ENTREVISTAS EN LA NOR-PAMPA | CARLOS ADRIÁN POLO

“Malvinas se convirtió en el eje de mi vida”.

Carlos Adrián Polo nació en Pergamino el 6 de mayo de 1962. En esta ciudad realizó sus estudios primarios, secundarios y estudió Tecnicatura Contable en la UCA.
Casado con un hijo. En la actualidad goza de una merecida jubilación que le permite leer, pensar y escuchar música entre otras cosas.
En la guerra de Malvinas se desempeñó como artillero de uno de los cañones SOEMA de 155 MM que estaban ubicados en Sapper Hill (Cerro de zapadores) en la isla Soledad. En ese lugar fue herido en combate el 12 de junio de 1982.
A días de cumplir los sesenta años reconoce que ese hecho significativo que fue su participación en esa guerra, se constituyó en el eje de su vida. Estos son sus recuerdos.

¿Cómo reaccionaste cuando te enteraste del recupero de las Malvinas?

Cuando se produce el recupero de nuestras islas Malvinas ya me habían dado de baja del servicio militar que lo había hecho en Junín, donde tuvimos una preparación muy especial, muy intensa. Estudiaba en la UCA y recuerdo muy especialmente esa mañana cuando mi madre me llevó un mate a la cama y me dio la noticia. Me alegré mucho y algo dije, pero ella -madre al fin- me dijo llorando «no sabés lo que decís… te van a convocar».

Tal como lo predijo me llegó la cédula. Fui a Junín donde me reincorporé y desde allí fui trasladado al sur.

¿Cuándo sentiste que estabas metido en una guerra?

Después de un largo periplo en tren y en camiones llegamos a la localidad de Luis Piedrabuena (Santa Cruz). Ya teníamos plena noción de que era una guerra de verdad que se había iniciado el 1° de mayo con el bombardeo de los ingleses a la pista de aterrizaje de Puerto Argentino, el 2 de mayo hunden al Belgrano y el 8 de mayo me comunican que había sido seleccionado con otros 25 compañeros sobre 300 soldados para cruzar con dos cañones. Debo decir que no crucé obligado. Me habían dado la oportunidad de decidir si quería o no quería cruzar. Dije que sí con todo un sentimiento patriótico que había en el aire, dije que sí también por esas ansias de aventura y porque tenía la fuerza de 19 años.

El 13 de mayo en un avión hércules que volaba al ras del agua para no ser detectado por los radares ingleses logramos después de varios intentos aterrizar el 14. Fuimos recibidos por un intenso bombardeo a la pista donde habíamos aterrizado. Es indescriptible trasmitir lo que es eso: silbidos, explosión y ver como vuela todo. Tomé conciencia real de lo que era una guerra, pero todavía me faltaba ver mucho más.

¿Qué pensaste en ese momento?

Como siempre pensé en mis padres. Me gusta decir que tenía tanta conciencia de que podía pasar algo fatal que antes de partir dejé un banderín firmado para que sea entregado a mis padres por si algo me pasaba. También llamé a mi primo Luciano Polo para que sea el responsable de hacer lo que se debe hacer si moría. Esto es porque en las diferentes comunicaciones que había tenido con mi familia les oculté para que no se preocuparan de que había decidido marchar a las islas.

¿Cuál fue tu primer destino?

Fuimos destinados a Sapper Hill (Cerro de zapadores) en la isla Soledad. Se encuentra al sur del Puerto Argentino. Un lugar que al estar próximo a la capital isleña era de gran importancia estratégica.

Nuestros dos cañones SOEMA cumplieron allí un papel muy importante, ya que al tener un alcance de 20 km. no permitían acercarse a la flota inglesa. A esto se debe de que fuera uno de los principales objetivos de los ingleses que nos atacaban de todas las maneras posibles.

Nuestros cañones le hicieron mucho daño tal como lo relatan los mismos ingleses. Fue un mes de intenso fuego. Por momento parecía que el lugar estuviera a punto de estallar en llamas. Ahí aprendimos a convivir con esos ruidos. A tal punto que sabíamos por el silbido donde caerían las bombas.

¿A convivir con la muerte?

Si a convivir con la muerte. Es que nos habíamos convertido en animales. Animales en todo sentido desde tomar agua de los charcos, comer restos de comida, de no bañarnos, animales que se acostumbran al estampido que dejaban los proyectiles al salir de la boca de nuestros cañones, el silbido de los proyectiles de la artillería británica antes del impacto que daban en las noches una imagen dantesca como si fuera un espectáculo de fuegos artificiales, pero en nuestro caso letales y, sobre todo, por festejar cuando dábamos en blanco sin tener la menor conciencia que del otro lado había hombres como nosotros, jóvenes como nosotros.

El 12 de junio se produce un bombardeo en el que fuiste herido ¿Cómo recordás ese momento?

El ataque de ese 12 de junio fue distinto a todos los anteriores. A las 11:13 hs dos cazabombarderos British Aerospace (BAe) Harrier GR.3 pertenecientes a la Real Fuerza Aérea (RAF), atacaron la posición «desde atrás», o sea desde una dirección distinta a la habitual, haciendo una corrida de norte a sur. Se lanzaron en picada sabiendo exactamente donde estaban los cañones. En el ataque utilizaron todo lo que tenían: cañones, cohetes y bombas de racimo del tipo Beluga, que alcanzaron e inutilizaron a uno de los cañones, la posición se transformó entonces en un hongo de humo mezclado con olor a pólvora.

Vi a un compañero que le salía humo por la espalda por una bala que lo había atravesado. Recuerdo aún hoy a cuarenta años el sonido de los estampidos, piedras que vuelan, humo intenso, el olor a pólvora y el dolor de los oídos, que te deja como atontado, no podés escuchar nada.

En un principio creía que me había quebrado, porque recibí seis esquirlas en las piernas y en el hombro. No me podía desplazar, ya que una de ellas me había pegado en el hueso a la altura de la rótula de la rodilla izquierda. Veía a mis compañeros revolcándose y no podía hacer nada.

En ese ataque murió nuestra mascota, un perro callejero llamado Tom que había llegado a las islas de polizón. Un perro muy querido por todos nosotros.

¿A partir de allí comienza un largo periplo de recuperación?

El 13 de junio en el último vuelo que pudo salir de la isla debido al bloqueo nos trasladan. Pasamos por Ushuaia y luego en Comodoro Rivadavia, fui internado en el Hospital Regional de esa ciudad. Allí permanecí dos días antes de ser nuevamente evacuado. Aquí no quise atenderme con una médica por el estado en que estaba, ya que llevaba un mes sin bañarme y me dio vergüenza que viera el estado en que estaba. Después fuimos al Hospital Naval de Puerto Belgrano y de allí al Hospital Regional Bahía Blanca. Tengo muy presente como la gente que venía todos los días a visitarnos y nos traía regalos y comida. Teníamos la alegría de estar vivos, mezclado con la tristeza de nuestros muertos, con la angustia de la derrota y ese sentimiento de fracaso que aún no ha cambiado a través de tantos años.
Ahí fue donde recibí la visita de mi viejo, que estaba creído que me faltarían las piernas por una confusión en la comunicación. Mi mamá no pudo venir porque estaba internada en Pergamino con pulmonía. Fue tremendo ese encuentro con mi viejo. Fue un encuentro muy emotivo.
Luego fui trasladado al CARI, un centro de rehabilitación en Campo de Mayo, donde permanecí por varios días. En este lugar fui convocado para una Junta Militar donde se me exigió que no debía hablar de lo que había pasado. Lo hicieron bajo amenaza, pero yo pensé en ese mismo momento ¡Qué no voy a hablar!

Más tarde llamé a mi padre porque podía caminar con muletas y tenía la necesidad de marcharme. Lo hice sin firmar el acta de salida. Un soldado de guardia quiso detenerme, pero le grité que se corriera que ya estaba. Qué ya era suficiente y lo entendió. De esa manera me fui sin firmar el acta de salida. Pero no me marché de Malvinas porque se convirtió en el eje de mi vida.

Es que fue muy traumático lo que te ha tocado vivir. Son vivencias muy difíciles de olvidar.

Es que no fue sólo lo vivido en las islas. Malvinas continuó. Continuó con una posguerra durísima. Es que volvimos por la puerta de atrás. Entre otras cosas nos vincularon con los militares de la dictadura y después, la democracia tampoco nos trató bien. Empezamos a formar y a integrar Federaciones, Centros y otros espacios para ayudarnos, para entender lo que había pasado, que nos había pasado. Tenemos más de 400 compañeros que se suicidaron y son 252 los ingleses que eligieron ese camino. Es todo muy difícil, muy traumático ¿Cómo no se va a convertir en el eje de mi vida? A tal punto que cuando quiero dejarla, ella se me mete por los rincones menos inesperados. Es que la guerra sea larga o corta destruye lo que hay de humano en el humano, destruye al hombre por el mismo hombre. Quien sintetiza lo que entiendo por una guerra lo dijo en una sentencia Alfred Hartmann a sus adversarios soviéticos «la guerra es un lugar donde jóvenes que no se conocen y no se odian se matan entre sí, por la decisión de viejos que se conocen y se odian, pero no se matan».

Adrián Polo en un encuentro con excombatientes.

Rafael Restaino

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