COMO HACER ARTE CON EVA PERÓN

¿Cómo pintar a Eva Perón?
¿Cómo pintar a la mujer más fuerte del peronismo, cómo hacer arte con todo ese patrimonio visual? ¿Cómo transmitir emociones y preguntas; sensaciones, incomodidades; identidades, reflexiones y problemas pendientes de resolución?

RICARDO CARPANI

“Nada de lo humano me fue ajeno”, decía Carpani, por eso dentro de su obra está Evita, y es una Eva Perón que está íntimamente ligada a los conflictos sociales que atravesó el país. Y, de esa forma, el rostro de Evita dialoga y reflexiona sobre la historia argentina.

Como todos los retratos de Carpani, esta Eva salida de su mano posee una tensión muscular que refleja su esencia, pero a la vez los perfiles de ella y de todos los cuerpos logran sujetar finalmente esa gran rabia interior o pasión a punto de desbordarse. La variedad de técnicas utilizadas en el manejo del blanco y negro, ya sea en el grafito, la tinta, la línea, las texturas, la fuerza de los trazos, no constituyen únicamente la expresión visual que el artista tiene del mundo, sino un verdadero acto de fe y de afirmación de sus ideales.

Carpani es un auténtico caso de concordancia entre convicciones y obras: ganado por la causa de la lucha obrera, se convirtió en el creador de toda una iconografía laboral compuesta de carteles colmados de héroes sindicales, de murales con semidioses musculosos que reclamaban justicia social. Esa inspiración ha sido el fundamento moral y estético que emplea cada vez que dibuja a Evita.

Al contemplar a estos héroes obreros armados sólo con la ira o la humillación, el inconsciente colectivo entabla entre Eva y ellos una relación de complicidad. El resultado es una mezcla de ironía, placer y sarcasmo.

ALEJANDRO MARMO

Fue el artista que en 2006 tuvo la idea de instalar murales de Evita en el histórico edificio del Ministerio de Obras Públicas, actual sede de los Ministerios de Desarrollo Social y de Salud.

El edificio tiene una conexión especial con Evita, porque en sus inmediaciones se produjo en 1951 la movilización del pueblo, conocida como Cabildo Abierto del Justicialismo, con el objeto de pedirle a Evita que aceptara la nominación como vicepresidenta de Juan Domingo Perón en las elecciones de ese año. Se trató de la mayor manifestación política de la historia argentina, con más de dos millones de personas sobre la Avenida 9 de Julio. Tras ese acto, en partes un diálogo abierto con la multitud, Eva rechazó su candidatura lo que se conoce como el Renunciamiento.

En el año del Bicentenario, 2010, la presidenta Cristina Fernández de Kirchner oficializó al proyecto reconociendo la idea del escultor Alejandro Marmo, al incorporarlo como intervención artística en el decreto 329, que declaró a Eva Perón Mujer del Bicentenario. Se trabajará sobre el edificio desde el cual Eva Perón pronunció su famoso discurso el día del renunciamiento. Se pensó en usar la cara norte del edificio que da hacia el Obelisco y la cara sur que da hacia Constitución.

Según declararía más tarde Fernández de Kirchner, su inspiración para impulsar la construcción de los murales fue la imagen de Ernesto “Che” Guevara emplazada frente a la Plaza de la Revolución de La Habana.

El retrato emplazado en la cara sur del edificio, titulado Eva de los humildes, fue inaugurado por la Presidenta el 26 de julio de 2011, quincuagésimo noveno aniversario de la muerte de Evita, con un discurso donde exaltó la figura de la homenajeada por la obra: […] La más odiada, pero la más amada; la más agraviada, insultada y descalificada, pero la más venerada; la más vejada, pero hoy eternamente victoriosa, mirando a la historia definitivamente, con el amor de su pueblo y el reconocimiento, me atrevería a decir, sin temor a equivocarme, de todos los argentinos. Porque de algo no se puede dudar y es, precisamente, de su dimensión histórica, política, humana y cultural.

La imagen sobre la fachada norte, de título Eva, fue inaugurada un mes más tarde, el 24 de agosto.​

Diseño

Alejandro Marmo es el autor exclusivo de las obras. Las imágenes están realizadas en acero corten, cubren un área de 31 metros de alto por 24 de ancho cada una,​ con un peso combinado de 14 toneladas.

La imagen que se ubicará en el lado norte es una interpretación de la famosa foto del renunciamiento. Es un retrato que ya trabajaron grandes artistas como Ricardo Carpani y Nicolás García Uriburu, entre otros. Es el ícono más difundido de una Eva combativa. En la imagen, ella comunica su mensaje a través de la directa interacción del micrófono con su boca y que, junto a sus ojos y rodete, se constituyen en un potente eje de lectura, que hace que todo el conjunto funcione y exprese poéticamente la voz de Eva Perón resonando en el amplio espacio de la Avenida 9 de Julio, que le otorga un marco de grandes visuales y una monumental escala urbana. En cambio, en el lado sur, la imagen es una interpretación de la Eva difundida por la tapa del libro La razón de mi vida. En este caso, su mirada, su boca y la flor de la solapa nos llevan hacia una lectura epifánica de una Eva solidaria, emblema de la justicia social. Por eso, es la Eva que mira hacia el sur, como en una reivindicación de ese sector olvidado de la ciudad. En este diseño la mirada es particularmente importante.

Decreto 329/20102​

Simbología

La elección de la ubicación de ambos retratos guarda un importante simbolismo político ya expreso en el decreto que dispone su colocación.2​ En efecto, la cara que mira hacia el sur del Gran Buenos Aires, tradicional zona fabril y de barrios obreros, contiene el retrato de una Evita bondadosa y sonriente. En contraste, la imagen de la fachada norte, que da hacia las zonas más tradicionalmente aristocráticas de Buenos Aires, ilustra una Eva combativa dando su discurso al pueblo: La silueta de la Evita que mira al norte es la Eva Perón con el micrófono delante, la boca bien marcada, el pelo tenso que termina en un rodete. Pura fuerza, recrea la foto del discurso del 22 de agosto, un día en que miles de trabajadores hasta pidieron a Perón que dejara a Eva continuar con su discurso. Para muchos peronistas, la Presidenta incluida, esa imagen quedó como el símbolo de la Evita desafiante. Por eso la elección de la pared norte. Una decisión política, más que estética.

La iluminación nocturna fue provista por la empresa Phillips con tecnología LED en tonos cálidos, junto a los colores de la bandera argentina bajo el límite inferior del mural.​ En 2015 el Ministerio de Desarrollo Social renovó la iluminación de los murales por otra de carácter artístico que coloreaba los retratos de Evita e instaló asimismo una intervención sonora que permitía emitir fragmentos de sus discursos.

Tras la asunción del gobierno de Mauricio Macri, en diciembre de 2015, la iluminación de ambos murales de Eva Perón fue apagada «para ahorrar energía», aunque el sector con los colores de la bandera argentina permaneció encendido.

Otros artistas que la que pintaron, y dieron detalles sobre el modo en qué lo hicieron, podemos ver a un Daniel Santoro más proclive a lo sombrío, lo sugerido y la provocación, Marina Olmi apelando al humor y la luminosidad pop, y Sergio Tosoratti inmerso en una búsqueda -sin complejos- por «crear arenga y mística».

MARINA OLMI

Marina Olmi regresó a la Argentina en 2011, tras haber pasado «casi toda su vida» en España, Italia, EEUU y México, y en su retorno -siempre que hay un peronista hay un retorno, tópico infaltable- comenzó a pintar cuadros de Eva, de Perón y del peronismo a partir de un abordaje entre «romántico, rebelde y transgresor» que se alimentó del arte pop de los ’60.

«En mis cuadros, Evita y Perón están saludables, en paz, con miradas picarescas, amorosas, con bastantes chistes entre ellos; en todos los cuadros hay mucho humor, hay una actitud de aceptación y de certeza y de seguridad y de alegría», resumió la artista, para quien las dos figuras claves del peronismo «son habitantes del futuro» ya que lo que plantearon en vida mantiene actualidad y vigencia.

DANIEL SANTORO

Pinta desde un conocimiento profundo de la iconografía peronista y una voluntad evidente por el riesgo, Santoro dedicó su obra a las encrucijadas del movimiento peronista, desde su irrupción en 1945 y el conflicto persistente con el antiperonismo con una estética en la que aparece lo tenebroso, lo incómodo. Se inspira -según los críticos especializados- en el arte religioso, los ideogramas orientales y la publicidad.

Pero Santoro es también un ensayista que escribió sobre lo que él define como las paradojas constitutivas del peronismo, sobre todo la intención de «democratizar el goce capitalista» ampliando el acceso al mercado de consumo para las mayorías populares, un objetivo que está implícito en la consigna clásica de «la felicidad del pueblo».

«El peronismo contiene sus propias paradojas porque no promueve la eliminación de las clases sociales sino la democratización del goce. Sobre esto se ha dicho que yo dije ‘democratizar el goce’ y queda lindo cortar la frase ahí, pero no es eso. La mala noticia es que democratiza el goce capitalista. Eso tiene un peso», puntualizó el pintor en diálogo con Télam.

«El peronismo tiene en contra a los factores fundamentales del poder económico, que no le dejan completar el ciclo», advirtió luego, y de ese modo se refirió a la situación de sobre-endeudamiento y las negociaciones con el FMI con las que está lidiando el gobierno del Frente de Todos.

Santoro, quien no oculta sus simpatías por el peronismo y en los ’70 formó parte de la agrupación Guardia de Hierro, presenció varias escenas en las que peronistas que miraban sus pinturas se sentían incómodos o expresaban su malestar con lo que veían en alguno de sus cuadros.

«Una vez en Arte BA le pusieron a un cuadro mío un punzón. Uno de Evita como una esfinge egipcia interrogando a Perón. Ofendió a algunos. Como también el de Evita comiéndose las entrañas del Che Guevara; pero a mí eso me pone un poco feliz, por lo menos que produzca un sentimiento», confió, y al referirse a la pintura de Evita y el Che contó que la obra expone «la circulación de la energía entre la izquierda y el peronismo».

SERGIO TOSORATTI

Otra representación visual del peronismo es la propuesta por Tosoratti, es hijo de un tornero industrial y de familia ferroviaria por parte de madre, quien abandonó «los motivos portuarios» cuando comprobó que, en esa primera etapa de su obra, llena de «esa cosa solitaria del barco oxidado», no aparecían nunca los obreros del puerto.

«Así fue que decidí involucrar en mis cuadros al movimiento obrero. Tenía ganas de explorar otras cosas, y así surgieron los primeros cuadros, que eran los camiones cargados de gente (yendo a la Plaza de Mayo durante el peronismo), que no tuve que copiarlos porque la impronta empezó a aparecer simplemente del relato familiar», repasó el artista.

Con una estética que remite al expresionismo, de óleos cargados más multitudes trazadas con espátula, Tosoratti se definió como «un rastreador de detalles», mientras que al referirse al 17 de octubre y a su vigencia como fenómeno masivo lo asoció con otra fecha que reúne multitudes, el 24 de marzo, y con un ritual de su generación: «la misa ricotera».

Silvana Gerlo

Compartir en: