CENTRO DE ESTUDIOS LA DORMIDA

Ilustración: © Luis Farías

INTEGRANTES

Don Quintillo, conductor político y social del arroyo para acá.
El Doctor Isea, doctor de todas las disciplinas habidas y por haber y de las indisciplinas también.
Elvira, docente jubilada de autoridad indiscutida en la zona.
Calamuchita, hombre muy leído.
El Profesor Antognoli, director de teatro retirado.
Dominguez, que no se sabe muy bien si es que no terminó de irse del más acá o está volviendo del más allá.
Carlito (sin ese), se presenta singular, pero en realidad son tres hermanos en uno.
El Pity, joven escritor encargado de llevar al papel (lo mejor que se pueda) la oralidad de los integrantes del Centro de Estudios.
El Ruben, levantador de quiniela y tesorero de la Institución.
El Víbora y El Gitano, cuando les conviene son uno solo.
María, una bella e inquieta muchacha con ideas transformadoras.

1 | ASÍ COMENZÓ TODO

Ilustración: © Luis Farías

A través del correo llegó al “Centro de Estudios La Dormida” un cuaderno de 100 páginas escrito con buena caligrafía y con textos sobre cuestiones del arte, la política, la metafísica y las soldaduras eléctricas. Todo bajo el título de: “Metodología de lo inclasificable”. Fue enviado para que la gente de La Dormida lo analizara y se expidiera al respecto.

El Centro de Estudios La Dormida funciona en la Biblioteca Pimpollito, un salón de seis por cuatro construido arriba del buffet del Club, iniciativa de la Sra. Elvira, docente jubilada. La Biblioteca cuenta con muchísimos manuales del alumno bonaerense de Editorial Kapelusz, una colección Billiken completa, otra de Salvat, un diccionario Espasa Calpe, seis tomos de la colección Lo Se Todo y los trece tomos de la Historia Argentina de José María el Pepe Rosa. Completa el Club una cancha de bochas, techada.

Las reuniones del Centro de Estudios suceden cada diez días, más o menos. Nunca con menos de cuatro de sus integrantes asegún marca el Estatuto.

Quintillo e Isea son de asistencia perfecta dada su condición de muertitos. Ellos se presentan tanto en cuerpo como en espíritu y cuando alguien elogia sus constancias en este quehacer del pensamiento no falta un desfachatado de los del buffet que contesta:

—¡Y claro, si están todo el día al pedo, lindo sería que no vengan, así cualquiera! Quintillo, que por asunto de respeto, en los últimos tiempos se le otorgó el “Don”, ahora es Don Quintillo, es aquel que supo conducir durante muchos años la Unidad Básica “Liberación o Dependencia”, albañil delicado, aunque distraído debido precisamente a su condición de pensador permanente y que a causa de eso dejó una Máquina Mezcladora en el interior de una pieza pequeña que estaba construyendo, piecita que quedó muy linda, si no fuera porque después tuvieron que romper la ventana a martillazos para poder sacar la Mezcladora.

Isea supo ser enfermero ejemplar, que por esas cosas de la vida tres veces tuvo que realizar intervenciones quirúrgicas en situaciones extremas, una de apendicitis y dos extracciones de balas. Uno sobrevivió.

Isea es el mismo que donó los trece tomos de la Historia Argentina del Pepe Rosa y al igual que pasó con Quintillo, Isea fue declarado “Doctor”.

También está “Carlito”, el mejor Chapista del pueblo.

Carlito no es uno sino tres, tiene dos hermanos, son un bloque: “Mística”, “Táctica y Estrategia” y “Acción Directa”, asegún haga falta, mucha seriedad, con estos no se jode.

Cada tanto aparece el profesor Antognoli, profesor de Historia retirado de las aulas y otrora director de grupos de teatro filodramáticos y famoso por aquella representación de la obra Juan Moreira en la cual él era el protagonista y en la escena final donde el personaje del milico Chirino debe decir: —¡Entregate Moreira! El actor, esa vez improvisado con alguien del público, emocionado o nervioso gritó: —¡Entregate Antognoli! El primer día que se reunieron para el análisis del cuaderno fue árido. El Pity leía y el resto escuchaba atentamente. Hay que decir que el Pity tiene mucha capacidad para leer y al mismo tiempo ir adaptando lo leído para su mejor entendimiento, a veces directamente suprime párrafos enteros que él considera no hacen a lo central de la cosa. Los textos que enviaron pertenecían a distintos autores pero los muchachos del Centro de Estudios lo escuchaban como si fuera todo de un solo autor, es más, cuando hacían algún comentario decían: Tiene razón el Muchacho o No se le entiende una mierda al Muchacho, en referencia al compañero que había mandado el escrito.

El Pity, sin duda, es el más certero en asuntos del conocimiento.

Una vez analizó la mirada de un perro, una mirada para arriba. El Pity en esa ocasión aseguró que cuando un perro mira de ese modo es porque está triste o melancólico, ahí le aclararon que no dudaban de su apreciación sobre la mirada de los perros en general pero que ese perro en particular estaba mirando atento el tapial ya que a esa hora todos los días pasaba un gato.

2 | AHÍ VAMOS

Ilustración: © Luis Farías

Don Quintillo y el Dr. Isea estuvieron toda la semana pensando en el material que mandó el Muchacho y haciendo comparancias de distinta índole. Fueron los primeros en llegar a la biblioteca. El Pity apareció acompañado por Calamuchita, este último convocado por el Dr. Isea.

Calamuchita es el que demostró ser, él solo, mucho más eficiente que la comunicación digital, logró que ganara un candidato a Delegado Comunal de un pueblo chico con un gasto mínimo en la propaganda. Acondicionó su Citroeneta color verde clarito, le colocó un altoparlante en el techo y deteniéndose en cada esquina de las doce manzanas que tiene el pueblo, les hablaba a los vecinos de manera personalizada y destacaba la importancia de votar por el Delegado de su Partido. Les habló a todos, uno por uno, y siempre con alguna sutil humorada. Por supuesto que para llevar a cabo esta acción la persona tiene que ser muy respetada en el pueblo y Calamuchita lo es.

Y cuando aparecía alguien que lo cuestionaba él respondía:

—¡É al pedo, nadie es poeta en su tierra!

Don Quintillo lo interiorizó a Calamuchita sobre los temas a tratar:

—Un Muchacho de Buenos Aires nos pide una valoración sobre temas que a usted no les son para nada ajenos, el Ser, el Estar, el Tener, en definitiva:

—“Los asuntos Odontológicos”. (Silencio)

—Ontológico, Don Quintillo, ontológico —corrigió el Dr. Isea.

—¡Sí sí! Lo que estoy diciendo —afirmó Quintillo.

Calamuchita intervino opinando que eso puede ser de charla interminable, que Rodolfo Kusch, el filósofo argentino ya lo explicó muy bien cuando dijo que el “Ser” es burgués, masculino y europeo y el “Estar” es americano y femenino, y que nosotros andamos con los dos en juego permanente, y que la filosofía del “Tener” fue lo que vino a cagar el Ser y el Estar.

—¿Así hablaba Kusch? —preguntó el Pity.

—Mas o menos, pero esto que te dije es el carocito de la cuestión —contestó Calamuchita.

—¡Pity! —reclamó atención Don Quintillo—. Usted anote eso que dijo el amigo y agregue esto que estuve carburando…

—¿Sabe qué pasa Don Quintillo? —interrumpió el Pity.

—LLegó un correo del Muchacho con un texto que puede aportar más, según él, porque yo le conté que ustedes ya estaban tratando el asunto y…

—¡No No No! —gritó Don Quintillo—. Usted tiene que esperar a que nosotros acomodemos las ideas, no puede ser tan estómago resfriado y comentarle cosas al Muchacho, cosas que nosotros todavía no resolvimos, así esto va a ser un quilombo, ahora resulta que llega otro texto más… A ver, pásemelo, y ¡Paremos con la inmediatez, viejo! El Ruben, el Víbora y el Gitano, entraron a las risas. El Ruben es el levantador de quiniela clandestina de la zona y tesorero del Centro de Estudios, la tesorería se limita a conseguir los fondos para comprar los asados. El Víbora y el Gitano a veces son dos y a veces son uno solo, son los que en un tiempo escribían historias sobre cualquiera que les pagara, y le hacían un librito, el que escribía era el Víbora, el Gitano a través de la oralidad le descubría a las personas sus asuntos propios y los mejoraba, de escribir nada, ya que sostiene que el mundo fue a parar a la mierda después del invento de la Imprenta.

Y si están juntos el Ruben, el Víbora y el Gitano, seguro que también está Dominguez, aquellos tres son del mundo de los vivos, (de los muy vivos), Dominguez no, pero a diferencia de Don Quintillo y el Dr. Isea, este no aparece en cuerpo, muchos afirman que se hace presente en una risita burlona que sale desde algún rincón.

Dominguez, entre tantas cosas fue el que lo metió al Víbora en el brillante negocio de las “Historias llevadas a librito”. Don Quintillo lo quería como a un hijo.

Los cuatro saludaron a los presentes.

El Ruben les dijo a Don Quintillo y al Dr. Isea:

—¡Hey, pero ustedes están cada día más jóvenes!

—¡Eh, la buena vida! —respondió Don Quintillo, y siguió con los asuntos odontológicos.

A los recién llegados no se los informó de los temas a tratar. Se leyó el nuevo material enviado por el Muchacho, a la cuarta frase, el Dr. Isea, exultante dijo:  —¡Eso es de Segovia! ¡Qué lo parió!… Eso de las «almas gemelas».

—¿Usted lo conoció a Segovia? —preguntó el Pity.

—Y cómo no… Anduvimos juntos un buen trecho de esta vida —respondió el Doctor.

El Pity siguió leyendo, pero en la segunda página se detuvo para comentar un resaltado del Muchacho con un texto a propósito de un discurso de Perón del año 50, el resaltado estaba en letras inmensas, que parecían un grito, y hablaba de la libertad del pueblo, y que esa libertad provenía de una organización que no tiene que ver con la diversidad y la heterogeneidad sino con la uniformidad y la homogeneidad.

El Ruben, el Víbora y el Gitano, aplaudieron, y desde un rinconcito se escuchó la risita de Dominguez. Ahí Don Quintillo se levantó de su silla y enojado fue hasta el rinconcito y señalando con un dedo hacia abajo, dijo:

—¡Pará loquito! ¡Mirá que yo te conozco!

Al parecer Dominguez siguió riéndose porque Don Quintillo más enojado aún, gritó:

—¡Pero si yo te saqué de una zanja a vos!

3 | LOS MELONES SE ACOMODAN

Ilustración: © Luis Farías

Después del reto que le diera Don Quintillo a Dominguez, continuaron con el análisis de los textos que enviara el Muchacho.

Calamuchita y el Doctor Isea intercambiaban opiniones, escribían apuntes, y tomaban Amargo Obrero con limón y soda acompañado de quesitos con pimienta que se hicieron subir desde el bufet del Club.

—¡Pity! —Venga, tome nota por favor —dijo Don Quintillo—. Usted, que es el responsable de sintetizar estas cuestiones, dígale al Muchacho que Sí.

Que antes de iniciar cualquier actividad, sea ella, artística, social, política o todo eso junto, que el primer paso es: «Organizar las almas».

—¡Peerfectooo! —dijo el Pity, manotiando unos quesitos.

Luego se pasó al tema de “Diversidad o Uniformidad” y “La libertad del pueblo”. Al debate se sumaron: Carlito, sin sus dos hermanos, y el Profesor Antognoli, que desde hacía un buen rato habían bajado al bufet para jugarse un partido de Truco. De cuatro.

Carlito escuchaba atento, con ese aire místico que lo caracteriza, y su elegancia, tanto en el vestir como en el decir. Físicamente es igualito a Carlos Monzón. Y el Profesor cada tanto intervenía con sus aportes clásicos: Hay que ver la etimología de la palabra, y… No es cuestión de quedarse en comprartimientos estancos. Ignoro cómo hizo el Pity para llevar al papel, la oralidad de los presentes. Se dijo, entre otras cosas: Ojo con las síntesis, que enseguida se transforman en consignas y que nosotros estamos a favor de eso, siempre y cuando se conozca también la complejidad de donde proviene.

O sea:

Sí a la brevedad, como resultado de la síntesis de la complejidad, y que lo mejor es ir como un péndulo, de la uniformidad a la diversidad, de lo colectivo a lo individual, sin quedarse en ninguno de los dos lados.

O mejor aún, un movimiento que contrae, abre, contrae, abre…

—¡Como el upite! —le dijo el Ruben al oído del Víbora—.

Carlito intervino acentuando en los cuidados que hay que tener hoy en día. —Fíjense en esto —dijo, e hizo una pausa larga poniéndole suspenso a la cosa.

—Lo hegemónico o uniforme ahora es el mundo liberal, y las peleas que se dan en nombre de la “diversidad” se llevan a cabo de un modo liberal, y los que dan esas peleas no se dan cuenta de que quedan “uniformados”. Y como los Estados no pueden atender los reclamos de las mayorías, lo que nosotros definimos como Colectivo, bueno, mirá que astutos los fulanos, dinamitaron el significado de “Colectivo” y lo transformaron en un montón de “colectivitos”, veinte giles se juntan para jetearle algo al Estado y se presentan como un Colectivo y … —Disculpe que lo interrumpa Carlito —dijo Don Quintillo—. Esto es muy interesante, y por favor no vaya a tomar a mal lo que le voy a decir, pero ¿Es producto de un análisis propio? O usted ha recibido alguna influencia de…

—Estuve con María —dijo Carlito.

—¡Ah!, ahí está, ya me parecía, claro.

—Le comento —siguió Carlito—. La semana pasada estuve charlando con María porque fui a ayudarla a hormigonear, se levantó una pieza cocina y baño en el fondo del terreno de la casa de la madre, ella y el novio, solitos la levantaron, les quedó muy linda, por lo menos ya se pueden meter adentro, después vendrán los detalles, y el terreno es grande, hasta un gallinero van a meterle. Y bueno, en los descansos la María comentó varias cosas, entre ellas esto que acabo de explicar.

—¡Esa piba vale oro! —dijo Don Quintillo.

—No es para tanto —contestó el Pity, y el Ruben le dijo al Pity que él estaba celoso, pero tomátela le respondíó el otro y el Ruben que lo que pasa es que la María nunca te dio bola, y el otro que por qué no me chupas las bolas—.

4 | VA QUERIENDO

Ilustración: © Luis Farías

El “Centro de Estudios La Dormida” no establece día ni horario para sus encuentros, los mismos suceden por eso de que para estos asuntos del pensamiento y la acción hay que estar siempre en estado disponible, en el territorio y alerta, para fomentar, interpretar y expresar los sueños, sin ir más lejos, del mismo modo que lo hace el Ruben en su tarea de levantador de quiniela clandestina. Y esto del análisis de los escritos que envió el Muchacho los metió de cabeza en una nube del conocimiento donde no se distinguía si era de día o de noche, conversaciones apasionadas llenas de historias y acontecimientos que les permitían ejemplificar eso de lo uniforme y homogéneo vs. lo diverso y heterogéneo.

Es cierto que el Pity no registró la mayoría de las historias que se contaron, es que le molestó mucho que el Ruben desnudara ante todos, su amor por María. Tan boliado estaba, que a una conversación puramente técnica sobre soldaduras eléctricas y fabricación de palanganas de zinc, el Pity la tituló: “El amor es una mierda”. Encima lo escuchó a Don Quintillo decirle al Doctor Isea lo feliz que él estaba de saber que después del trabajo este en que los dos se sumergieron, se podían ir en paz a la cotidianeidad de su mundo natural, porque María reúne todas las condiciones para liderar el Centro de Estudios La Dormida, porque es una buena piba, respetuosa, maneja muchos conocimientos y todo tipo de información sobre la actualidad, tan necesario en los tiempos que corren. Y se lleva bien con los muchachos del Centro de Estudios, y puede acercar más pibas y además sabe de fútbol y lo más importante: Es hincha del Club Atlético Juventud.

El Pity, aturdido, bajó por la escalera y antes de llegar al bufet escuchó el grito de Don Quintillo:

—¡Trasvasamiento generacional! Amigo Isea… ¡Trasvasamiento generacional!

El Doctor Isea y Calamuchita seguían palo y palo con los apuntes y las consideraciones, tratando de ordenar un poco las cosas que se planteaban, retomaron lo del Ser y el Estar, primero lo analizaron desde el propio lugar, o sea a seis cuadras a la redonda tomando como centro la Biblioteca. Cuando estaban analizando el Ser y la relación con el Ser Alguien, y como la educación escolar y familiar reducen el Ser Alguien a realizarse en alguna profesión liberal: Abogado, contador, arquitecto, etc. Fue ahí que Calamuchita le dijo al Doctor Isea:

—¿Se dio cuenta Doctor, que desde el arroyo para acá no hay ninguna placa de profesional en los frentes de las casas?

—Lo que pasa —contestó Calamuchita —es que este barrio se dedicó a cultivar más el Estar, en primavera y verano están todos sentados con sus sillas en las veredas, uno va caminando y no hace tiempo a saludar a todos.

El Doctor Isea mandó a llamar al Pity, que estaba en el bufet con el Ruben. Los dos subieron inmediatamente, el Doctor Isea los hizo sentar y de modo solemne dijo:

—Bueno Pity, anote esto que le voy a dictar para que se lo mande al Muchacho junto con lo que ya anotó sobre la organización de las almas, considero que puede ser un aporte importante para poner un poco de claridad a todo esto que a decir verdad, por momentos parece irse a la quinta del Ñato. Pertenece al gran filósofo argentino Rodolfo Kusch, a quien visité muchas veces cuando él vivía en el Norte, allá por el año…

—¡Doctor! —interrumpió el Ruben—. ¿Cuántas reencarnaciones tiene Usted? Porque son tantos sus oficios y tantas las acciones que desarrolló a lo largo y a lo ancho del país que no dan los años…

—Mirá mocoso —lo reprendió el Doctor Isea—. Si no fuera porque te quiero y te conozco de chiquito, en este mismo momento estaría cagándote a patadas en el culo…

—No se enoje Doctor —dijo el Ruben.

—¡Qué no se enoje ni ocho cuartos! Esa indiscreción no es de buen criollo. Y si me lo permitis te voy a dar un consejo.

—Si, por supuesto, dígame —contestó el Ruben con actitud de pollito mojado. El Doctor Isea lo miró a los ojos y le dijo:

—Con el Misterio no se jode.

Y dando por terminado el altercado comenzó a recitar de memoria al mismo tiempo que el Pity escribía a los santos pedos:

Vivir no consiste solo en tener cosas, sino en este paso de lo blanco hacia lo negro, de preferir en pleno día a la noche, de estar alegres y pasar a estar tristes, de ser culto y viajar a la barbarie, de ser bárbaro y viajar hacia la cultura, de ser bueno y querer ser malo y de la maldad pasar a la bondad, vivir en suma, es poner el pie en la huella del diablo.

El Ruben abrazó al Doctor Isea y lloró.

5 | SE ARMÓ LA PODRIDA

Ilustración: © Luis Farías

Calamuchita y el Doctor Isea seguían en apasionados cruces de entuertos metafísicos pero ahora casi clandestinos y cuando redondeaban una idea, un parecer, elevaban el tono de voz, y anunciaban:

—¡Es todo relativo, a veces! o, —¡A la final Dios tenía razón!

El Víbora al escuchar cada sentencia la anotaba en el pizarrón, con tizas de colores y le dibujaba florcitas de nomeolvides, bajo un título de su autoría, que le daba un carácter utilitario a la metafísica: “Certezas dudosas, aplicar con cuidado”.

El Ruben, en un rincón, concentrado, seguía el sorteo de la quiniela vespertina, Dominguez, le susurraba desde atrás, como en un rezo:

—Ese terno que no sale…Ese terno que no sale… Ese terno que no sale…

—¿Qué salió a cabeza, Ruben? —preguntó el Víbora.

—El número de Don Quintillo y el Doctor Isea. El 48.

El Gitano, hoy transformado en la voz del pueblo, cada 20 minutos invadía el salón de la Biblioteca con una voz aguardentosa que salía de los altoparlantes de su F100:

¡Compro baterías usadas Señor pago el mejor precio Señor! ¡Vendo papas blancas papas negras Señora!

Elvira, la docente jubilada y ferviente católica, fundadora de la Biblioteca Pimpollito, ahora sede del Centro de Estudios La Dormida, entró, con su figura alta, delgada, bella mujer sin dudas, ocupó el centro del salón y se dirigió a los presentes sin saludarlos:

—Les dejo este cuadro del Papa para que lo cuelguen. Don Quintillo cometió el gran error de interrumpirla, alcanzó a decir:

—Mirá Elvira, nosotros…

—Vos callate haceme el favor —retrucó Elvira.

Don Quintillo y Elvira son hermanos, de cuando Don Quintillo estaba en este mundo de manera oficial. Y siguió Elvira:

—Vos y ese otro de Isea mejor se quedan calladitos porque lo de ustedes no tiene nombre, y más vale que no se entere el curita nuevo de la parroquia porque…

—¡Flor de cagazo se va a agarrar! —exclamó el Ruben. —¡Vos también callate atorrante!

—¿Y yo que hice ahora? —contestó el Ruben con risita contenida.

—¡Elvira! —reclamó atención y algo de comprensión Don Quintillo—. ¿Me dejás que te explique por favor?

—Sí, pero rapidito que no tengo tiempo para perder con ustedes —dijo Elvira.

—Esto que te digo no se lo dije a nadie, no era intención del Doctor ni mía seguir jodiendo por estos pagos, pero don Miguel de Unamuno… ¡Doctor!, ¿Por qué no se lo explica usted mejor?

—Con todo gusto —dijo el Doctor Isea.

—¡Qué dos piedras para la honda! —dijo por lo bajo Elvira.

—Mire Elvira —comenzó la explicación el Doctor—. Nosotros siempre fuimos estudiosos y admiradores del genio de don Miguel de Unamuno que desarrolló muy bien la cuestión de la resurrección, no solo la del alma, sino la del cuerpo también, y nada de reencarnarse en otro cuerpo sino en el mismo cuerpo ¿Se da cuenta? Es fabuloso, y bueno, nosotros adherimos a la gran revelación de Don Miguel y aquí nos tiene, en reencarnación literaria. ¿Entiende Elvira?

Elvira quedó pensativa, bajó la guardia, y Don Quintillo aprovechó para continuar con sus planteos.

—Y otra cosa Elvira, nosotros el cuadro del Papa no lo colgamos ni mamados, no por problemas con el hombre, al cual le tenemos mucho respeto y consideración, sino por la institución Vaticano que siempre nos pareció una cagada, y vos sabes muy bien que acá no queremos saber nada con sotanudos, si estuviera el curita Jorge sí, porque él fue un obrero que se hizo cura, pero no está el curita Jorge, lo que podemos hacer es que te lleves el cuadro del Papa y nos traigas uno del Gauchito Gil que es un santito querido por todos acá.

Elvira seguía colgada en las alturas ¿Pensando en lo que se dijo sobre Don Miguel de Unamuno? ¿O buscando las palabras más contundentes para echarlos a la reverendísima mierda?

El profesor Antognoli que parecía dormido desde hacía un buen rato, se animó y se sumó a los cuestionamientos a la Señora Elvira:

—Otra cosa Elvira —dijo el profesor Antognoli. Ya que estamos aprovecho para decirle que fue rechazada su postulación para la presidencia de la Comisión de Bochas porque usted y sus amigas empezaron a jugar hace muy poco y de manera recreativa o sea todavía no tienen la antigüedad que exigen los Estatutos y tampoco se aceptó su proyecto de plastificar la cancha, que se va a continuar con nuestra vieja y célebre cancha de arena…

Elvira miró a los presentes uno por uno y dijo: —¡Vamos a ver quién gana! Y se fue.

6 | SE ARMÓ LA PODRIDA 2

Ilustración: © Luis Farías

El análisis de los textos que había mandado el Muchacho de Buenos Aires, más las acciones propias del “Centro de Estudios La Dormida” llevaron a un Estar de asamblea permanente donde el tiempo por momentos se diluía y se confundía también, a tal punto que olvidaron la reserva del salón que hizo Néstor Fabián, un joven vecino de la otra cuadra, para sus ensayos de canciones románticas en karaoke.

Néstor Fabián no entró en razones para postergar el ensayo y por ello acordaron que Néstor Fabián ensaye durante las reuniones del Centro de Estudios, pero con auriculares, cosa que la música la escuche solamente él y que cante bajito, le dijeron.

En una mesa aparte Carlito, esta vez con mandato de su hermano, el de la acción directa, atendía al Comisario Gamarra de la Seccional Tercera, que presentó quejas sobre dos jóvenes del barrio que se estaban haciendo los vivos. —O lo ponen en vereda ustedes o intervengo yo — sentenció el Comisario.

Carlito le dijo: —Despreocúpese Comisario, nosotros los vamos a apalabrar, no son malos, solo que a veces …

—Solo que muchas veces —corrigió el Comisario, y siguió hablando sobre lo difícil que estaba la juventud de hoy en día nada que ver con la de antes y que todo estaba en la buena educación y…

El Comisario quedó como congelado cuando Néstor Fabián, que había comenzado con una canción de Los Galos, concentrado en su interior, le cantó:

—¡Como deseo ser tu amor para poder vibrar así con cada espacio de tuuu cuerpooo…!

Carlito no se percató del suceso y escribió en el pizarrón:

“Elogio de la agitación y el caos”.

—¿Me puede decir qué significa eso? —dijo el Comisario con voz firme.

—Para eso lo escribí Comisario, para explicarle. Preste atención y después me cuenta:

Su oficio es mantener el orden, pero no tienen la exclusividad, las oficinas, las escuelas, los hospitales, los manicomios, los geriátricos, también imponen un orden que muchas veces adormece o mata la vida.

—Fíjese —dijo Carlito, y con tiza blanca dibujó varios círculos en el pizarrón, uno de ellos quedó encerrando aquella frase que escribiera el Víbora: “Certezas dudosas”.

Los círculos, algunos entrelazados, no eran otra cosa que los conceptos de la matemática moderna que aprendió en el primer año de escuela secundaria, conjuntos, subconjuntos, unión, intersección.

—Usted, que combate el desorden tiene la obligación de entenderlo para no hacer cagadas. Hay desordenes y desordenes, por ahí hay un desorden que está preparando él solito, otro orden, más vivo y justo que el anterior, y usted no le da tiempo, se mete, hace cagada y quizás nos perdemos una maravilla. De otro modo, hay un de- sorden que no solo no va a generar nada mejor, sino que está arruinando lo creado y usted se queda rascándose las bolas.

—¡Epa!. —dijo el Comisario. —Es a los efectos de que se entienda mejor la cosa, por favor Comisario, no me malinterprete, además yo lo pongo de ejemplo porque es con usted que estoy hablando, pero sabe que me refiero a asuntos más grandes.

Carlito siguió con sus trazos en el pizarrón que a decir verdad no lograba dejar muy en claro a qué cosa correspondían y dijo: —¡La Anarquía es la máxima expresión del orden! Se produjo una falla en la conexión del equipo de sonido y a todo volumen salió la música y el canto de Néstor Fabián con sus ojos saltones y ademanes excelentemente actuados y apuntando al Comisario:

—¡Liiibreee como el sol cuando amanece yo soy liibreee como el mar liibreee como el ave que escapó de su prisión y puede al fin volar liiibreee…!

El Comisario se paró de un golpe y dijo: —Me tengo que ir. Al rato llegó María, la biblioteca se iluminó y de colores, saludó con un beso a todos, lo tomó de la mano a Don Quintillo, se sentaron, María vio los círculos que dibujó Carlito y a toda sonrisa dijo:

—¡Carlito! ¿Esto es tuyo verdad?

Carlito se acercó a María, María lo invitó a sentarse y participar de algo que se olfateaba importante.

Carlito lo hizo, esta vez con mandato de su otro hermano el de táctica y estrategia.

Conversaron largamente, a Don Quintillo se lo veía preocupado, le exigía a María más precisiones sobre sus planes, Carlito cada tanto decía:

¡Pará María pará revisemos!

María es un cuete y Don Quintillo y Carlito muchas veces llegaban tarde. A María se la ve segura, saca papeles, a veces escribe algo en el pizarrón que entre los cartelitos del Víbora y los círculos o conjuntos de Carlito vaya usted a querer entender algo. Don Quintillo dijo:

—Está bien María, dale para adelante, pero Carlito va con vos.

María intentó decir algo parecido a: Pero ustedes creen que yo no puedo por mí misma.

Don Quintillo le dijo: —Por las dudas, por las dudas.

Acto seguido convocó a los presentes: El Ruben, que estaba en tareas administrativas con los números jugados a la quiniela, el Doctor Isea y Calamuchita que se habían tomado un descanso para hablar solamente de boludeces, y el Víbora, que leía un fascículo de Errico Malatesta: “Amor y Anarquía”.

Y Don Quintillo, emocionado, dijo:

—Cumplo en informarles que María a partir de mañana comenzará la construcción de un sueño anhelado por todos acá. Me refiero a la creación del “Sindicato de Changarines de Oficios Varios”, organización sumamente necesaria para el país en estos tiempos que corren.

Todos aplaudieron. Néstor Fabián, con voz impostada de conductor de radio de FM, micrófono en mano dijo:

—Esta canción va dedicada a vos, María.

Y arrancó: Una muchacha y una guitarra/ para poder cantar esas son cosas que en esta vida/ nunca me han de faltar siempre cantando siempre bailando/ yo quisiera morir de cara al cielo sobre este suelo/ en el que yo nací. No quiero que me lloren/ cuando me vaya a la eternidad quiero que me recuerden/ como a la misma felicidad pues yo estaré en el aire/ entre las piedras y en el palmar estaré entre la arena/ y sobre el viento que agita el mar.

—¿Hablaban de mí? —dijo Dominguez, desde un rincón, y dejándose ver solo para María.

María corrió a abrazarlo.

Y yéndose, María dijo:

—¡Ahora sí, ahora sí, no puede fallar!

7 | IDENTIKIT

Ilustración: © Luis Farías

El Comisario se retiró y Carlito quedó atragantado de palabras que pensaba decirle sobre el asunto del orden y desorden que él tiene largamente carburado y que el mejor modo de entenderlo es a través de los pibes y que todo el quilombo que hacen los chicos del “Centro Comunitario”, chicos de entre seis y doce años es porque ahí se sienten presos y para poder almorzar y merendar deben quedarse cuatro horas, vienen de cuatro horas de escuela a la mañana y después los obligan a quedarse cuatro horas más, justificado en eso de que hay que sacar a los pibes de la calle, y que si las cosas deben ser así ese espacio debería pertenecerles, hay que escucharlos, y de a poco que vayan tomando decisiones y que el cambio se debe iniciar desde la cocina y las cocineras que son muy buenas, con pasteles de papas exquisitos y ni qué decir del arroz, entonces, estando bien lo principal, la comida, hay que llevar eso al estado de celebración, que eso se consigue con la amabilidad para servir la comida, tarea que hay que dársela a los chicos mayores, y que esa tarea luego les dará derechos a reclamos y sugerencias y también a nuevos quilombos para seguir mejorando y así, y que lo primero que hay que hacer es desterrar ese cacao berreta recontra dulce que le sirven a los chicos todos los días, que hay que destinar partidas presupuestarias hacia el chocolate Águila en barras y así lograr un chocolate como Dios manda, y si no alcanza para todos los días no importa, que sea un día chocolate y otro matecocido con leche, que es bueno también, y lo siguiente a eliminar es ese jugo de mierda que sirven, compran el más barato y eso no puede ser, consigan naranjas y que los mismos chicos las expriman. La cosa debe comenzar por la calidad del morfi y la celebración, no otra cosa hizo Jesús cuando iba a las fiestas del pueblo y nos dio el mejor de sus milagros, transformar el vino malo en vino bueno, porque no fue de agua a vino, no señor, en ese tiempo en las fiestas se servía un vino más o menos bueno al principio y terriblemente malo en la segunda parte de la fiesta, Jesús, a pedido de su madre, les dio el vino bueno junto a toda la enseñanza que llevaba ese gesto y no puede ser que hoy en día no tengamos en cuenta ese mensaje de celebración.

Todo eso le iba a decir Carlito al Comisario, un Carlito que iba del Carlito acción directa de su hermano al Carlito místico propio de él y también le hubiera hablado del curita Jorge, el obrero que se hizo cura, de papá albañil y mamá sirvienta en estancias inglesas que en 1974 después de la muerte de Perón llega a una parroquia de los suburbios de “La Dormida” y ahí se queda, el curita Jorge, a quien varias veces se lo vio en el cruce de caminos haciendo dedo para el lado de Buenos Aires con un chico en brazos al que llevaba al Hospital Garraham, o el curita de las celebraciones, que todos los integrantes del Centro de Estudios conocían muy bien, y también Carlito tenía a mano para leerlo en el momento adecuado, un escrito del curita, un escrito de su propia mano que a modo de testamento nos dejó, escrito con frases sentenciosas y con muchos puntos suspensivos, y que al presentarlo, Carlito le hubiera cambiado el cariñoso “curita Jorge” por “Compañero Jorge Galli”.

 —En 1976, la jerarquía me saca de la cárcel en Abril, después de nueve días de preso, pero mucho menos logra para aquellos que no aparecen más… La vergüenza de estar vivo.

Me paso los años a disposición del Poder Ejecutivo y a disposición de que cada día vengan a secuestrarme…

Pero me porto bien, me quedo exiliado en Barrio Otero, las Tolderías del Martín Fierro, enseñando a los chicos el catecismo y la Marcha, les enseño como pararse en la cancha de fútbol, organizados para no perder por goleada, que los chicos buenos se vayan a otra iglesia… A los grandes les digo que el fútbol, el vino, los asados, la amistad y los cuartetos cordobeses son un gran invento de Dios para que a pesar de la inseguridad mantengamos la esperanza, y que hay que clandestinizarse en la cultura, en la alegría de cada día, en el vino y en el fútbol bien jugado, en el cariño por los hijitos y en el asado pero que traigan a las mujeres y a los chicos porque la cultura se cuida en familia.

Y no importa que yo me despierte a los gritos, soñando que los militares me vienen a buscar y me corren por los pasillos y los patios de ese enorme convento con los otros curas mirando asombrados porque yo voy con un arma en la mano y mamá y mis diez hermanos quedándose helados y preguntándose “qué habrá hecho”.

Y no me importa que me digan desde la Jefatura Militar de San Nicolás que no junte jóvenes en la iglesia, que no junte gente.

Que yo soy inteligente y sé cuál es mi situación, me dicen y que más vale que los muchachos no hagan el amor del otro lado del paredón de la Iglesia.

Y eso a mí qué me importa si yo me hice cura para juntar a la gente y decirles que si el vino viene, viene la vida, y si creemos en Dios tenemos que defender la risa, y refugiarnos en lo que no nos pueden quitar, que es nuestra cultura, como Martín Fierro en las tolderías, que disimulemos, como el coya, que durmiendo la siesta con el sombrero que le tapa los ojos igual ve, que no nos arriesguemos porque nos van a matar, que tenemos el tiempo a nuestro favor, que hay que jugar un fútbol bien jugado y que yo soy albañil y les ayudo a levantar la casa, y que si alguna chica quedó embarazada, paciencia, qué le va a hacer, que ustedes han hecho un peronista más y que cada chico que nace es una esperanza nueva…

Quién sabe si este negrito no es el tipo que suplante a Perón… Que también Jesús nació pobre en un pesebre y que Herodes mató a todos los chicos, los Santos Inocentes, pensando que entre ellos estaba Jesús, pero Jesús había entrado en la clandestinidad y después, aunque no lo querían los poderosos se la tuvieron que aguantar, y que por eso ser peronista es no perder la esperanza…

Haberlo visto a Perón en Gaspar Campos la alegría todavía nos dura… Porque se la pusimos a la contra.

Y ahora, los que estamos vivos, y aquí, enteros, después de habernos muerto de miedo, muerto de vergüenza por no estar muertos mientras otros morían de verdad, ya tenemos la vida de prestado y nuestra vida no nos pertenece… Somos resucitados y tenemos la responsabilidad de que la esperanza no quede defraudada y que ya volverá Evita y volveremos a ser millones, todos juntos.

Dios puede, ayudémoslo.

O mejor:

Podemos, que Dios nos ayude.

8 | IDENTIKIT 2

Ilustración: © Luis Farías

A la final Carlito se fue con María para organizar el anhelado “Sindicato de Changarines y Oficios Varios”, el Profesor Antognoli dormitaba una vez más, ahora con algún que otro ronquido, Don Quintillo desde la ventana de la biblioteca discutía con un vecino:

—¿Qué hacés con esa jaula? —preguntó Don Quintillo.

—Es para atrapar el jilguerito que anda en ese árbol —respondió el otro.

 —Tomátela haceme el favor si no querés que te saque a patadas en el culo, el árbol es nuestro, y el jilguerito también, hace rato que el pajarito tiene como vivienda al árbol y todos los días charlamos, o sea, somos amigos, compará la vida que se tira en el árbol yendo y viniendo a cualquier lado cuando se le canta y lo que ofreces vos pedazo de pelotudo con esa jaulita pedorra.

Calamuchita y el Doctor Isea, desde hacía un buen rato, estaban atascados en el asunto de Identidad e Identidad Nacional, uno de los puntos que el Muchacho de Buenos Aires planteaba en sus textos.

—¿Alguna novedad? —preguntó el Pity, recién llegado.

—Ninguna —respondió el Ruben —que terminaba de ordenar los números que le jugaron para la Quiniela Nocturna.

El Víbora estuvo a punto de decirle al Pity lo de María y su sindicato, pero se contuvo.

—Mire amigo Calamuchita —dijo el Doctor Isea—. Antes que nada, me parece a mí, no sé a usted, considero que al Muchacho de Buenos Aires habría que explicarle que nuestra insistencia en los asuntos de la identidad se debe más que nada y precisamente a la carencia de la misma en lo social y nuestro despelote en lo personal, afigúrese mi caso y el de Don Quintillo, que estamos de prestado, vaya al Víbora y el Gitano que no se sabe cuándo son uno y cuándo son dos, eso sin profundizar en el Gitano, que no es gitano sino que le dicen así por parecidos de práctica, lo de Carlito ya es peor, ahí son tres en uno, y por si fuera poco está Dominguez, que siempre se la rebusca para participar de todo esto, ya sea desde el más allá o desde el más acá ¿Qué quiere que le diga?

No lo podemos condenar al Pity a que traduzca todo esto, el muchacho se la rebusca en su oficio, pero me parece…

—Vayamos a los clásicos —interrumpió Calamuchita—. Lo mejor en estos casos es ir a los clásicos, ¿Recuerda al poeta González?

—Como si fuera hoy, una vez…

—Bueno —siguió Calamuchita—. El poeta definió muy bien nuestra carencia en esto de la identidad cuando dijo algo así como… ¿Profesor?

—¡Ehhh! —dijo sobresaltado el profesor Antognoli. —¿Qué pasa?

—Disculpe Profesor, estamos desculando la identidad en estos pueblos, ¿Se acuerda los dichos del poeta González a propósito del tema cuando decía que fuimos pueblo de frontera y …

—Ah, sí, resulta que …

—Espere, espere —dijo el Doctor Isea.

—¡Pity! ¿Podría tomar nota por favor? Es por un tema de identidad que hay que contestarle al Muchacho de Buenos Aires, anote, anote esto del poeta González.

—¿Usted lo conoció al poeta? —preguntó asombrado una vez más el Pity.

—Lo que vas a escribir, lo dijo el poeta ahí mismo donde estás vos ahora, una noche de fiesta que tuvimos.

—¡Dele Profesor dele! —alentó el Doctor Isea.

—Continúo —. Somos pueblo de doble frontera —así decía González —primero con el indio y luego entre unitarios y federales, o sea, no somos ni provincianos ni porteños.

—Por eso este pueblo es temeroso y desconfiado —completó Calamuchita—. Eso de estar siempre en el medio de los enfrentamientos … Encima los gringos que vinieron a cultivar este suelo también eran temerosos…

—Ya lo decía Daniel Moyano —acotó el Doctor Isea.

—¿Lo conoció a Moyano? —preguntó el Pity.

Y el Víbora y el Ruben le hicieron señas para que la corte con esas preguntas reiterativas e incómodas porque el Doctor Isea en cualquier momento lo iba a echar a la mierda.

—Por supuesto —contestó el Doctor Isea—. Una vez cruzamos juntos la cordillera en mula y no me interrumpa más por favor. Decía que Daniel Moyano en una novela hace opinar a un gaucho sobre los gringos…

—¿Y qué opinó el gaucho? —preguntó el Pity al Doctor Isea, que se mantuvo en silencio mirando el techo durante unos segundos para luego y haciendo gala de su memoria…

—El gaucho de Moyano habló así:

«Lo pior que tienen los gringos es que andan siempre como encelaos, desconfiando del criollo, y son más asustadizos que los chajases. Se aquerenciaron con la tierra, pero como propietarios, no con el paisaje. Más allá del corral, el ojo del gringo no ve nada. Por eso, lo mesmo que nosotros, ellos tampoco tienen patria. La patria de ellos son los patacones, como la nuestra son los pingos».

Todos aplaudieron

—¿O sea que estaríamos en condiciones de afirmar que somos un pueblo de cagones? —intervino el Víbora.

—Y puede ser peor aún si tomamos el pensar del amigo Don Laureano Riera —prosiguió el Doctor Isea—. El bravo anarco sindicalista que entre otras cosas fue Secretario General del Gremio de Panaderos y que…

El Pity estuvo a punto de preguntarle al Doctor Isea si él había sido amigo de Don Laureano, pero el Víbora y el Ruben agitaron sus brazos en señal de: ¡Basta Pity por favor! Y el Pity entendió.

—Don Laureano se refirió una vez a la burguesía de esta región, diciendo:

—Pequeña fenicia, burguesía advenediza y clase media mercachifle, les da lo mismo democracia que dictadura, los pueden montar tranquilamente que no van a corcovear.

—¡A la mierda que estamos jodidos! —dijo el Víbora.

—No Víbora no —intervino Calamuchita—. Lo dicho hasta acá describe perfectamente lo que fuimos y quizás seguimos siendo, pero precisamente esta sociedad, tan temerosa, también fue la que parió tantos hijos corajudos, ejemplos sobran. Pero la descripción que se hizo está bien y hay que asumirla, si usted pretende transformar algo primero tiene que conocer muy bien qué cosa quiere transformar.

—¡No, yo decía nomás! —aclaró el Vibora.

—¡No somos nada! —remató diciendo el Ruben—. No sabemos si se refería al análisis sobre la Identidad o al resultado de la Quiniela Nocturna.

9 | IDENTIKIT 3

Ilustración: © Luis Farías

El Doctor Isea y Calamuchita seguían con entusiasmo el análisis de la identidad, haciendo malabares desde lo particular a lo universal, ida y vuelta.

—¡No vayamos muy lejos! —dijo el Doctor Isea a modo de lanzamiento de título, con los brazos abiertos, sonriente y seguro en su razonar.

—Miremos nuevamente nuestro territorio desde el arroyo para acá, y casa por casa, sus habitantes son todos personajes, únicos en su tipo, no solo no son idénticos al vecino, tampoco se parecen, y mucho menos se podrá encontrar equivalentes en personas de otras regiones, y se ofenderían si alguien les dijera que son gente común.

—¡E al pedo! —aportó Calamuchita—. El hombre desde que es hombre busca diferenciarse, quiere ser único, como su huella dactilar así lo demuestra.

—Sí, pero a los nuestros se les va la mano —dijo el Doctor Isea.

—Coincido amigo Isea —dijo Calamuchita —pero fíjese en esto que le voy a decir:

(Manejo de la pausa en Calamuchita y esfuerzo para encontrar las palabras adecuadas)

—Todos estos personajes que como usted bien los definió, son únicos en su tipo, están unidos por lazos (pausa) inexplicables… Y fuertes, en todos ellos hay, y nos incluimos por supuesto, hay, decía, modos de hablar, tonaditas, y un manejo de la humildad y la soberbia en simultáneo muchas veces expresado con burlas a la vida, burlas que contienen también al respeto y nacen de la vagancia.

No, si no somos muy fáciles que digamos. Y le digo más, miremos nuestro Centro de Estudio, integrado por personas bastante aquilombadas en su identidad, y sin embargo nuestras resoluciones salen todas por unanimidad.

—¡Qué interesante su pensar amigo Calamuchita! — dijo el Doctor Isea—. Esto me recuerda un texto de… ¡Ehy… Pity! Venga un momento por favor…Anote esto que le voy a dictar para que se lo mande al Muchacho, es un texto que pertenece a Chesterton, el célebre escritor inglés y que dice… (Y el Doctor Isea, haciendo gala nuevamente de su memoria prodigiosa dijo:)

—La Ilíada pudo haber sido escrita por un hombre o por cien. Pero no olvidemos que en aquellos tiempos había más unidad en cien hombres de lo que actualmente hay en uno solo.

La ciudad antigua era como un solo hombre. Ahora cada hombre es como una ciudad en plena guerra civil.

—¡A la mierda! ¡Eso no es moco de pavo! — exclamó el Pity—. ¡Doctor! ¿Usted se relacionaba con Chesterton?

—Solo por correspondencia —dijo el Doctor Isea—. Seco y cortante.

10 | ESTANILASQUI

Ilustración: © Luis Farías

El profesor Antognoli recibió la visita en el “Centro de Estudios La Dormida” de un periodista santafecino interesado en el “Teatro de Antognoli”.

Antognoli. — El nuestro era un teatro que en ese tiempo se lo llamaba vocacional, o amateur, en Brasil le dicen Teatro Amador…

Periodista. — Sí, pero tengo entendido que en su Compañía Teatral actuaba “José Pepe Cadile”, el clown cara blanca y actor que…

Antognoli. — Sí, el gran Pepe, fuimos muy amigos, sí, un milagro haberlo tenido en el elenco, pasó que Pepe, cuando deja el Circo, se queda a vivir en este barrio, y nosotros en esa época teníamos mucho éxito, y cuando se incorporó Pepe ni le cuento, pero el único profesional era él, por eso le digo que todos éramos vocacionales, y fíjese la grandeza de Pepe, en las obras él hacía los coprotagónicos, dejó que yo siguiera con los protagónicos. ¡La humildad de los grandes!…

Periodista. — ¿Usted actuó en las obras de teatro que se hacían en los Circos?

Antognoli. — No, no, yo siempre actué en clubes, mire lo que son las cosas, ahora que usted me hace esa pregunta me doy cuenta de que Pepe y yo nunca actuamos en un teatro, él en circo y yo en clubes.

Periodista. — Claro, seguramente fueron marginados por un sistema cultural dependiente progresista liberal…

Antognoli. — ¡No! ¡Ma qué marginados! No, yo te digo que no actuamos en teatros teatros, pero los clubes, todos, tenían escenario, y ni te digo las Sociedades Españolas y las Italianas, ¡Se llenaba nene, se llenaba!

Periodista. — Respecto al repertorio, ¿Preferían el drama o la comedia?

Antognoli. — ¿El público o nosotros?

Periodista. — Ustedes, y el público también…Ya que está.

Antognoli. — Yo me desenvolvía mejor en las comedias, considero que tengo vis cómica, y Pepe era un actor dramático de la puta madre, nunca vi algo igual. Ahora, ¿El público? Depende… Depende de no sé qué cosa, pero nosotros nos damos cuenta en seguida si un pueblo está más para la comedia o para el drama, y le acomodamos el repertorio…

Periodista. — Juan Moreira, Hormiga Negra…

Antognoli. — Sí, sí, por supuesto, esas obras, siempre, pero también hacíamos “El Facón de Pastor Luna” “Se necesita un hombre con cara de infeliz” “Mi suegra está loca loca”, “El beso mortal”, ahí tenés un drama por excelencia, en El beso mortal, el protagonista es un sifilítico que aparece con máscara porque tiene el rostro deformado y una chica se enamora de él y en la escena final le saca la máscara, ahí la platea se impresionaba mucho, y terminaba con la chica besando al tipo. Y cuando en un pueblo veíamos que se inclinaban más por la comedia o por el drama, cambiábamos los títulos, si preferían las comedias, a “Los Cardales”, que es una obra dramática, la anunciábamos: “Fortunato Vizcacha el terror de las muchachas”, me acuerdo que en “Ranchos” les gustaba más las dramáticas, entonces a “Se casa el tonto Ramón”, que era cómica, la anunciamos como “La angustia de un padre”. Y así…

Periodista. — Respecto a la preparación actoral ¿se basaban en algún método?

Antognoli. — ¿Para actuar en una obra dice usted?

Periodista. — Sí…

Antognoli. — Mirá, en nuestras obras, si tenían seis personajes, cuatro tiraban textos y la obra la sostenían los otros dos que sabían actuar, era así, no todos pueden ser artistas y tampoco hay método, el método o la técnica el artista lo adquiere después de hacer quinientas funciones, pero tiene que ser un artista, o alguien muy comprometido con su labor, un imbécil puede hacer dos mil funciones, pero nunca va a adquirir la técnica ni sabrá por qué hace lo que hace. O sea, el método viene después, y es diferente para cada actor, el método de uno no le sirve al otro, eso de las escuelas de actuación es puro verso, como negocito es bueno, eso sí. Una vez, un actor, envidioso porque lo aplaudían más al Pepe, le propuso intercambiar los personajes en una función, Pepe, siempre generoso, se lo permitió, resultado, lo volvieron a aplaudir más al Pepe ¿Te das cuenta lo que te digo? Hace un rato dijiste algo sobre un… sistema… de progreso…de la cultura libre…algo así. ¿De qué trata ese sistema?

Periodista. — Ah, sí, no, le decía sobre el sistema cultural dependiente….

(El periodista se entusiasmó con su comentario, fueron casi diez minutos de parloteo que iba del papel de la burguesía en no sabemos qué cosa al papel del imperialismo, al papel del teatro independiente y su antiperonismo congénito, y a todos los papeles habidos y por haber. Cuando terminó se dio cuenta de que el profesor Antognoli roncaba)

—¡Ni se le ocurra despertarlo! —intervino Don Quintillo e invitó al periodista a que se retirara, saludándolo cordialmente.

11 | ESTANILASQUI 2

Ilustración: © Luis Farías

El Profesor Antognoli se había quedado dormido en la entrevista con el periodista santafesino. El periodista bajó al bufet y le hizo a unos vermuses, advirtió que le faltaba el grabador, regresó a buscarlo al salón de la biblioteca justo en el momento en que el Profesor Antognoli despertaba y le hablaba al grabador.

Antognoli. —Me quedé pensando en su inquietud sobre nuestras técnicas en la actuación. Pepe tenía un método que consistía en estudiar muy bien el texto y los movimientos que realizaría en escena, lo conseguía en dos o tres ensayos…

Periodista. (Aprovechando la volada se sentó rápido para continuar la entrevista) —¿Pepe trabajaba también la vida interior del personaje?

Antognoli. —¿Usted dice las emociones?

Periodista. —Sí.

Antognoli. —No, no. Pepe la emoción la ponía solamente en la función, nunca en un ensayo, no le hacía falta. Calcule que Pepe tenía un entrenamiento de 30 años donde casi todos los días hacía la función de la tarde como payaso, a la noche lo mismo, más el protagónico de la obra de teatro, porque el teatro se hacía solamente en la función de la noche. Por las mañanas pintaba. Yo tengo dos cuadros preciosos pintados por él, pintaba paisajes. Usted tiene que entender que yo le estoy hablando de un Aristócrata del Circo. Pepe desde muy chico aprendió el arte de la carpintería y la ebanistería, debido a eso fue el primero en el Circo en tener un camarín de madera, antes los camarines eran de lonas…

Periodista. —¿Los camarines para cambiarse y maquillarse?

Antognoli. —Para vivir. Se le decía camarines, las casillas rodantes vinieron después. Le sigo contando: Pepe tenía uno construido por él, todo en madera… y plegable… ¿Se da cuenta?

Periodista. —Sí sí…

Antognoli. —Le digo más: En la pista del Circo, se coloca una lona a modo de alfombra, los acróbatas que hacen «salto en el piso» siempre revisan que no haya quedado algún cascote debajo de la lona. Bueno… Pepe lo hacía también. Un día uno de los saltarines le dice: ¡Pepe! ¿Para qué revisa el piso si usted no salta? Y Pepe le contestó: ¡Ah sí! Yo soy el clown (cara blanca), debo hacer mi entrada bien erguido con la mirada hacia arriba, con mi traje de lentejuelas, imagínate un simple tropiezo con una piedra… Se arruina el número. ¡Phaaa! ¡Un Aristócrata Señor! ¡Un Aristócrata!

Periodista. —¿Qué diferencia encuentra entre el teatro este de Circo y Clubes que hacían ustedes y el teatro de sala o del teatro teatro como dijo hoy?

Antognoli. —Te soy sincero, yo vi pocas obras en teatros… Del arroyo para allá había un grupo… Ahí tenés una diferencia, ellos eran “grupos de teatro”, nosotros “Compañía Artística”, pero te digo, la diferencia estaba en el repertorio… Yo vi una que me gustó muchísimo… No me acuerdo el nombre. El director de ese grupo me invitaba siempre, solía venir acá al bufet, nos tomábamos unos aperitivos y charlábamos mucho, el hombre era poeta, buen entendedor y constructor. Él solito hizo una sala de teatro en un club del arroyo para allá. En el grupo de él había odontólogos, escribanos, maestras, todos con vocación por el teatro.

El periodista santafesino y el Profesor Antognoli siguieron hablando un rato largo, el periodista cada tanto insistía con la «cultura dependiente y la política». Con el Profesor no se sabía bien si no entendía lo que el periodista decía o se hacía el boludo.

En una de esas el Profesor le dijo que ellos en el repertorio tenían la obra «Sacco y Vanzetti» y que después de «Juan Moreira» era la obra que más público llevaba. Siguieron charlando pero ya sin grabador.

El Profesor le pidió al periodista que le contara sobre el «teatro de hoy en día» en Santa Fé, qué repertorio tienen, cómo actúan, nombró algunos pueblos de la Provincia por donde hizo funciones, no eran muchos.

El periodista le comentó que la «Compañía Teatral Venturini Quintero» representaba Juan Moreira en las plazas, al aire libre, con buena aceptación del público y que eso era muy lindo, que era como una fiesta…

—¡Ese es el punto! —gritó el Profesor con entusiasmo —¡Ese es el punto! ¡La fiesta!… ¡Prenda nuevamente el grabador por favor!

El periodista encendió el grabador.

—¿Ya está prendido? —preguntó el Profesor.

—Sí —respondió el periodista.

—¡El teatro siempre tiene que ser una fiesta, una celebración! Ya está, apague nomás.

Si para algo sirvió todo lo que hicimos fue precisamente para eso, para producir la fiesta, y me alegra muchísimo que usted me cuente que unos paisanos suyo hoy estén en lo mismo. ¿Cómo me dijo que se llaman?

—Venturini y Quintero.

—Mándeles un abrazo de mi parte, hágame el favor.

—Serán dados.

12 | CHAU NO VA MÁS

Ilustración: © Luis Farías

—Vení Víbora, tenemos que hablar —dijo Don Quintillo.

—¡A la orden mi General! —respondió el Víbora.

—Sentate… Y no te hagás el vivo.

—Mejor no hablemos de hacerse el vivo, mire que usted está en infracción.

—Desde que… Me reincorporé… Digámoslo así, acá con ustedes, he notado que vas y venís, no veo el entusiasmo ese característico en vos… Como descreído, ahí está, descreído, me salió la palabra. Decime: ¿Cómo estas vos? ¿Cómo estás viendo todo esto?…

—¿En lo particular o?…

—Todo, lo nuestro y el mundo.

—Del país y del mundo le puedo decir que es cada vez más preocupante el terrible avance de la estupidez, y como dice una canción: Hasta mi pobre corazón se volvió idiota, en cuanto a lo nuestro, qué se yo, por momentos parece que tenemos pensamientos anológicos.

—¡Analógico, Víbora, analógico! —corrigió el Doctor Isea, que pasaba con un Fernet y un platito de quesos, traídos del bufet.

—Me extraña Víbora, esos errores en usted. —dijo Don Quintillo.

—Ningún error, pensamiento «ano-lógico», pensamiento al pedo.

—¡Ah! Me quedé corto cuando dije que andabas descreído…

—¡Qué quiere que le haga! Usted me pregunta, yo le contesto. Pero quédese tranquilo Don Quintillo, me esfuerzo para no transferir mi ánimo a los demás, más que nada a los chicos, y no me gusta escupirle el asado a nadie, es más, sigo con atención los esfuerzos del Pity con su escritura, los de María con su Sindicato, pero qué quiere que le diga, hay veces que siento que la única solución es la «Dinamita».

—Ah, bueno, yo así no me puedo ir tranquilo, quisiera pensar que lo de “Dinamita” es una metáfora…

—Sí… Kilos de metáfora.

En el “Centro de Estudios La Dormida”, una vez más el tiempo se confundía, y ahora el espacio también, todos sus integrantes entraban, salían, conversaban entre ellos, de a dos, de a tres, o solo, como el Ruben, con su radio a transistores pegada al oído. Todos sabían que Don Quintillo y el Doctor Isea preparaban la retirada, y ahora sí, para no volver, que junto con ellos morían formas de relacionarse, de entender la vida o no, de soñar, de celebrar, de tantas cosas lindas y que junto con ellos se iba también el “Centro de Estudios La Dormida”, seguiría María por un lado con su naciente Sindicato, apoyada por Carlito y el Víbora, por otro lado el Pity y su escritura, que intentaba continuar la experiencia que llevaron con éxito años atrás el Víbora y Dominguez, y que ahora el Pity aprovecharía todo lo que escribió, pensado y dictado por Calamuchita y el Doctor Isea para mixturarlo con historias románticas, algo parecido a una pareja después del acto de amor, bebiendo, fumando y charlando sobre el “Ser y el Estar”, y que ya tenía asegurada la distribución de los folletines, a cargo del Gitano, que este los vendería entre su enorme clientela de compradores de cualquier cosa.

—Mirá Víbora —dijo Don Quintillo—. Tengo un entripado y no pienso irme hasta saber por qué aquella vez que te pedí prestada la Cantina rodante para vender berenjenas al escabeche a la salida de una Confitería Bailable, te negaste…

—¡Pero será posible! ¡Todavía anda con eso en la cabeza! Mil veces se lo expliqué, hasta lo conté en uno de los libros que hicimos con Dominguez, está documentado…

—¡Era un negoción! Lo tenía todo pensado, solo me hacía falta esa Cantina Rodante…

—No era mía, no era mía…

—¿Ah no?.

—No, la tenía el Gitano.

—¡Qué bonito! Cuando la mano te viene mal la culpa es del Gitano…

—¿Qué culpa? En ese tiempo lo mío eran las historias que escribía y que Dominguez después editaba a modo folletín y el Gitano andaba en lo que mejor hace, las actividades del entretenimiento…

—La sociedad perfecta, uno te entretiene y el otro te bolacea. (El Víbora se paró y amagó a irse). —Sentate haceme el favor, no te aguantas un chiste tampoco…

—¡Ehh! ¡Tambien!…

—Te escucho…dale.

—Pero no interrumpa.

—No.

—El Gitano…

—No solo berenjenas al escabeche, también tenía pensado sumarle choripanes. ¡Qué lástima carajo!… (El Víbora lo miró fijo a Don Quintillo). —Dale, dale, está bien…

—El Gitano, ese verano, estaba en el terreno frente a la terminal de ómnibus ¿Se acuerda?

—Sí, me acuerdo.

—Había armado la carpa de lienzo, en la carpa organizaba espectáculos, rutinas de payasos, cantores, obritas cómicas, esas cosas. En la parte de adelante había:

Una calesita, los botes, los autitos, otros juegos mecánicos y la «Cantina Rodante», que le digo, tampoco era del Gitano, la Cantina se la había prestado el Chacho…

—¡Ah! ¿Era del Chacho? ¿Y por qué no me dijiste entonces, se la pedía a él y chau pinela…

—No señor, cuando usted me la pidió, el Chacho se había llevado la Cantina a otro parque de diversiones que él tenía en Fortín Tiburcio ¿Me entiende ahora?

—No sé, no sé… El Chacho tendría que estar en nuestro Centro de Estudios, ¿Alguna vez fue invitado?

—No, si el Chacho tiene un cuete en el culo, es muy inteligente, sabe un montón, pero habría que atarlo a la silla…

—Como sea, tendría que haber estado acá, otra falla… Tuya o del Gitano.

—En ese caso será del Gitano, si son igualitos, o usted lo vio en este tiempo al Gitano seguirle las pensaderas a Calamuchita o al Doctor Isea, se aburren y se van a la mierda.

—Habría que buscar el modo, el Chacho es cirquero de pura cepa, esos tipos entienden de los asuntos artísticos, pero también son constructores, saben de fierros, de soldaduras, y en lo comercial se mueven a nivel Empresa. ¿Usted se piensa que abundan personas tan completas?

Y nuestros quehaceres necesitan esos aportes, más que nada en lo industrial y lo comercial, o sea, cómo salir de la mishiadura.

—Completamente de acuerdo, pero esos aportes el Chacho se los va a dar a la pasada, charlando en una vereda, caminando dos cuadras con él, o en su terreno mientras arregla algún juego mecánico, ahí le creo.

Don Quintillo fue hasta la ventana que estaba abierta, era el atardecer, un jilguero cantó, sabía que su tiempo en estos pagos terminaba. ¡Sabía, sabía! Más o menos sabía, en todo caso lo sospechaba, estos vencimientos no son muy precisos que digamos.

—¡Che Víbora! ¿No sabes si el Chacho aún tiene la Cantina Rodante?

13 | TENÉS QUE SEGUIR

Ilustración: © Luis Farías

A las confusiones del tiempo y el espacio ahora se le agregaba la poca visibilidad en el «Centro de Estudios La Dormida». Seguramente para no tener que despedirse uno del otro.

Se escuchaba la voz de Don Quintillo entonando una canción… Y alejándose. La ventana estaba abierta y desde el árbol de la vereda, el jilguero amigo de Don Quintillo le hacía la introducción y el acompañamiento al tango de los Hermanos Expósito:

Jilguero … Vivir es cambiar… ¡Dale paso al progreso que es fatal!… Jilguero… ¡Chau no va más…! Simplemente la vida seguirá… (Jilguero extendido mientras Don Quintillo se aleja más) … Si lo nuestro no fue ni ganar ni perder, ¡Fue tan solo la vida, no más!… (Jilguero a su máximo de volumen, pobrecito, como para alcanzar a Don Quintillo que se va… se va…)

Y cambiando de tango, cosa que desorientó al pajarito, Don Quintillo cantó a viva voz… imitando a Goyeneche:

Primero hay que saber sufrir
Después amar, después partir
Y al fin andar sin pensamieto…

El bufet estaba vacío. El Víbora se sentó en el fondo mirando a la pared, pidió una botella de ginebra. El bufetero le dijo: —¿Te parece?

—Sí, quedate tranquilo.

El Víbora sabía que era el fin, ahora sí, Don Quintillo y el Doctor Isea no volverían más, tampoco Dominguez, últimamente aparecía poco, solo alguna risita de vez en cuando, también sabía que él y el Gitano tomarían caminos diferentes y que Carlito quedó solo, sin sus hermanos. Bebió un trago largo de ginebra, como para ahogarse, sintió alivio, sin el Centro de Estudios La Dormida quedaban todos más libres… Y más desamparados. Bebió otro trago, sonrió, lo que parecía eterno dejaba de serlo: «La discusión con Don Quintillo sobre la Cantina Rodante para la venta de berenjenas al escabeche». Pagó por las copas y se fue.

El bufetero le pegó un grito:

—¡Ehy… Víbora!… ¡Tenés que seguir!

El Pity terminó de escribir a mano en un cuaderno «Tintero» de 200 páginas cuadriculadas todo el material para enviarle al Muchacho de Buenos Aires. ¿Quién carajo era el Muchacho de Buenos Aires? Se lo preguntó cuando terminó la escritura, además en la lectura final advirtió que todos los conceptos, historias, sucesos, funcionaban como base teórica para el proyecto de María y que quizás el Muchacho de Buenos Aires andaría en algo parecido. Descubrió que si bien le dieron libertad para interpretar lo conversado, el cuaderno quedó perfectamente vertebrado por los dictados del Doctor Isea. Salió corriendo para contarle a María, desbordado, entusiasmado. A las dos cuadras detuvo la marcha: ¿Qué le iba a decir a María? ¿Qué tenía un material teórico para el Sindicato? O gritarle su amor, que no soporta verla con el novio, que llora por ella, que se va ir a la mierda y no va a volver nunca más, que ya no es vida…

El mundo se le vino encima cuando puso el punto final en el cuaderno, se sintió solo, con un amor que le quema y sin un puto mango.

Por el altoparlante de la camioneta F100 salía la voz del Gitano anunciando para toda la barriada:

¡Compro baterías fierro viejo cobre plomo sueños rotos Señor!

El bufetero subió por la escalera hasta la biblioteca, cerró la puerta con llave y candado, luego limpió el salón de abajo, puso los tablones y caballetes, y siguiendo órdenes estrictas de la Señora Elvira dejó todo listo para la inauguración de la nueva cancha de bochas…

Plastificada.

FIN.

Roberto Iriarte

Compartir en: