TEXTOS BREVÍSIMOS

REÍRSE ASÍ

… el carrito avanza casi a los tumbos, se bambolea para un lado y para el otro como si rebotara sobre el pavimento, pero avanza. El Soga pedalea siguiendo el compás de una cumbia que sólo él escucha pues le brota del walkman, la cabeza gacha pero los ojos fijos al frente, o sea que mira de refilón hacia arriba. Pedalea parejito y uno tiene la sensación de que a ese ritmo podría tranquilamente dar la vuelta al mundo. El Soga habla poco, no de parco, sino porque no se le entiende un carajo, salvo un puñado de palabras indispensables, “hola”, “chau”, algún que otro nombre propio poco complicado, “gracias”, y “la puta que te parió”, el resto es como si hablara en un idioma extraño. Seguro los médicos tengan para esto alguno de esos nombres raros con que suelen llamar a estas cuestiones, pero ahora poco importa, poco importa después de la ausencia original. Yo no sé cómo son estas cosas, ni cómo es que suceden, pero en algún momento hubo un minuto, un instante, un suspiro de tiempo, en el que ahí faltó alguien, sino no se entiende que no sepa hablar, en ese relámpago el Soga estuvo sólo.

De todas maneras a él mucho no parece importarle, que entienda quien entienda y el que no que se joda, como si no necesitara más que ese puñado de palabras, después de todo no siempre hay tanto para decir.

Él se ríe, y de eso sí que sabe, y sabe mucho, y debe ser el tipo que conozco que mejor sabe reírse, porque se ríe bien, no con la risa del tonto, o la del cobarde, esa risa que precede al golpe, o a la ventajeada, esa risa empalagosa que siempre tiende a acomodarse, él se ríe como un niño, risa que suena a cascada, risa que se sueña cascada, eso es, agüita que cae y rompe en risa.

Puta madre, saber reírse así.

ANDAR LAS HORAS

… el Mario dice que viajar es una manera de engañar al tiempo, pues un viaje es suceso puro, y en ese “andar las horas”, éstas adquieren otro valor, pierden su sentido cronológico, se desordenan, y entonces, una vez finalizado el viaje, imaginariamente uno lo repite en su afán de tratar de ordenarlas. Y así ese viaje se sucede a sí mismo una y mil veces.

Tal vez por esta razón el Mario siempre está en otro lado, y no en el que uno cree encontrarlo, como si viviera en un estado de permanente hallazgo, incluso cuando está tomando mate bajo el paraíso del fondo de su casa, clavado ahí como una estaca en la tierra, su cabeza está ordenando las horas, es decir, volviendo a viajar…

LOS DRAGONES

Se levantó de la cama y enfiló directamente hacia mí:
-¿Viste recién al dragón persiguiendo al otro dragón? -preguntó
-No-
-¡Ahh! -exclamó con cierta desilusión- ¡Entonces se habrán ido por la cubierta!
-Y… vos viste cómo son los dragones…- respondí
– Tenés razón… -reflexionó – …ya no se puede creer en nada…

LA EXTRAÑA

Golpeó a mi puerta una noche preguntando no sé qué cosa, jamás la había visto en mi vida, y sin embargo, cuando se fue, sentí que la había perdido para siempre…

Eduardo Viti Correa

Compartir en:
Share on facebook
Share on whatsapp
Share on email
Share on twitter
Share on print