LOS REYES NO SE EQUIVOCAN

Cuento con vos | Un libro de cuentos sobre tus derechos, desde La banquina a las infancias | Opinión |

Tus opiniones son muy importantes. Tenés el derecho de expresarlas libremente, y las personas adultas deben tomarlas en cuenta. Así se reconoce en el artículo 12 de la Convención Internacional sobre los Derechos de la Infancia.

| Autora: Graciela Beatriz Cabal | Música: Ricardo Vilca | Voz: Karina Gorordo.

LOS REYES NO SE EQUIVOCAN

Julieta terminó de lustrar los zapatos de ir a la escuela. Cierto que ella hubiera preferido poner las zapatillas rosas con estrellitas, las que le había regalado su madrina para el cumpleaños número seis. Pero la mamá dijo que esas zapatillas eran una pura hilacha y que qué iban a pensar los Reyes Magos.

–Ya que estamos, Julieta –aprovechó la mamá–, dámelas que te las tiro de una vez por todas a la basura. Porque a la mamá de Julieta no le gustaban las cosas gastadas o con agujeros. Tampoco le gustaban las cosas sucias o desprolijas. Y siempre tenía la casa limpia, reluciente y olorosa a pino. Debía de ser por eso que la mamá de Julieta no podía ni oír hablar de perros. –Perros en esta casa, jamás –decía–. Los perros ensucian, rompen todo y traen pestes. Así que en la casa de Julieta no había perros, había tortuga. Y no es que Julieta no le tuviera cariño a la Pancha. Pero la Pancha era medio aburrida, y se la pasaba durmiendo en su caja.

Lo que Julieta quería –y lo quería con toda el alma– era un perro. Un perro que le lamiera la mano y la esperara cuando ella volvía de la escuela. Un perro que le saltara encima para robarle las galletitas. Por eso Julieta le había pedido un perro a los Reyes. Y los Reyes se lo iban a traer, porque siempre le habían traído lo que ella les pedía.

¿Y su mamá? ¿Qué diría su mamá del perro?, se preguntó Julieta y el corazón le hizo tiquitiqui toc toc. Pero enseguida pensó que su mamá no iba a tener más remedio que aguantarse, porque uno no puede andar despreciando los regalos de los Reyes.

–¡Julieta! –dijo la mamá– Sacá la basura a la calle y vení a comer… A Julieta no le gustaba nada sacar la basura, pero hoy tenía que portarse muy bien porque era un día especial. Así que agarró la bolsa de la basura –con sus zapatillas adentro, claro– y, sin protestar, atravesó el pasillo y la dejó en la vereda, al lado del arbolito.

Mientras hacía esfuerzos por dormirse, Julieta pensó que ella, a veces, no la entendía a su mamá. ¿No era, acaso, que los Reyes Magos, tan poderosos y tan ricos, se habían atravesado el mundo entero para ir a llevarle regalos a un pobrecito bebé que ni cuna tenía? ¿Y esos Reyes se iban a asustar de sus zapatillas gastadas? Pero bueno, mejor pensar en el perro, que a ella le encantaría blanco y medio petiso. Y Julieta se quedó dormida.

A la mañana siguiente, Julieta se despertó tempranísimo. Allí, junto a sus zapatos brillantes, estaba el perro.

–¿Viste, nena? –dijo la mamá–. ¡Un perro, como vos querías! Mirá: si le tirás de acá, mueve la cola y las orejas…¿Estás contenta?

No. Julieta no estaba contenta. El perrito que le habían traído los Reyes era más aburrido que la Pancha. Porque la Pancha, por lo menos, estaba viva, aunque a veces mucho no se le notara. Este perrito no le lamería la mano a Julieta, ni le robaría las galletitas, ni nada de nada…. ¿Es que los Reyes se habían equivocado?

Pero cuando, al rato nomás, Julieta salió a comprar la leche, pensó que no, que los Reyes Magos nunca se equivocan: al lado del árbol, con una de sus zapatillas entre los dientes y la otra entre las patas, había un perrito blanco y medio petiso. El perrito la miró a Julieta y, sin soltar las zapatillas, le movió la cola. Entonces Julieta lo agarró en brazos y corrió a su casa gritando: –¡¡Mamaaaá!! ¡¡Mamaaaá!! ¡¡Los reyes me pusieron uno de verdad en las zapa!!

La mamá salió al pasillo y lo único que dijo fue: –¡Ay, mi Dios querido!

Pero se ve que no se animó a despreciar un regalo hecho por los mismísimos Reyes, porque después de un rato de mirarla a la hija y al perrito, agregó por lo bajo: –Entren nomás, que este perrito necesita un baño de padre y señor mío..

SOBRE LA AUTORA

Graciela Beatriz Cabal
Nació el 11 de noviembre de 1939, en Capital Federal. Algunas de sus obras son: Barbapedro; Carlitos Gardel; Tomasito y las palabras; Cuentos de miedo; de amor y de risa; Las Rositas; La pandilla del ángel; Historieta de amor; Mi amigo el Rey. Coordina talleres y como investigadora se dedicó a recopilar cuentos populares y tradiciones. Entre los premios y distinciones que obtuvo figuran: Segundo Premio en el Concurso Colihue de novela juvenil por Las Rositas, 1990; Faja de Honor ALIJA al mejor libro publicado en 1991 por Carlitos Gardel (con Delia Contarbio); Premio Lista de Honor de ALIJA, por Tomasito y las palabras 1995.

Las siguientes personas trabajaron en el Ministerio de Cultura y Educación de la Nación y ayudaron a hacer Cuento con vos:
Susana B. Decibe, Ministra de Cultura y Educación.
Manuel G. García Solá, Secretario de Programación y Evaluación Educativa.
Inés Aguerrondo, Subsecretaria de Programación Educativa.
Cecilia Braslavsky, Directora General de Investigación y Desarrollo Educativo.
Juan Esteban Belderrain, Coordinador de Programas sobre los Contenidos Transversales.
Graciela Zaritzky, Coordinadora del Programa “Derechos del Niño y del Adolescente”.
Stella Maris Galarza y Estela Grimbank, junto con Graciela Zaritzky, elaboraron el material que acompaña los cuentos.
Gabriela Tenner coordinó la producción editorial.

También participaron en la realización de este libro:
Sergio Kern, que hizo todas las ilustraciones.
Lucio Margulis, que trabajó en la etapa de preproducción.
El Estudio de Diseño Sattolo & Colombo, que ideó el diseño gráfico y armó todas las páginas.
Agradecemos muy especialmente a los escritores que donaron sus obras y a las editoriales que cedieron sus derechos por tan generosa actitud.
Agradecemos, además, la colaboración de la Asociación por los Derechos de la Infancia (ADI).

Karina Gorordo

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