APUNTES DEL RAFA | SOBRE LA INTRIGA

I.

Es bien sabido que Napoleón Bonaparte, el genial general que supo tener el control de toda Europa, le temía a la intriga y la consideraba como el arma más letal y más poderosa que un ejército. Supo decir, en más de una oportunidad: “No le temáis a un valiente, pero temedle a un intrigante, ya que el valiente mata de frente con nobleza, con hidalguía, pero el intrigante acecha, hiere por la espalda y con careta”.

Indudablemente, la intriga es el arma preferida de los cobardes, de los viles, de los huérfanos de todo sentimiento honrado y generoso.

La intriga está hermanada con la manipulación y el engaño, aunque la intriga está mucho más lejos, está a la cabeza de esos diablos. Tiene todos los defectos posibles y rastreros y actúa, sin dudar, de manera zigzagueante y retorcida. Marcha hacia el objetivo fijado con tretas y artimañas de todo tipo.

Es la intriga una verdadera amenaza de todo lo bueno, de todo lo limpio, de todo lo puro, y en los diccionarios de todas las lenguas tiene estos sinónimos: ¡Canalla! ¡Ruin! ¡Malvada! ¡Despreciable!

II.

Es cierto, bien cierto que la intriga ha estado presente en todos los tiempos. La intriga ha sido la causa por la cual se perdieron tronos, se hundieran imperios. La intriga ha hecho cortar cabezas, ha llevado a inocentes al cadalso, ha perseguido, impiadosamente, a millares y millares de víctimas.

La intriga armó el brazo fratricida de Caín, puso la cicuta en los labios de Sócrates, llevó al calvario a Jesús, colocó el puñal en manos de Marco Junio Bruto, fue el arma preferida de los Borgias, estuvo presente en las tenebrosidades de la Edad Media y es y sigue siendo la carcoma que corroe los enhiestos robles.

A lo largo de la historia argentina estuvo siempre presente. ¿Acaso en el fusilamiento de Dorrego fue ajena la intriga? ¿En la caída de Rosas, en ese nefasto Caseros, cuánto tuvo que ver? La batalla de Pavón sólo se puede explicar teniendo en cuenta la existencia de este mal, e igualmente otros acontecimientos que decidieron el destino de los argentinos. El posible lector de estos apuntes puede hacer una lista para enriquecer lo que tratamos de decir.

Y lo que tratamos de decir es que la intriga es el poder de lo malo, de lo rastrero, de lo vil. Es el fermento de la canalla, es un detritus de la humanidad. Como supo asegurar un afamado escritor: “El mismo Satán la inspira”.

III.

En nuestros días la intriga está a la orden del día. Está más presente que nunca y se encuentra alojada en diversos lugares, aunque decidimos en este apunte, que tiene su mayor visibilidad en las páginas del periodismo, por sobre todo. Ahí está –para nosotros– ese ejército que nos supo decir, a principios del siglo XIX, el gran Napoleón. Está en Clarín, está en La Nación y está en todos aquellos que atizan, cobardemente, de manera cruel, las hogueras del odio.

El peor y más cruel de los asesinos, con ser un miserable, no lo es tanto como esos periodistas que emplean su herramienta para atentar contra el honor de las personas.

Es que en el intrigar se encuentra su poder.

Sólo hay un camino que se debe llevar adelante para enfrentar esta terrible y constante amenaza y es fustigarla a toda hora, en todo momento, con el látigo de la verdad.

Cuadro La Intriga
Para ilustrar este apunte hemos insertado el cuadro de James Ensor, titulado La intriga. Es un óleo sobre lienzo 90X150 cm, que se encuentra en el Museo Real de Amberes. El mismo está integrado por máscaras de grotesco, aspecto, que no se sabe si pertenecen a un carnaval pasajero o si son una representación real de las pasiones que animan la vida de los hombres. El conjunto parece similar a las pinturas del Bosco, Brueghel y Goya, cuyas técnicas muestran una gran agresividad cromática, violencia de empaste y rudeza de formas.

Rafael Restaino

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