CUBA, UNA VISIÓN JOVEN

Buscando recabar opiniones de distintas vivencias y de distintas edades, le pedimos un relato de los últimos acontecimientos en Cuba a un joven periodista de la isla.

Edgardo Guevara

He aquí su opinión:

Es conocida la pandemia de covid-19 que desde hace año y medio afecta a la casi totalidad de las naciones del planeta, con sus correspondientes efectos en la economía global y determinadas dinámicas sociales y políticas. Si para naciones tan poderosas como EE.UU. o Reino Unido, este período de crisis sanitaria y económica ha supuesto un estancamiento grave en su desarrollo, los efectos se multiplican cuando hablamos de Cuba, una nación tercermundista, que vive hace 60 años un asedio comercial, económico y financiero, cuya repercusión en la vida de la nación caribeña se había intensificado en los meses previos a la pandemia por las decisiones del ex presidente Donald Trump de imponer más de 200 medidas restrictivas contra la isla, y la posposición de la cancelación de las mismas por parte de su sucesor Joe Biden.

Un escenario económico, el de la isla, que repercute indudablemente en la vida social y política de un país que durante décadas ha vivido en una condición de “plaza sitiada”, en permanente estado de resistencia. A ello se suman las dinámicas en los escenarios virtuales de las redes sociales y plataformas digitales que suman a la realidad cubana el correlato de quienes durante décadas han perseguido la destrucción de la Revolución Cubana, con todas sus consecuencias a lo interno de la nación caribeña.

En los últimos meses la situación del enfrentamiento a la covid-19 se complejizó al punto de que el sistema nacional de salud pública de la isla ha llegado a un aparente punto de colapso, debido al incremento de los casos positivos a la enfermedad y la escasez de recursos para afrontar esta etapa compleja, a pesar de que durante el primer año de pandemia se había controlado con éxito la propagación de la enfermedad. En opinión de algunos expertos consultados, lo que aconteció el 11J, fue producto de una “tormenta perfecta” donde se mezclaron el colapso sanitario en la Isla, el hastío de un considerable sector de la población, aunque no mayoritario, la influencia de las redes sociales como catalizador de esas inconformidades, donde EE.UU. nunca será un ente ajeno a semejante realidad, pues si bien el gobierno cubano es el responsable de administrar la vida económica, política y social del país, habría que ver cómo estaríamos hoy sin esos 60 años de bloqueo impuesto por EE.UU.

Entonces, sobre las protestas del 11J habría que separar dos escenarios: por un lado, gente que cumplía una función en esas protestas para sembrar caos y violencia, que respondía a los intereses del odio de quienes, en redes sociales animaban a quemar, saquear, matar y destruir la obra revolucionaria, acciones que siempre han estado en los objetivos de la poblaciones cubanoamericanas más radicales de Florida, apoyados por Washington. Por otro lado, y creo que era la mayoría de convocados en aquellas protestas, personas con reclamos legítimos, ciudadanos comunes, cansados de la indiferencia institucional, de la burocracia, de la escasez de alimentos, medicamentos y demás insumos básicos, hartos de la inflación cada vez mayor, producto de medidas económicas impopulares que ha tomado el gobierno cubano en los últimos meses, pero son el camino que argumenta el ejecutivo para palear esa escasez y la persecución económica de Washington. Estos ciudadanos cubanos que salieron aquel día, probablemente no encontrarían otra forma de ser escuchados por las instituciones del Estado, o tal vez ya estaban lo suficientemente desilusionados y convencidos de que no están de acuerdo con el proyecto revolucionario. Pero lo cierto es que la actividad en redes sociales fue determinante para que aquello sucediera, lo que hace cuestionarse la espontaneidad del hecho.

No creo que fuera un acontecimiento espontáneo, como tampoco lo fue el asalto al Capitolio de los EE.UU. a inicios de 2021: hubo gente con oscuras intenciones que utilizó el cansancio ciudadano como leña para ese fuego con el que pretendían quemar Cuba, aunque fue un incendio que, pese a su dispersión por más de 40 ciudades del país, se apagó rápido, por la intervención de las fuerzas del orden. Dicha intervención de las fuerzas del orden se dio en estricto apegado a las leyes, pues no hay que olvidar que Cuba, como cualquier nación del mundo se rige por unas leyes, gusten o no, y una Constitución refrendada por más del 80% de la población. Eso sí, es sabido que hubo excesos en el uso de la fuerza, en algunos escenarios de las protestas, por parte de la policía en el intento constitucional de mantener el orden vigente. Dichos hechos, algunos reales y documentados en videos, otros amplificados y modificados a través de fake news replicadas una y mil veces en redes sociales, han sido el caldo de cultivo para que esos medios hegemónicos creen una campaña contra Cuba por la represión de las protestas y a EE.UU. le ha permitido una vez más intervenir con sus sanciones ilegítimas en la realidad cubana, respondiendo a la llamada de auxilio, “intervención humanitaria”, “libertad” y “muerte a los comunistas”, de las poblaciones más radicales de cubanoamericanos en Florida y algunos congresistas pertenecientes a ese Lobby.

Muchos cubanos, no solo los que salieron el 11J, también muchos que nos quedamos incrédulos en casa, y otros que por miedo no salieron, así como revolucionarios que aman este proceso político, creemos que el gobierno cubano, pese a las restricciones vigentes impuestas por EE.UU., que nunca, ni en el mejor de los escenarios de la economía interna cubana podrá poseer una condición de normalidad respecto al resto de países del mundo, puede adoptar medidas en pos de un mejoramiento del desarrollo económico nacional, que pasa inevitablemente por una descentralización de la economía que tendría que venir aparejado de cambios políticos de cierto calado, sin socavar nuestra soberanía.

El bloqueo hay que quitarlo, esa debe ser una máxima irrenunciable para esta nación asediada, pero si dentro de la gente que salió ese domingo 11, había personas que no tenían otra alternativa para sus problemas cotidianos, el gobierno cubano debe hacer énfasis en la escucha activa de esos problemas, potenciar los espacios para el debate público sano y en beneficio de la construcción de un país robusto en todas las esferas y lograr que las reformas que están en camino desde 2011 sean efectivas de una vez y por todas, porque ya han pasado diez años en que los ciudadanos han esperado cambios prometidos que no ven llegar y tal vez ese sea un factor que incomode, moleste y provoque reacciones como las del 11j. Se trata de “cambiar todo lo que deba ser cambiado” en beneficio del cubano, en beneficio de Cuba y no darle armas al enemigo para que pueda seguir buscando pretextos para asfixiarnos. Repito: cualquier cambio que acometa la nación cubana no nos sacará del estado paupérrimo en que vivimos, porque seguiremos teniendo la bota americana encima, la bota del Bloqueo, que sí es real y si afecta la forma en que Cuba se relaciona con el mundo, la forma en que los ciudadanos cubanos se relacionan con el mundo.

Hoy Cuba es un país que vive al día, y aunque no es un escenario nuevo en 60 años de estas condiciones de “plaza sitiada”, es nuevo el escenario alrededor de esta realidad porque las redes sociales siguen en tiempo real esa realidad y la cambian a su antojo y donde era blanco, ellos logran hacerlo negro, aunque siga siendo blanco. Por ello es vital la transparencia por parte del Estado cubano en todas las esferas de esta realidad, desde un ministro que tenga que anunciar una medida conflictiva a la población, hasta el resultado de los juicios a los detenidos en las protestas del 11j y el debido proceso de cada caso: la debida comunicación institucional es vital en estos nuevos escenarios.

Si la Revolución Cubana es poseedora de la verdad, no debe tener miedo a defenderla a cara descubierta, porque la opacidad y el hermetismo nunca han sido aliados de la verdad. Ya se ha escuchado el “alarido” de una parte de la población que demostró estar cansada de la realidad que se vive en cuba hoy; ahora, la terea del gobierno cubano es ser proactivo en las soluciones y ser eficiente en las respuestas oportunas, con esos cambios anunciados por Raúl Castro desde 2011 en los Lineamientos de la Política Económica y Social del Partido y la Revolución. Expertos cubanos de Economía y Ciencias Sociales, coinciden en que queda poco tiempo y hay que se rápidos con los cambios para no llegar a un punto de “no retorno” en la vida política y social del país: no exagero cuando afirmo que nos va la vida en ello. Buscar la oportunidad de esos cambios permitirá garantizar las conquistas sociales de la Revolución Cubana en un eventual futuro de apertura democrática donde el Partido Comunista conviva con otras hipotéticas fuerzas políticas, en un escenario donde el Estado como punto de encuentro sea un ente robusto que nunca esté a merced de ninguna ideología o potencia extranjera. Tomando las rutas oportunas ahora, podremos garantizar esta educación para todos, esta salud para todos, esta Cuba con todos y para el bien de todos, una Cuba donde todos seamos iguales, no por tener un pollo o dos huevos fijos cada mes, sino que todos seamos igualmente reconocidos ante la ley, como ciudadanos de una nación donde esa ley primera de nuestra República siga siendo siempre “el culto de los cubanos a la dignidad plena del hombre”. Eso hay que protegerlo de quienes piden intervención humanitaria desde EE.UU., de quienes piden muerte y destrucción.

Me resultó hipócrita ver a gente pidiendo vacunas durante las protestas, un indicador claro de que era gente que venía con un mensaje tergiversado de la realidad nuestra, porque el Estado ha sido transparente con sus procesos de vacunación y las fases de los candidatos vacunales y su primera vacuna, la primera latinoamericana, Abdala. Si de algo hay que estar claro en Cuba es que nadie quedará sin vacunas y, de un momento a otro, todos estarán inmunizados de manera gratuita y esa es otra de las conquistas que debemos proteger de las fauces del imperialismo. Cambiar no puede ser visto como sinónimo de ceder, sino como un intento de evolucionar, de ser fiel a un ideal revolucionario, porque si no cambiamos estaremos condenando a la Revolución, porque el mundo cambia y hay que cambiar con el mundo, aunque ponderemos el respeto a nuestra soberanía en primer lugar, porque no podemos dejar que ganen los de siempre.

Mis disculpas si no fui muy preciso en la descripción de Cuba hoy, pero es este un escenario lleno de complejidades que ni siquiera he logrado exponer de forma abarcadora. Les recomiendo el blog personal del trovador cubano Silvio Rodríguez: https://segundacita.blogspot.com/, donde permanentemente personas que quieren el bien y la evolución para Cuba y su revolución, están en constante y respetuoso debate sobre los cambios que Cuba y su economía necesitan. También le recomiendo acceder a https://jovencuba.com/, un medio cubano bastante realista, crítico, con firmas patriotas, no me cabe duda. Un saludo fraterno y espero que esta respuesta integradora les sea útil.

Sergio Félix González Murguía

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