FEMINISMOS Y BICICLETAS: “NOS QUEREMOS VIVAS, LIBRES Y EN BICI “

“En la piel de este territorio no hay más límite de velocidad que la destreza de aferrar el volante sobre las curvas más densas del camino.”
Gioconda Belli

La lucha de las mujeres atraviesa distintos caminos, algunos espinosos y otros más libertarios. Abordaremos un territorio de conquistas por la vía de incursionar en aquellos instrumentos que son, simplemente, un camino hacia la libertad. Vamos a pedalear el texto en bicicleta como una herramienta de transformación social que impulsó la ruptura de la heteronormatividad desde el movimiento de liberación femenina, en un lugar tan simple como revelador. Repasaremos sus crónicas, recorrido y alguna que otra polémica sobre la polis y la inequidad vial.

Memorias de bicicletas

Annie Cohen Kopchovsky fue la primera mujer en recorrer el mundo en bicicleta. El periódico New York World describía la hazaña como “el viaje más asombroso que una mujer hubiera realizado jamás”. Annie puso así nombre femenino a lo que fue una auténtica explosión del uso de la bicicleta en la década de 1890. A su regreso, vestía pantalones y estaba sentada encima de una bici diseñada para hombres.

Es en 1896, época en la cual estos vehículos de dos ruedas y la lucha feminista hicieron pareja, las sufragistas británicas repartían folletos a favor del voto femenino a bordo de bicicletas, se convirtió así en una herramienta de emancipación para las mujeres. En Estados Unidos Susan Anthony feminista, sufragista, defensora de los derechos humanos y escritora, logró que surgiera “La Nueva Mujer”. Sus dichos son de una exquisita actualidad “Dejad que os diga lo que pienso de la bicicleta. Creo que ha hecho más por la emancipación de la mujer que cualquier otra cosa en el mundo. Siempre que veo a una mujer pasar a mi lado en bicicleta, me detengo y me quedo mirándola llena de regocijo. Es la imagen de la libertad, de la mujer sin límites”.

El uso de la bicicleta se fue masificando en la población femenina. A pesar de los prejuicios sociales de la moral de turno, ellas pusieron en tela de juicio los roles de género, defendieron una nueva feminidad y en una bici iban en la conquista de la igualdad de oportunidades con relación a los hombres.

La sexualidad de las mujeres y la bici

Las resistencias al cambio que se presentaban en la época cuestionaban a las mujeres que rompían los mandatos de comportamiento femenino colocándolas en el lugar “de dudosa moral”. Los médicos inventaron una condición y serie de enfermedades que responden al miedo a la sexualidad femenina. Andar en bicicleta, afirmaban, podía causar perdida de la virginidad, esterilidad y trastornos nerviosos, porque “se destruía la salud sexual de ellas al promover la masturbación”.

Con tono de respuesta a estas críticas, algunos periódicos de la época publicaron artículos que destacaban la hipocresía del machismo epocal: “Cuando una mujer quiere aprender algo nuevo o hacer algo útil o incluso divertirse siempre hay alguno que solemnemente le advierte que es su deber seguir bien de salud. Mientras tanto, en muchos estados, esa misma mujer puede trabajar en fábricas diez horas al día, puede estar detrás de un mostrador en tiendas mal ventiladas desde las ocho de la mañana hasta la seis de la tarde, doblar el espinazo en la máquina de coser por cinco centavos la hora y a nadie le importa lo suficiente como para protestar.

Las bicicletas, desde entonces, no sólo representan una forma de moverse, de trasladarse o de hacer ejercicio, sino sobre todo un rechazo a vivir bajo las reglas restrictivas de la época y una disposición y voluntad de apropiarse de su sexualidad. La ansiedad social que generó que las mujeres usaran una bicicleta respondió “al miedo de la mujer sin miedo” (Galeano).

Llegamos al siglo XXI en el que Haifaa Al-Mansour, una mujer de 38 años rodó el filme “La bicicleta verde” (2012) inspirada, según ella misma dice, en “El ladrón de bicicletas” de Vittorio de Sica, sorteando todas las dificultades con la misma determinación que su pequeña heroína. Es la primera película dirigida por una mujer en Arabia Saudí. En ese país las bicicletas no son para el universo de las mujeres o niñas, ya que están consideradas como un peligro para la dignidad y el honor de una chica.  Una niña que quiere tener derecho a ir en bicicleta en un país donde las mujeres luchan para que sus deseos lleguen a ser derechos. La película es una oda a la libertad.

Cuando ellas empezaron a llevar los pantalones

El uso de ropa más cómoda para las mujeres, a partir del uso de las bicicletas, promovía una vestimenta más práctica. Las reformistas del vestido también fueron las primeras feministas de los años 1850 a 1890. Así surgieron los bloomers, unos pantalones muy anchos, que sustituían ropajes pesados y corsés. Los sacerdotes dedicaron sermones sobre lo pecaminoso del asunto; a las profesoras francesas se les prohibió acudir con ellos a la escuela, a la aristócrata Lady Haberton, por llevar bloomers, se le impidió entrar en una cafetería donde pretendía beber algo antes de seguir en su bicicleta, a la londinense Emma Edades la recibían a pedradas, a otras las insultaban y agredían.

La batalla por los pantalones parecía perdida, no obstante, se había avanzado en la emancipación femenina. Las mujeres ya no se bajarían de las bicicletas mientras el mundo seguía andando.

Bicicleta verde, violeta y multicolor

Corrió mucha agua sobre el puente y el feminismo argentino se encuentra, desde hace varias décadas, escribiendo su propia historia, con sus propias herramientas, en tono verde, violeta y multicolor. Ha sabido construir su historia a través de la elaboración de una genealogía de luchas intergeneracionales. La bici hoy sigue acompañando las luchas por la liberación. Cambian las épocas, pero persiste un patriarcado que sostiene la desigualdad, imprime su poder y hace que el movimiento de mujeres no cese en sus reclamos por una sociedad más igualitaria.

De acoso callejero e inequidades viales.

Aquello que impedía la circulación de las mujeres por las urbes o los pueblos en igualdad de condiciones persiste. Uno de los conflictos al cual se enfrentan las mujeres es el acoso sexual callejero como una práctica naturalizada dentro del espacio público, de hombres que cosifican el cuerpo de las mujeres. Por lo tanto, el movilizarse en bicicleta se convierte en una alternativa que disminuye la exposición al acoso sufrido en el transporte público o al caminar por las calles, sin implicar que no serán víctimas de este tipo de violencia al usar la bicicleta.

Este acoso responde a la lógica de un orden en el cual lo masculino se presenta como el referente, dado que el hombre siempre ha tenido acceso al espacio público, de tal forma que la mujer ha sido espacialmente segregada debido a discursos como la seguridad, los cuales han ayudado a perpetuar su exclusión.

¿De quién es la ciudad?, El derecho a transitar libremente se convierte así en una propuesta política reivindicadora por parte de las mujeres hacia el conjunto de la sociedad, lo cual implica no solo el reconocimiento de sus derechos en el escenario de lo público sino la inserción de estos en los imaginarios y mentalidades urbanas. Las diferencias entre géneros producen desigualdades y entre muchas otras están las económicas. Las mujeres, por lo general, son más pobres que los hombres, por lo cual la bici es un vehículo accesible para todas.

Con el derecho a pedalear, las mujeres obtuvieron el derecho a la movilidad, el derecho de ir donde quieran, cuando quieran, con quien quieran, el derecho a elegir cómo vivir, vestirse y a desplazarse con libertad.

La subjetividad como escenario de cambios

En los últimos años han surgido colectivas de féminas ciclistas con labores compartidas: reapropiarse del espacio público, y generar vínculos de apoyo. “Pedalea como una piba” es una de tantas colectivas argentinas.

El compartir sus vivencias es un componente formador de identidad y ligado a esto se han apropiado de sus subjetividades lo cual les ha legitimado producir nuevos sentidos Todo este proceso les permitió reinventarse elaborando diversos y nuevos aspectos de alusión, tanto histórica como espacial y corporalmente.

Vemos entonces que la bicicleta tiene una gran influencia no solo como una herramienta de transporte, sino también influye en las subjetividades de las mujeres.

El placer de la cara al viento

Las que disfrutan de andar, y también disfrutan mucho de parar, frenar y ver con la enorme libertad de quien no tiene más ventanillas que su abrigo. Para ellas vagabundear, muchas veces, se convierte en pensar pedaleando.

Las mujeres salen a rodar, pedalean y se escuchan, y la conversación sustituye el abrazo que prohíbe la emergencia sanitaria. Pedalear como una piba y ser parte del cambio, es animar a más mujeres en este devenir de combatir las desigualdades.

Mónica Filippini | Psicoanalista

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