UCRANIA Y LAS ARMAS

El presidente de Ucrania, el neonazi Volodimir Zelenski, afirmó en estos días que las armas son "la mejor inversión para la estabilidad mundial".

Incluso si el armamentismo viene de las civilizaciones de la Mesopotamia, Egipto, Grecia, Roma… la noción de «carrera armamentista» ha sido una de las más estudiadas dentro del campo de los estudios estratégicos solo durante los últimos cien años.

Sin embargo, a pesar de décadas de investigación cuantitativa, teórica e histórica sobre el tema, no ha surgido un consenso sobre la definición del fenómeno, sobre la cuestión de si las carreras armamentistas tienen efectos independientes que pueden conducir a guerras o cómo los políticos deberían responder a una competencia militar intensa cuando ésta ocurra.

Desde el colapso de la Unión Soviética, los estudios sobre carreras de armamentos y control de armamentos han perdido fuerza a favor de la investigación sobre terrorismo, contraterrorismo y contrainsurgencia. En contra de esta tendencia se argumenta que las carreras armamentistas son una característica duradera y peligrosa de los asuntos internacionales contemporáneos. El control de armamentos se puede utilizar para limitar los efectos más nocivos de la competencia militar pero la dura realidad es que los estados capitalistas centrales no utilizan otra opción que participar en una carrera armamentista que, a pesar de los costos asombrosos y los riesgos significativos asociados con ella, fortalecen sus propias economías.

Desde la invasión de Ucrania por Rusia, los países europeos han estado haciendo cola para aumentar su gasto militar hasta el 2% de su PIB. La perspectiva de buenos pedidos empuja al alza la cotización en bolsa de los gigantes del sector. El rearme europeo ofrece un golpe de suerte a los inversores que huelen la apertura de nuevos mercados jugosos.

Con Donald Trump y de acuerdo con sus deseos, el gasto en defensa volvió a aumentar. A lo largo de su mandato, el presidente de Estados Unidos había exigido constantemente a sus aliados en la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) dedicar el 2% de su producto interior bruto (PIB) al gasto militar.

En 2014, durante la cumbre de Newport que se celebró tras la integración de Crimea a Rusia, se comprometieron a cumplir tal objetivo para 2024. En la cumbre de Bruselas de 2017, Donald Trump recordó a los europeos que «el 2%» es el mínimo indispensable para hacer frente a las amenazas muy reales y viciosas de la actualidad» (leer Rusia, China, Irán, India y también Europa).

Con la guerra en Ucrania, la trompeta del rearme suena claramente en Europa. Alemania, rezagada con un 1,56 % del PIB dedicado a su defensa en 2020 ahora predica con el ejemplo. Tres días después del estallido de la guerra, Berlín dio a conocer la creación de un fondo de 100.000 millones de dólares para modernizar su ejército y alcanzar el objetivo del 2 %. Justo después del inicio de las operaciones militares, el jefe del ejército alemán Alfons Mais, declaró: «Nunca hubiera pensado, después de cuarenta y un años de servicio en tiempos de paz, que tendría que vivir una guerra y que el ejército que yo dirijo está más o menos desnudo».

El 5 de abril, Finlandia que comparte una frontera de 1.340 kilómetros con Rusia, decidió participar también en la carrera, «El ataque de Rusia a Ucrania significa que tenemos que reevaluar nuestras necesidades de defensa», justificó Antti Kaikkonen, el ministro encargado de asuntos militares. El aumento debe ser del 40% para alcanzar el objetivo del 2%. Además, en el Parlamento, un debate mostró que ahora estaba surgiendo una mayoría para unirse a la OTAN. En Suecia, también neutral, también existe este debate. Aquí nuevamente, el objetivo ahora es dedicar el 2% del PIB a la defensa para 2028.

Dinamarca, miembro de la OTAN, también muestra un aumento en sus fondos de defensa para alcanzar el 2% el próximo año. Letonia, que al igual que el resto de los países bálticos agradece los refuerzos de la OTAN, incrementará su gasto en armamento hasta el 2,5% de su PIB. Es el Mar Báltico en su conjunto el que se está rearmando. Sin embargo, esta ruta, como el acceso a los Mares del Sur, es estratégica para Moscú.

Estos ejemplos no quedan aislados y toda Europa se está rearmando. La pregunta es: ¿quién se beneficiará de esta ganancia inesperada? Los fabricantes de armas. Por el momento no se han recibido pedidos, porque la programación de las compras militares lleva su tiempo. Pero solo necesita seguir los precios del mercado de valores para detectar dónde los inversores esperan ver el flujo de dinero público. Desde principios de año 2022 hasta fin de abril, las cotizaciones en bolsa de las francesas Thales y Dassault se han llevado un 61,54% y un 63,44% respectivamente; la británica BAE Systems subió un 29,88%; el italiano Leonardo sube un 54,65%; las estadounidenses Lockheed Martin, Raytheon Technologies, Northrop Grumman, General Dynamics y L3Harris Technologies muestran un aumento del 13,6% al 25,89%. Durante el mismo período, las bolsas de valores de París y Nueva York perdieron alrededor del 10%. Prueba de que los financistas no tienen moral: cuando el 29 de marzo se abrieron las perspectivas de las conversaciones sobre Ukrania, Tales perdió un 6,02% en bolsa y Leonardo un 3,96%.

La escala de las donaciones de armas estadounidenses a los ucranianos ha reducido drásticamente los suministros propios de los Estados Unidos. Los expertos advierten de un riesgo de escasez en caso de aumento de los conflictos. Advierten que llevará tiempo reemplazar gran parte de este equipo.

La cantidad es colosal. Estados Unidos está liberando una nueva dotación de casi 40.000 millones de dólares en ayuda militar para Ucrania. Un compromiso sin precedentes que no deja de tener consecuencias en la industria armamentista estadounidense.

También el 13 de mayo, la Unión Europea anunció que daría una ayuda militar adicional de 530 millones de dólares a Ucrania en ayuda militar. Esto supone «un total de 2.000 millones de euros» (unos 2.100 millones de dólares) desde el inicio de la guerra, según el jefe de la diplomacia de la UE Josep Borrell.

¿Y dónde van estos dinerillos?… a la industria de armas de los propios países que «ayudan» para que sus industrias produzcan, luego algo de armas le envían a Ucrania y al final el pueblo ucraniano paga todo.

José María "Pino" Cuesta

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