LA VACA MALA

Estábamos en la casita blanca. Los cerros de la ladera de la sierra de Ambato nos rodeaban en un ambiente silencioso y calmo. Hacia el sur una eterna bajada de monte nos marcaba el valle profundo.

Los chicos de Las Palmas de Catamarca jugaban en el patio. Las niñas hacían tortitas de barro cerámico, adornadas con plumas y flores, los varones jugaban a perseguir a una chuña[1] domesticada que se escondía entre los vericuetos de un jazmín amarillo enorme que enmarcaba el patio. Cuando los chicos dejaban de correrla, ella salía y los provocaba, promoviendo nuevas contradanzas. Mientras que mi mujer les pelaba naranjas y les exprimía su jugo.

Mi pequeña niña revolvió el avispero proponiendo un picnic en el río.

Pedrito ni lento ni perezoso advirtió: ¡hay una vaca mala!

Pero el entusiasmo pudo más que el temor y enseguida se prepararon canastos con tortillas[2] y vasos para recoger la pura y fresca agüita de la vertiente.

Al yío, al yió… y no se dice ma…

Cuidado con el lión[3], nos amenazó Pedro, riendo… y con los zancudos, agregó Berta (por lo que volví a buscar el pote de clavo[4] de olor)

Y caminando y saltando por el senderito bajamos hacía la barranca.

Le pregunté a Ivana: –Por qué dicen yío si es río. Y me contestó: –No. Es yío. Ustedes dicen río.

Y ante esa lógica perfecta retiré mi inquietud.

El río estaba cubierto de piedras rodadas por las fuertes corrientes de verano, y un poco más arriba de nuestro lugar brotaba el agua del suelo formando una viborita cristalina que aumentaba al bajar, rellenando los intersticios de las piedras y formando pequeñas piletas para bañarse.

Una hermosa lampalagua[5] se balanceaba entre las ramas de un añoso vizcote[6] y costó mucho convencer a los niños de que era inofensiva para nosotros.

Nos instalamos en un pedrón varado entre otras piedras y mi esposa lo vistió con un mantel floreado.

La tarde entibiada por el sol de invierno transcurría apacible, los caballos bajaban al río por la orilla opuesta a beber, junto con las cabras y sus chivitos.

De pronto Pedrito gritó ¡la vaca mala! Los chicos volaron como bandada de pajaritos y nosotros quedamos en el pedrón petrificados, mirando a una vaca barcina de largos cuernos afilados que bajada la pendiente para beber.

La vaca se clavó sobre sus cuatro patas, nos miró fijamente y una vez segura de que no la agrediéramos, se dedicó a beber.

Al terminar, retrocedió unos pasos y de modo amenazante nos miró de nuevo. Enfocó los cuernos hacia nosotros y con sus pezuñas rascó el suelo, revoleando la cola.

Nadie decía un ´ay´.

Y así se retiró, retrocediendo amenazante y mugiendo como advertencia.

¡El susto había pasado!

………………….

[1] chuña: avecilla zancuda delgada, más grande que un tero, que habita los montes del noroeste argentino.

[2] tortilla: trozo de masa redonda o cuadrada, hojaldrada que se cocina en hornos de barro.

[3] lión: alusión al puma que es llamado león.

[4] clavo: ante la falta de repelente se usa infusión de clavo incorporada a una crema liviana.

[5] lampalagua: culebra constrictora de 1 ó 2 metros de largo.  

[6] vizcote: árbol de altura mediana, fuertes tallos, usado para tranqueras y postes.

Horacio Fernández Cowper

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