ROBERTO VEROS: TALENTO Y HONESTIDAD

PERIODISTA TODO TERRENO, DIBUJANTE HISTORIETISTA Y MÚSICO EN LOS AÑOS DORADOS.

Si hablamos de alguien que marco el tiempo de la segunda mitad del siglo pasado y principios de este, se llama Roberto Veros, periodista, músico, conductor radial y televisivo, dibujante, historietista, con un área de influencia que pasa por Rosario, Pergamino y Junín y, esporádicamente, Buenos Aires.

Todo realizado con absoluta profesionalidad y (al menos para quien escribe la nota) no solo, ha sido y es un ejemplo como comunicador, sino que, en sus otras actividades, descolló por su increíble talento y creatividad.

Roberto fue el alma mater del diario local en sus mejores épocas y musicalmente integro los grupos más reconocidos de los 70. Sus historietas y dibujos también fueron protagonistas de ese tramo y transición de siglo, generando siempre sorpresa y “adicción” en quienes lo leían.

Pero que lo diga el…

Lo presentamos: Roberto Veros, un joven de 80 años, nos cuenta vida y latir de la comunidad a través de su tránsito en ella.

En tu vida atravesaste o te atravesó el periodismo oral y gráfico; el dibujo, la historieta, la música y algunas cosas más, que hacen a la integridad artística como el ser un cinéfilo ¿con cuál de ellas te definirías?

Me defino como baterista, ¡mira vos! Nada me hubiera gustado más que ser un buen batero, peeeeeero… (quizás, en la próxima vida).

EL PERIODISTA

Yendo al periodismo ¿Qué recuerdos te traen tus inicios en Radio Más o en Canal 3 de Rosario y como llegaste a cada uno de esos lugares?

En realidad, empecé de adolescente, los domingos antes de la misa de 11, en Publicidad Mon. Era un programa de media hora, puro jazz, junto a mi amigo Jorge Resa Leclerc, bajo la atenta mirada/escucha de don Ernesto Montardit. Después, sí, en la Publicidad Mas, de Héctor «Pololo» Masagué, con Elena Mondot como locutora y operadora. Era un espacio de media hora, con tangos instrumentales y textos de las «Aguafuertes porteñas» de Roberto Arlt. Luego vino todo lo demás.

¿Cómo llegas a la televisión rosarina?

Lo de «De 12 a 14», por Canal 3 de Rosario, fue así: un sábado al mediodía fui a cubrir para «Pergamino entre 15 días» un programa del INTA Pergamino (con viejos compañeros de la Estación Experimental, como Carlos Vanaro) que se emitía por la TV rosarina. El productor, Moisés Guterman, se fijó en ese periodista (medio chacarero pero caradura) y dos semanas después me convocó para que fuera a Rosario para una prueba ante cámaras y con el director Raúl Serrano. Allí conocí a mi compañera de conducción, Nora Garavelli, una bellísima modelo local que puteaba como un carrero correntino, jajajajá, pero muy buena persona. Aprobamos. Con ella inauguramos ese programa que aún sigue en el aire, decano de la TV rosarina. Estuve casi un año. Y un día me fui: lo que me pagaban apenas me alcanzaba para los viajes, la comida y una pensión en la que había otros pergaminenses que estudiaban allí. Y rechacé la convocatoria para coconducir en Buenos Aires «La campana de cristal» junto a Héctor Larrea, Leonardo Simmons y Fernando Bravo. ¿Estaba loco? Sí: yo estaba loco; tenía flojo algún tornillo de 7/8.

¿Y la música?

Los fines de semana era el baterista de Pepe Motta, quien, entre semanas, grababa en Buenos Aires para la inglesa EMI-Odeón. En casi todos los temas estoy en los tambores, en otros «Chiche» Concilio. Yo viajaba después del programa a Pergamino, de acá a la Capital Federal, grababa allá y regresaba a tiempo para hacer, al mediodía del otro día, «De 12 a 14». ¡Una locura! Pero el cuerpo aguantaba…

¿Cuáles son las pautas básicas para ser un buen periodista?

No mentir, no mentir, no mentir. Ser honesto, aunque vengan degollando. Preguntar todo, tooooooooodo, con cara de «yo no fui». Disparar las preguntas como una Smith & Wesson .32 largo, pero envuelta en pañuelo de seda.

LA DICTADURA

En tu trayectoria como periodista gráfico ¿Cuál fue el momento más difícil de atravesar?

Hubo muchos; dramáticos, peligrosos. Quizás, cuando fui a los cuarteles de Junín a preguntar al coronel Félix Camblor (N de la R: a cargo de la región en la última dictadura) por 22 amigos y amigas que habían sido «chupados» por la dictadura la noche anterior. Los tuvieron amontonados en un celular, un día, bajo el sol, y luego en la cárcel de Junín que aún no había sido inaugurada. Allí, desnudos, cagados a golpes, torturados en la «parrilla» y luego llevados a la cárcel de San Nicolás, fueron liberados tres meses después. Eran absolutamente inocentes de todas las acusaciones. Fue entonces que los uniformados me dijeron que yo tenía «tarjeta amarilla» por las caricaturas que dibujaba del intendente Raúl Rossi «que le hacen el juego a la subversión». Textual. Ya en democracia me enteré de que en los archivo de la DIPBA (Dirección de Informaciones de la Provincia de Buenos Aires) yo figuraba como «pinchado» (sospechoso de subversivo). Pero en esos días trágicos pude informarles a los familiares que los detenidos estaban, por lo menos, vivos. No era poco.

¿Qué es lo que jamás debe hacer un periodista?

Aceptar regalos, prebendas, invitaciones sospechosas. No tener bien afilada la herramienta: el idioma. Y, de nuevo, no mentir, no mentir, no mentir.

Redacción de La Opinión en la calle Merced cuando Julio Venini era el director.

¿Un periodista que tengas como referencia?

Tres referentes locales: la profesionalidad de Héctor Del Giúdice y Mario Lombari. Y la honestidad de don Julio Venini. Y otro más, nacional, aunque algunos se enojen: Bernardo Neustadt, quien me enseño las pautas básicas de la técnica periodística cuando colaboraba con él en la producción del primer «Tiempo nuevo», en Rosario.

¿Qué experiencia podemos poner en primer lugar dentro de tus recuerdos: La Opinión, el diario de Junín, De 12 a 14 en Rosario, la tele en Canal 4 de Pergamino, o alguna otra actividad que no conozcamos?

Es como cuando tenés varios hijos: no podes elegir uno. En Pergamino Canal 4, LT 35, La Opinión, Show, Imagen, Pergamino entre 15 días, El Tiempo, Lunes, Radio Mas (y algún otro que se me escapa). En Junín LT 24, FM Tango, Vos y Junín, diario Democracia. En Rosario, Canal 3. En Buenos Aires, revista Extra (de Bernardo Neustadt).

Canal 4, programa de Roberto con el equipo.

La historieta y el dibujo ¿Cómo llegan?

En historietas, sólo dos: Quique, un monigote con vida (muuuuuy influenciado por Quino), y Nacho Quiroga, una historieta diaria para La Opinión, dibujada por Luisito Contreras, suerte de playboy pueblerino, con ese episodio sobre el robo del Berni en Bellas Artes, y aquel gorila escondido en los laberintos del Hotel (de) Roma. Fue lindo. En Junín produje una fotonovela para «Vos y Junín», un mensuario muy desfachatado en una ciudad con un cuartel militar y una iglesia muy conservadora, dueña del influyente diario «La Verdad». Esta revista fue un golazo y, allí, aún se la analiza como un medio de comunicación extremadamente libre, independiente. Para San Nicolás produje económicamente, una publicación que desarrollaba una historieta -con guion propio y dibujos de Contreras- sobre el milagro de la Virgen del Rosario. Años después, para el municipio de Pergamino, otra publicación sobre el Bicentenario de la República Argentina.

EL MÚSICO

Yendo a la música ¿Cuáles fueron tus primeros pasos en ella?

Los viejos músicos pergaminenses siempre decimos que «todos empezamos con Gonzalito». Es cierto: yo también. Después pasé a Humberto de los Reyes con «Los Dados Blancos» y de allí, sin escalas, a «The Swing Moderns», con Mario Berrondo, Luis Velezuolli, Domingo Carusso y Gerardo Comes, que después se convertiría en mi cuñado.

Contame de Pepe Motta y sus primeros grupos en los que estuviste

Con Pepe entro en «Las Estrellas del Trópico», pura cumbia wawancó, chachachá, tumbaos y ritmo caliente. Y en un aparte, muy exitoso, los temas melódicos de San Remo, a cuatro voces. Estábamos «Pepe» Motta, «Lalo» Cabral, «Negro» Marilao, «Semilla» Rodríguez, «Cari» Devia, «Gallego» García y el aquí presente.

Unos tres años después, Motta conforma su propio conjunto, sin «Semilla» Rodríguez y sin «Lalo» Cabral y me pide que bautice el nuevo emprendimiento: nace «Pepe Motta y su Grupo Latino». Un directivo y un vendedor de Odeón preguntan por algún conjunto local y le sugieren al Grupo Latino. Una casualidad y una suerte enormes que desembocan en las grabaciones de tres LPs para la empresa, con tapas diseñadas por el quia y fotos de Eduardo Devito. Y, bien aparte, otro LP (solo instrumental) con los temas del momento. La base son los músicos del «Grupo Latino», con arreglos y dirección de Pepe, más una decena de músicos profesionales de Buenos Aires: así se graba el disco de «Michel Leroy», hermosa experiencia que me permite conocer y compartir estudio con genios como Cacho Tirao, Domingo Cura o José Bragato (primer violoncelista del Teatro Colón, director de orquesta y compositor italo-argentino, entre otros. ¡Un lujo!) Y en un estudio de grabación que era exacta réplica del Nº 2 de Abbey Road (los ingleses replican todo, como los ferrocarriles). ¿Qué más puedo pedir?

¿Cómo llegas a integrar Magia Negra y que significo grabar con ellos?

En algunas grabaciones de Odeón colabora el «Flaco» Juan Carlos Biondini, que está en Buenos con sus colegas juninenses de «The Ugly Boys». Ingresa en el «Grupo Latino» y después de seis meses, tras los Carnavales del Club Ameghino, él y yo nos vamos. Queríamos hacer otra cosa: Beatles, Rollings, Creedence, Led Zepellin, Simon and Garfunkel. Nace «Magia Negra», de una lista de media docena de nombres. El Flaco lo trae de Junín a «Fatiga» Aguilera y yo invito de aquí a «Bocha» Uribe. Dos de allá, dos de acá: todo encaja. Me voy al programa de Fito Salinas con una demo de «Magia…» y éste me remite al productor «Cacho» Améndola. En sus oficinas estaban, en sala de espera, el «Flaco» Spinetta (Almendra), «Lito» Nebbia (Los Gatos), Javier Martínez (Manal), los de La Joven Guardia» y otros. Era tarde de lunes, día de cobro de los shows del finde. Améndola aprueba el demo de «Magia» y grabamos: fueron tres simples, durante los seis meses que nos autoimpusimos como prueba, sin perder el trabajo en nuestra región, del que vivíamos. Regreso. Íbamos subiendo en el gusto popular de la época, pero sin plata. Aun así, hicimos varios recitales, aquí y allá, con Leo Rivas. Pero, se sabe, Dios atiende en Buenos Aires…

¿Cómo se recuerda esa época en que hacer música era tener actuaciones en vivo casi permanentes y grabar un vinilo, llegar a la cima?

Una hermosa época, con actuaciones en vivo casi todos los días. Un tiempo feliz, inolvidable.

Como percusionista ¿tenés algún músico en quien mirarte?

¿Mis ídolos de los tambores?: Buddy Rich, de allá, Domingo Cura y el «Zurdo» Roizner, de acá.

Hoy, si tuvieras que elegir alguna de las actividades que realizaste para volver a ella, ¿Cuál sería?

Contestado en la primera: baterista. Y, pegadito, todo lo demás.

Jorge Sharry

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