APUNTES DEL RAFA | LOGOFOBIA Y LOGOLATRÍA

I.

A fines de 1966, el escritor Leopoldo Marechal, viajó a Cuba para integrar el jurado del Concurso Literario de Casa de las Américas. Esto le permitió tener diversos encuentros con intelectuales, artistas, políticos. En una de esas noches en que caminó “junto al mar feérico, bajo el plenilunio” acompañado de dos colegas que vestían pulcras guayabera, disertaban acaloradamente sobre Carlos Marx. Marechal no pudo evitar su fino humor argentino para responder:

—El viejo Marx, ha prolongado su gloria merced a esa flexibilidad de su dialéctica. Pero, en cambio, lanzó al mundo una «logofobia» retardante de muchos procesos revolucionarios.

La contestación no se hizo esperar.

— ¿Qué es una «logofobia»? —inquirió el que lucía una impecable guayabera blanca.

—Logofobia —le respondió Marechal— es el terror a ciertas palabras. Y el término «marxismo», es una de las más actuales.

— ¡Eso merece un extra seco en las rocas! —rugió uno de los acompañantes, muy entusiasmado.

—Lo tomaremos en cuanto exponga mi enseñanza paralela sobre la «logolatría».

— ¿Y qué diablo es una «logolatría»? preguntó también el de la guayabera blanca.

—Es una adoración de la palabra por la palabra misma —le contestó—. Generalmente, se toma una logolatría para defenderse de una logofobia.

— ¿Ejemplos de logolatrías? Inquirió con urgencia el otro acompañante.

—Los términos «democracia», «liberalismo», «civilización occidental y cristiana» o «defender nuestro estilo de vida», esto último, naturalmente, a costa de los estilos ajenos.

— ¿No es ésa una muletilla del Tío Sam? No pudo dejar de decir muy animoso el acompañante de la guayabera blanca, sin disimular una carcajada, que mostraba una dentadura perfecta, unos dientes blancos, parejos, muy cubanos.

—El Tío Sam, ¡qué tío!

Sonaron tres carcajadas cristalinas en la noche del trópico.

II.

No hace falta agregar más. Marechal, maestro enorme de la pluma nacional, precisó con exactitud ante sus compañeros y posiblemente para la posteridad lo que se entiende por esos dos términos tan pocos usados como lo son logofobia y logolatría. Por lo tanto, podemos asegurar que no puede quedar más completo en este apunte, con el cual iniciamos, entusiastas, el nuevo año.

Sólo me quedaría por señalar que ese miedo, esa aversión irracional a ciertas palabras, continúa hoy en día. Continúa a casi un cuarto del siglo XXI. Continúa con una firmeza que nos hace pensar ¿Qué poco se ha avanzado? No se puede creer que decir peronismo, nacionalismo, independencia, comunismo, inclusión, siguen doliendo, siguen molestando por lo que significan, por lo que simbolizan y conllevan esas palabras.

Respecto a logolatrías, hoy por hoy, diría que siguen siendo las mismas que señalara Marechal. Podría agregar sin esfuerzo: esas palabras que se repiten continuamente como república, honestidad, libertad, igualdad, democracia, justicia. El tema que debo señalar, y esto hay que decirlo de manera firme, no es que uno se encuentre en contra de esas abstracciones, sino que no se pueden creer en esas bocas que las emiten.

Supongamos “justicia” en boca de Stornelli; “República” en Carrió, “honestidad” en Macri ¡Por Dio! Diría el inefable riojano que supimos tener de Presidente.

Un buen ejercicio para nuestros posibles lectores en este verano, que se presenta bastante tórrido, sería hacer una lista rápida de cinco logofobias y cinco logolatrías. Qué tengamos todos, un buen año. Muchas Gracias.

Rafael Restaino

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