LOS VENDEDORES DE ORQUÍDEAS

“La imagen es lo que queda” Couchot.

Hubo un tiempo en que era común regalar una orquídea asfixiada en una caja de acrílico transparente. Provocaba cierta angustia. Una flor encerrada como una preciada joya en una cajita de cristal. Al fin y al cabo, su destino no se modificaba por el exuberante packaging. La flor ya había muerto, aunque aún exhalara belleza.

¿Qué nos dejan estas fotografías? ¿Qué queda aquí?

¿Acaso estamos encerrando las infancias tras el cristal de la inequidad, de la injusticia?

Dubet, sociólogo francés, sostiene que no basta la convicción de una sociedad más igualitaria para que el principio de igualdad llegue a constituir una “voluntad” de igualdad social. Cuando una sociedad debilita sus sentimientos de solidaridad y fraternidad, cuando la felicidad individual no hace a la pública, las desigualdades se ahondan.

La igualdad de oportunidades meritocráticas no es más que un mero cliché cuando la realidad se impone de manera brutal.

Para que los principios de igualdad, solidaridad, justicia social, fraternidad, dejen de ser una entelequia, no basta con indignarnos ante la injusticia, no basta con “dolernos” y mucho menos desgarrarnos ante la imagen.

Quizás «lo que queda» vaya más allá de una huella o un enigma de lo fotografiado ¿Será acaso, la interpretación de la imagen, la que nos guie a asumir el compromiso individual y social, de liberar a las infancias? ¿Será posible romper la trampa del cristal de la “compasión” que las somete?

Carmen Rolandelli

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