ALTA SUCIEDAD

Días tormentosos –mientras escribo esto-, y pienso: años tumultuosos, también. Para todxs, quien más, quien menos…

No tengo certeza de nada. O casi. De muy pocas… Sólo de aquellxs a quienes quiero, amo, y se han llevado, tienen gran parte de mi corazón… Y no mucho más. Y hablo de parte mía solamente con respecto a esto. Es unilateral. El contrato es así… El otrx, otro mundo, galaxia, universo, lejana, siempre muy lejana…

Cuando me vine a vivir a Buenos Aires, siendo muy joven, albergamos un tiempo en el PH que alquilábamos con un amigo a un tipo, ya ni recuerdo su nombre, con su novia. De Azul era el flaco –si mal no recuerdo-. Periodista; de barricada, o eso aparentaba. Amante de la vieja, y mítica revista de Enrique Symns, la Cerdos y Peces; y que nosotros tanto idolatrábamos de cuando ya vivíamos en Perga, apenas si llegaban 10 o 12 ejemplares a la ciudad, y uno salía a buscarla siempre, todos los meses, cuadra por cuadra, antes de que se agotara. Siempre en los márgenes estuve. Y me cae ahora otra ficha por esto mismo que cuento: ese es mi estilo. Siempre en los márgenes. Afuera. Marginal, y no por vocación; no se es marginal por gusto, supongo que nadie lo hace por elección sino porque la vida misma fue la que te puso allí, lo que te ofreció. Y anda a salir… Bueno un poco ese es mi caso… En los márgenes siempre. De costado. Lejos de la escena principal, en la periferia… Esa es mi agua. Mi elemento. Allí me muevo, es lo que conozco; no mucho más. Pero, bueno, volviendo a este periodista tipo bonzo (?) que teníamos en nuestra casa porteña, de aquellos años, él siempre decía, refiriéndose a esta ciudad como “la lejana Buenos Aires”… Igual que en la obra de Manuel Mujica Láinez. Tomaba parte del mundo de este escritor para hacer referencia a la ciudad que nos albergaba porque según él, y con razón –veo– decía: Buenos Aires siempre te queda lejos. Siempre es así. Cuando sos del interior porque sos del interior. Y cuando vivís, estás en ella, de igual forma. Nunca podes alcanzarla. Es tan grande. Tan grosera en su magnitud, a todo nivel, que nunca llegas a ella. Corriendo como un burro detrás de la zanahoria estás, o anhelando lo que sabes nunca va a suceder, de estar en tus brazos, en ese encuentro tan anhelado e imposible al mismo tiempo. Un poco así es también el otrx. Lejano siempre. Inabarcable. Inalcanzable… No hay caso. No se puede esperar, ni suponer nada respecto a ese otrx. No tiene mayor sentido hacerlo.

Moverse, creo que acá está la dificultad del yeite, sin esperar nada de nada del otrx. Pero nada, eh…. Cero. Como si no estuviera. Hacer de cuenta eso. Es lo mejor, lo más sano. Para evitar decepciones… Lo sabemos, estas no tardan en llegar, y me parece que nos pasa eso porque no sabemos movernos, por esto de andar esperando, de una u otra forma, algo a cambio… Como en una relación comercial. Suena feo pero es un poco así. Pienso también que es hasta humano, ¿no? Somxs seres sociales… Quien no quiere de vez en cuando sentarse a charlar un poco con alguien, e intercambiar; escuchar y ser escuchado, poder contemplar y ser contemplado, sentir y que nxs sientan lxs que tenemos al lado. Y ni que hablar si nos adentramos en el terreno sexual, eso de estremecernxs en un orgasmo, o tan sólo poder sentir una caricia, de tanto en tanto… Sentirse amado. Es raro eso también. No soy un especialista en el tema, más bien –aunque no me guste– todo lo contrario… Pero las variadas neurosis y psicosis de distinto tipo y tenor desperdigadas por aquí y por allá, en todxs, han hecho su mella, y hacen que las cosas estén así, hoy por hoy: livianas, falsas –más de una vez-, superfluas… Todo eso en vez de acercar aleja, y cada vez más, a todxs de todxs… Ya lo dice el dicho: “Cuanto más conozco a la gente más quiero a mi perro”. Y no tengo perro. Jah, y me río. Pero… así estamos.

Alta suciedad, cantaba Calamaro. Cuánta razón.

El tema está en tratar de hacer pie, para no hacernxs daño; y evitar que nos sigan dando palos –sea quien sea, tu pareja, padre, madre, hermano/a, “amigue”, jefe, vecinx. No importa quién. El que sea–… No se puede andar así por la vida, convengamos. A mí me gusta entregarme, creer, que se yo, esas cosas, que ya son de antaño, y por ahí no dan tan buenos resultados, en cualquier aspecto y/o vínculo, aunque me duela aceptarlo.

Lejano todo, y así y todo sigue oliendo mal, tanto. “Algo huele mal en Dinamarca”, ya lo dijo Shakespeare, en su Hamlet inmortal. ¿Seremos nosotrxs lxs que estamxs tan mal, todxs así, tan nauseabundos, con este olor a podrido que venimos como desperdigando…? Quizá, sea por eso, que ya no podemos ni acercarnxs de verdad. Quizá sea esta la verdadera razón… Nos juntamxs sólo para matar el tiempo, y no mucho más. Lo demás ni soñarlo.

Asumir el fracaso, de eso se trata. Convencernos de que todo lo que hay, como está, en este mundo actual: vínculos laborales, sociales, humanos están fétidos, son falsos. La gran mayoría de las personas tienen miedo, pareciera, de reconocer sus derrotas individuales –incluso, para sí mismos–. Yo no. No es mi caso. No le gané nunca a nadie, a nada… Es hora de aceptarlo. Quizás como modo de deconstrucción humana, a todo nivel, para que la existencia no sea este saco de engaños y podamos antes de morir creer, tal vez, hasta de nuevo en las cosas lindas de la vida, y que hoy sabemos fue todo un gran engaño. Barajar y dar de nuevo, porque, así como venimxs estamxs apestando… Cuánta razón tenía Discepolín en muchos de sus tangos.

Quisiera creer que esto, alguna vez, mejorará –la raza humana, digo-, la gente, hacedora de tantos males a diestra y siniestra, en modo macro y micro también, en tu pequeño mundo, en tus vínculos más cercanos. Tiemblo por mi hijo. Lo amo sanamente –el mejor modo de amor acá-, ¿lo ven? No espero nada a cambio. Así tendría que ser en todas las relaciones. Pero no lo es, todo lo contrario. Mentimxs, engañamxs, manipulamxs, estafamxs. Paren el mundo, que me quiero bajar. Ya. Tiemblo por mi hijo, y mis sobrinas, y todes les niñes porque este lugar que habitamos es un espanto. Ojalá podamos no sólo hacer cambios a nivel macro como sociedad sino también ser menos jodidxs, cínicxs y malvadxs en nuestras vidas cotidianas, con nuestrxs seres más cercanxs.

Que se yo. De todos modos, mejor no me ilusiono más… Puras margaritas a los chanchos.

Marcelo Saltal

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