12 | CHAU NO VA MÁS

—Vení Víbora, tenemos que hablar —dijo Don Quintillo.

—¡A la orden mi General! —respondió el Víbora.

—Sentate… Y no te hagás el vivo.

—Mejor no hablemos de hacerse el vivo, mire que usted está en infracción.

—Desde que… Me reincorporé… Digámoslo así, acá con ustedes, he notado que vas y venís, no veo el entusiasmo ese característico en vos… Como descreído, ahí está, descreído, me salió la palabra. Decime: ¿Cómo estas vos? ¿Cómo estás viendo todo esto?…

—¿En lo particular o?…

—Todo, lo nuestro y el mundo.

—Del país y del mundo le puedo decir que es cada vez más preocupante el terrible avance de la estupidez, y como dice una canción: Hasta mi pobre corazón se volvió idiota, en cuanto a lo nuestro, qué se yo, por momentos parece que tenemos pensamientos anológicos.

—¡Analógico, Víbora, analógico! —corrigió el Doctor Isea, que pasaba con un Fernet y un platito de quesos, traídos del bufet.

—Me extraña Víbora, esos errores en usted. —dijo Don Quintillo.

—Ningún error, pensamiento «ano-lógico», pensamiento al pedo.

—¡Ah! Me quedé corto cuando dije que andabas descreído…

—¡Qué quiere que le haga! Usted me pregunta, yo le contesto. Pero quédese tranquilo Don Quintillo, me esfuerzo para no transferir mi ánimo a los demás, más que nada a los chicos, y no me gusta escupirle el asado a nadie, es más, sigo con atención los esfuerzos del Pity con su escritura, los de María con su Sindicato, pero qué quiere que le diga, hay veces que siento que la única solución es la «Dinamita».

—Ah, bueno, yo así no me puedo ir tranquilo, quisiera pensar que lo de “Dinamita” es una metáfora…

—Sí… Kilos de metáfora.

En el “Centro de Estudios La Dormida”, una vez más el tiempo se confundía, y ahora el espacio también, todos sus integrantes entraban, salían, conversaban entre ellos, de a dos, de a tres, o solo, como el Ruben, con su radio a transistores pegada al oído. Todos sabían que Don Quintillo y el Doctor Isea preparaban la retirada, y ahora sí, para no volver, que junto con ellos morían formas de relacionarse, de entender la vida o no, de soñar, de celebrar, de tantas cosas lindas y que junto con ellos se iba también el “Centro de Estudios La Dormida”, seguiría María por un lado con su naciente Sindicato, apoyada por Carlito y el Víbora, por otro lado el Pity y su escritura, que intentaba continuar la experiencia que llevaron con éxito años atrás el Víbora y Dominguez, y que ahora el Pity aprovecharía todo lo que escribió, pensado y dictado por Calamuchita y el Doctor Isea para mixturarlo con historias románticas, algo parecido a una pareja después del acto de amor, bebiendo, fumando y charlando sobre el “Ser y el Estar”, y que ya tenía asegurada la distribución de los folletines, a cargo del Gitano, que este los vendería entre su enorme clientela de compradores de cualquier cosa.

—Mirá Víbora —dijo Don Quintillo—. Tengo un entripado y no pienso irme hasta saber por qué aquella vez que te pedí prestada la Cantina rodante para vender berenjenas al escabeche a la salida de una Confitería Bailable, te negaste…

—¡Pero será posible! ¡Todavía anda con eso en la cabeza! Mil veces se lo expliqué, hasta lo conté en uno de los libros que hicimos con Dominguez, está documentado…

—¡Era un negoción! Lo tenía todo pensado, solo me hacía falta esa Cantina Rodante…

—No era mía, no era mía…

—¿Ah no?.

—No, la tenía el Gitano.

—¡Qué bonito! Cuando la mano te viene mal la culpa es del Gitano…

—¿Qué culpa? En ese tiempo lo mío eran las historias que escribía y que Dominguez después editaba a modo folletín y el Gitano andaba en lo que mejor hace, las actividades del entretenimiento…

—La sociedad perfecta, uno te entretiene y el otro te bolacea. (El Víbora se paró y amagó a irse). —Sentate haceme el favor, no te aguantas un chiste tampoco…

—¡Ehh! ¡Tambien!…

—Te escucho…dale.

—Pero no interrumpa.

—No.

—El Gitano…

—No solo berenjenas al escabeche, también tenía pensado sumarle choripanes. ¡Qué lástima carajo!… (El Víbora lo miró fijo a Don Quintillo). —Dale, dale, está bien…

—El Gitano, ese verano, estaba en el terreno frente a la terminal de ómnibus ¿Se acuerda?

—Sí, me acuerdo.

—Había armado la carpa de lienzo, en la carpa organizaba espectáculos, rutinas de payasos, cantores, obritas cómicas, esas cosas. En la parte de adelante había:

Una calesita, los botes, los autitos, otros juegos mecánicos y la «Cantina Rodante», que le digo, tampoco era del Gitano, la Cantina se la había prestado el Chacho…

—¡Ah! ¿Era del Chacho? ¿Y por qué no me dijiste entonces, se la pedía a él y chau pinela…

—No señor, cuando usted me la pidió, el Chacho se había llevado la Cantina a otro parque de diversiones que él tenía en Fortín Tiburcio ¿Me entiende ahora?

—No sé, no sé… El Chacho tendría que estar en nuestro Centro de Estudios, ¿Alguna vez fue invitado?

—No, si el Chacho tiene un cuete en el culo, es muy inteligente, sabe un montón, pero habría que atarlo a la silla…

—Como sea, tendría que haber estado acá, otra falla… Tuya o del Gitano.

—En ese caso será del Gitano, si son igualitos, o usted lo vio en este tiempo al Gitano seguirle las pensaderas a Calamuchita o al Doctor Isea, se aburren y se van a la mierda.

—Habría que buscar el modo, el Chacho es cirquero de pura cepa, esos tipos entienden de los asuntos artísticos, pero también son constructores, saben de fierros, de soldaduras, y en lo comercial se mueven a nivel Empresa. ¿Usted se piensa que abundan personas tan completas?

Y nuestros quehaceres necesitan esos aportes, más que nada en lo industrial y lo comercial, o sea, cómo salir de la mishiadura.

—Completamente de acuerdo, pero esos aportes el Chacho se los va a dar a la pasada, charlando en una vereda, caminando dos cuadras con él, o en su terreno mientras arregla algún juego mecánico, ahí le creo.

Don Quintillo fue hasta la ventana que estaba abierta, era el atardecer, un jilguero cantó, sabía que su tiempo en estos pagos terminaba. ¡Sabía, sabía! Más o menos sabía, en todo caso lo sospechaba, estos vencimientos no son muy precisos que digamos.

—¡Che Víbora! ¿No sabes si el Chacho aún tiene la Cantina Rodante?

CONTINUARÁ...

INTEGRANTES DEL CENTRO DE ESTUDIOS LA DORMIDA

Don Quintillo, conductor político y social del arroyo para acá.
El Doctor Isea, doctor de todas las disciplinas habidas y por haber y de las indisciplinas también.
Elvira, docente jubilada de autoridad indiscutida en la zona.
Calamuchita, hombre muy leído.
El Profesor Antognoli, director de teatro retirado.
Dominguez, que no se sabe muy bien si es que no terminó de irse del más acá o está volviendo del más allá.
Carlito (sin ese), se presenta singular, pero en realidad son tres hermanos en uno.
El Pity, joven escritor encargado de llevar al papel (lo mejor que se pueda) la oralidad de los integrantes del Centro de Estudios.
El Ruben, levantador de quiniela y tesorero de la Institución.
El Víbora y El Gitano, cuando les conviene son uno solo.
María, una bella e inquieta muchacha con ideas transformadoras.

Roberto Iriarte

Ilustraciones: © Luis Farías: Nació en 1976. Estudió dibujo con Luis Contrera y colabora con Roberto Iriarte en algunas publicaciones. También es profesor de historia.

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