
auncue cuentero
no mal muchacho

Nunca pudiste decir “aunque” y todos esperábamos esa parte de tu recitado: auncue cuentero…
Atepam, Otero, Villa Alicia, El Doce, el Newbery, el Kennedy, espiral de comedores.
Y ahí entramos, medio bestias, a juntarnos y a soportar a los pedagógicos que pretenden sacarles a los chicos las gomeras del cogote, los cartones que habilitan el mango y por si fuera poco nunca faltan iglesias para amansar pichones.
Para mí, el asunto era juntarnos, darle al bombo, bombo y manguera, como siempre, y en el salón del comedor, correr las sillas, los tablones, los ventila…, no, los ventiladores eran de techo. Y en ese espacio, seco y calentito, hacer la arenga y comunicar el propósito, que nunca se sabe cómo llega o si llega, pero aporta conciencia ¿aporta conciencia?
Y entonces vos, mi payasito, que apenas si te importa, te empezas a mezclar con los más bravos, con el Moncho.
Y Norma, mi compañera del Centrito que no puede hacer nada sin que se le destroze el pecho porque calmar a las fieras no es sencillo, y vos mi payasito, que andas por las rodillas de nosotros, de repente, ante un público famélico, picado de mosquitos, nos mostrás tu jueguito de versos tartamudos memorizados con esfuerzo infernal, meciéndote de un lado para el otro, de un pie deforme al otro más o menos, navegando sin conocer el mar… como un sueño que despierta ternuras y carcajadas.

Soy canillita
gran personaje

¿Será posible que no me pueda acordar del árbol del que sacábamos las horquetas para las gomeras?

Con poca guita
y muy mal traje

Por eso Payasito es que me acuerdo del Rosendo, de la Eva, el Luici, Cuca, paseando en medias sombras de avenidas sobre carros cargados de fierro, bronce, lata… y un hermanito que se muere.
Y encima ahora no te dejan usar carros porque esto es un pueblo que cuida a los cuadrúpedos más que a los chicos.
Pero ¿viste Payasito que cuando andás en carro los pibes te saludan? ¿y los bocinazos y las puteadas de los enanos en la avenida mientras los pibes te saludan?
Y ahí se les contesta con una reverencia a los pibes y un tomate podrido entre las patas por si los enanos se ponen bravos.
Y sí, Payasito, bombo y manguera, bombo, como siempre, para que les dé bronca a los enanos.

Soy canillita
gran personaje

Nunca tuve animal, algunos perros me siguen cuando salgo en bicicleta ¿enseñarles piruetas? No se puede. Acá si algo se cuida son los perros.
Y qué querés que te diga Payasito, el cirquito está parado, o acostado, aún hoy alguno que otro se acuerda.
¿Vió ese que está ahí? Me dijo una vez el Moncho, con un hueco de pólvora en la gamba, hueco que nunca se cerró, mientras miraba un video que yo le mostré y donde él aparecía, de niño, arriba de una mesa y cantando un chamamé, ¿Vió ese que está ahí?… ese también soy yo.

Sí, el otro día me lo crucé al Moncho, negro, malo, con un tiro en la gamba, y me entero de que, a su hermano, el pobre Rosendo lo mataron y por eso también son las ganas que tengo de verte Payasito. Rosendo, el grandote, genocida de espejos de automóviles y palomas… Pobrecito.
Y los enanos me siguen mirando de costado. Con el hombrito gordo me hacen gestos… se hacen los guapos, qué pavotes.
Sabés, tengo la lona y los banquitos que me dio el Gitano para shows al aire libre, para vos Payasito, para que repitas ese recitado que hacías en el Centro Comunitario, entre bizcochos, té con leche y agua y los muchachos del barrio… mamadera… el Moncho, el Chavo, Mario, lo Jijena. Ahí sí que la marchita no alcanzaba, ni la mediocridad del directorio, ahí había que transpirar la camiseta, porque llorar cualquiera, pero el barrio no te aguanta los melodramas, ni una lágrima, inundados por la mierda, qué se van a aguantar las pantomimas del Martín Fierro, que imaginó un desierto insuperable, insuperable porque no llegó a conocer las chapas, los desbordes, los que se meten por los ranchos con la fusta en la mano, en el más negro, más pobre y más violento desierto de nuestras pampas.
Hasta que apareces vos, mi Payasito y te trabás, con esa mueca natural de atorrante y piojoso, esperando que arranque el carromato de la ilusión, entre visitadoras sociales y psicólogos experimentales y maestritas boludas y mucamas… madrecitas menores, preabortivas negociando trompas de Falopio, talleristas de la cultura, atentos y amanerados, como Lucio Mansilla entre los ranqueles, sin nada para aportar más que estadísticas, cocineras cansadas estirando la carne y la polenta para que alcance para todos los piojosos de la murga triste. Murga de bombo y manguera, compañeros de fierro reventando los parches, las banderas, ocupando el barrio, invadiendo el centro de la ciudad, sin saber que nos estamos yendo de a poquito, como vos Payasito y como tantos que se van a morir sin la gomera, que se van a perder el cirquito, que se pueden morir alguna tarde porque no saben en qué momento al vigilante se le puede escapar un empujón, un grito o un tiro.
Y los enanos pescando y desovando al mismo tiempo con el calor del sol cursando mayo, en otro despilfarro de lombrices, porque si algo se alienta acá es la pesca… responsable. ¡Pobre Rosendo!
Espero Payasito que el Rosendo descanse en paz, o como sea, que descanse o tironee talones por las noches de esta pobre ciudad de Pergamino.
¡Qué se le va a hacer!
No queda casi nada de aquellas fiestitas que nos permitíamos y este circo sigue disputando la pulseada contra unos enanitos resentidos que no respetan nada, ni las canas. Ahí se van los enanos de mierda, les molesta que los nombre, que los ponga en el sitio que se merecen. No saben que, aunque no nos guste todos somos parte de un circo, una familia, y que en el tiempo lo único que nos va a quedar son los reproches y algún remate de escena cómica… pantomimas.
Por eso es Payasito que te cuento estas pavadas, con la esperanza de que te enteres de que me acuerdo de vos, en este tiempo en que el olvido nos visita todas las tardes para cascotearnos la carpita, con las mismas gomeras que ocultamos para salvar la Patria, para cuidar el barrio o un hermanito.
Bombo manguera y bombo, Payasito, acordate lo que te digo: vamos a arrancar de nuevo, para salir de esta mufa. Sí Payasito, con el Moncho, el Rosendo, el Chavito y lo Jijena, con la Eva, con el Mario, con Facundo, Julián, Cecilia, el Nahue y el gordito. ¿Cómo mierda se llamaba el gordito?
Bombo manguera y bombo, Payasito. Y la murguita triste, el cirquito y la memoria.
Y el olvido que no joda tanto porque él sin nosotros no existe.
Mi Payasito pobre… Payasito.

Sebastián Bernal

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