ESCENAS DE FÚTBOL INFANTIL | 9 Y 10

Escena 9.

Lo vienen a buscar de un club que le queda a la misma distancia de su casa, del otro del que se va. Éste hecho lo hace sentir importante, requerido como si fuese buen jugador y eso le levanta su autoestima.

Hay una pequeña diáspora de su categoría y él con tres compañeros más, se van a jugar juntos, más por insistencia del técnico nuevo que por amistad entre compañeros.

Cuenta ya con una particular inclinación por conocer y escuchar los mitos a los que tiene acceso (los barriales) y éste técnico se incorpora a su pléyade al contarle que, en sus tiempos de jugador, en una ocasión y vistiendo la casaca del club que el niño está por dejar, pateó un tiro libre desde la mitad de la cancha al arco, con tal potencia en su pegada que el arquero, al querer detener el balón, se quebró tres dedos. Va a retener para siempre la escena de cuando le contaron eso: él con un amigo, sentado con el futuro DT en el tapial de la vereda, y el técnico tomando mate dulce.

Después, de grande, nunca dejó de sorprenderse con el amor que le ponen los técnicos que dirigen fútbol infantil y de inferiores, a su oficio de directores técnicos: de terminar de laburar (los que a él le tocaron, desarrollaban en general tareas pesadas y cansadoras) y tener ganas de ir a enseñar algo a un grupo de pibitos, verlos como mínimo tres veces por semana y renegar bastante en esa acción, solo por el gusto de transmitir una pasión.

Escena 10.

El equipo no va ni para atrás ni para adelante; está poco coordinado, no se entiende en la cancha, tiene un juego descolorido, pese a que hay buena onda entre los pibes. La entrada a la adolescencia en esos equipos estaba marcada por tocarse el culo entre ellos, como una práctica que incomoda a la vez que da cuenta de un no saber qué hacer con el cuerpo propio.

Pero al grupo le pasa eso; los pases van a cualquier lado y el equipo, que tiene jugadores buenos como para pelear el campeonato, está a mitad de tabla. Hay quienes leen que la entrada en la adolescencia en estos jugadores implica la modificación de las inquietudes de los pibes, que del fútbol y la proyección de un futuro ahí, ahora se van mudando a la joda y al laburo informal.

La mamá de uno de los chicos, que es “Operadora en Psicología Social” lo convence al DT para trabajar con los pibes en técnicas de grupos, de las elaboradas por Pichon-Riviere, para ver si los sacaba de la situación.

Al tener la posibilidad de hablar, los jóvenes se abren un poco y lentamente. En el pasaje a poner el cuerpo, a las técnicas de caldeamiento del grupo, se descalabra un poco la cosa.

De las dos prácticas semanales, una (la de entrenamiento físico) queda desde ahora destinada, en su mayoría, al trabajo grupal y en ronda. Lo que queda de la jornada, se sale a correr. En la otra práctica se hace fútbol.

En una de las acciones del trabajo de caldeamiento y por pedido de la coordinadora, los participantes del grupo se levantan de sus sillas para tomarse de los hombros armando una ronda grande. Uno a uno y cada vez, los integrantes del círculo humano van girando por todo el borde, apoyando su cabeza sobre el puente que se genera entre los brazos de sus compañeros y que trenza a todos los jugadores.

Cuando le toca el turno al hijo, lo hacen de goma.

El grupo empezó a dar mejores pases. Pero al no tener estado físico, los pasan por arriba en el segundo tiempo, cuando el equipo se queda sin piernas.

Se mantuvieron a mitad de tabla. Capaz que empezaron a llevarse mejor.

Lirio Rocha

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