¡NUNCA SE VIO NADA IGUAL!

La historia del fútbol argentino está cimentada en grandes y también pequeños relatos. El que vamos a transitar ocurrió el día 18 de octubre de 1967 en la cancha de Rosario Central. Se trata de un pequeño y colorido relato que ya entró en la inmortalidad del folklore futbolístico.

Año 1967… Torneo Nacional organizado por la AFA… cumplidas las primeras cinco fechas marchaban punteros Independiente, Estudiantes de La Plata y Rosario Central (dirigido por Miguel Ignomiriello) que décadas después dirigiría a Douglas Haig.

En la sexta fecha, los rosarinos recibían en Arroyito a San Martin de Mendoza. Estadio lleno, mucha euforia en toda la hinchada «canalla». Central al ataque desde el inicio con aquel equipo que formaba Andrada, Pascutini y Sesana; González, Landuddi y Bautista; Genonis, Palma, Poy, Bielli y Giribert. Pero el primer tiempo finalizó con triunfo de San Martin por uno a cero, gol de Benito Valencia.

La etapa final, Central la inició y continuó atacando con mucho ímpetu, pero poca claridad. Llego el empate con gol de Giribert y cuando parecía que los mendocinos estaban contra las cuerdas, contragolpe y segundo gol de Benito Valencia. Sorpresa. Levanta presión la hinchada rosarina. Pasaban los minutos y San Martín resistía como podía. El cotejo se hizo cada vez más vibrante y los jugadores y la hinchada rosarina reclamaron por dos penales que el árbitro Bossolino no sancionó. Clima cada vez más pesado.

Central estaba perdiendo el invicto y el liderazgo, y sus hinchas culpaban al árbitro. En este contexto, detrás del arco de Andrada comenzó a gestarse un hecho inédito que después ingresaría en la célebre colección «Crease o no» de Ripley.

En el alambrado había una puerta con candado. Algunos hinchas la forzaron y varios integrantes de la denominada «banda del bombo» se asomaron al campo de juego. Y dos de ellos ingresaron para esperar el final del partido y poder increpar al réferi.

Uno de estos dos hinchas se llamaba Orlando Antonio Espip, tenía 20 años y le decían el «Turco». Y muy pronto coincidiría con Andy Warhol que había anticipado que «en el futuro todos tendremos nuestros 15 minutos de fama».

Una vez que entraron al campo de juego, el Turco Espip y su compañero, se quedaron junto a los fotógrafos que cubrían el arco de Andrada. De esta forma no llamaban la atención. En tanto, Central siguió atacando como podía, con muchos jugadores y dejando espacios para un contragolpe mendocino. Y en uno de esos contraataques se escapó Benito Valencia, solo, en busca del tercer gol. El arquero Andrada salió del área para detenerlo y entonces el delantero remató con mucha calidad por encima de su cabeza. La pelota comenzó a viajar sin escollos a la vista, rumbo a la red.

Fue entonces que el Turco Espip no dudó ni un instante en invadir el área de Central y detener el remate antes que ingresara al arco. Nadie podía creer lo que estaba sucediendo.

Y aquí viene otro detalle memorable. El Turco, después de parar la pelota, la dejó quietita bajo su pie, levantó la cabeza, avanzó unos metros y le dió un pase al defensor Bautista. Fantástico. Nada de tirarla fuerte y lejos. Salió jugando con perfecta técnica después de haber evitado el tercer gol mendocino. Un crack.

Antes de volver a la tribuna por donde había ingresado, el Turco fue ovacionado.

Bossolino reanudó el cotejo como establece el reglamento, haciendo un pique en el lugar de la interferencia, el cual no trajo consecuencias.

El partido continúo y Central no pudo empatar. Pero todo el periodismo le dio amplia cobertura a la jugada del Turco Espip. La revista El Grafico tituló con letras tipo catástrofe «¡Nunca se vio nada igual!».

Cuando el Turco falleció el 15 de mayo de 2015, todo Rosario Central lo despidió como se despide a los ídolos.

Carlos Alberto Bonet

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