EL PRIMER AÑO

La Banquina nació bajo la idea y el formato de un grupo de quijotes, que nunca han dejado de embestir a los molinos de vientos. Quienes los conocemos desde varias décadas atrás, podemos dar prueba de ello y quizás la confluencia de coincidir desde hace un año en este espacio, sea la demostración de que la mística sigue estando.

Un otoño pandémico contaminado por la peste, fue el contexto histórico que sirvió de marco para parir la idea. Y como en un revoltoso deja vu se dieron cita letras conocidas, historias entrelazadas, puñado de recuerdos vertidos sobre el glosario de un tiempo lejano, anécdotas apasionadas al grito unánime de Justicia, ni Olvido, ni Perdón. Atrevidamente volvimos a dejar «las puertas abiertas» cambiando la máquina de escribir por la computadora y la hoja de papel por la virtualidad.

La convocatoria se fue replicando para dar lugar a un reinventarse donde pudimos poner el deseo de coexistir en ese espacio que solo da lugar al texto libre, para construir un mundo mejor. Y los nombres se fueron sumando, la estructura del staff dio paso a los colaboradores mientras la palabra escrita osó extraviarse para nuevamente volver al encuentro.

Linkear cada mes un nuevo número, es internase en una de las tantas ciudades calvinistas donde los recodos laberínticos dan lugar a cuentos, relatos, reportajes, opiniones, derroteros artísticos, críticas literarias, la línea del dibujo y las imágenes que empoderan cada lanzamiento.

Para quienes hacemos de la memoria y la libertad elementos vitales para que los pueblos ganen el espacio público, pongan en duda, cuestionen, debatan y finalmente construyan un pensamiento crítico libre y soberano, es un acontecimiento en sí mismo ser parte de La Banquina. En el mientras tanto, el latido a sangre se hace presente cada mes, con quienes por definición individual y colectiva se tornan entrañables. O como los definió el poeta militante: «Hay gente que, con solo dar la mano, rompe la soledad, pone la mesa, sirve el puchero. Y uno se va de novio con la vida, desterrando una muerte solitaria. Pues sabe, que, a la vuelta de la esquina, hay gente que es así, tan necesaria».

María Cobarrubia

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