ENSAYO DE ORQUESTA BAJO LAS OLAS

Poemas de su libro en (lenta) reparación “Ensayo de orquesta bajo las olas”.

Hablar de secretos a través de lo secreto. ¿No es este el tema? ¿Acaso no es esta la finalidad, consciente o inconsciente, del apremiante impulso creador?…

Wassily Kandinsky

El asunto es no creer demasiado en la literatura. Lo de demasiado es, precisamente, demasiado. Me corrijo: el asunto es no creer en la literatura. Quiero decir en ese limo o barro que luego del oleaje se deposita en el fondo. En esa supuesta altitud que no es sino un modo, tal vez el peor, de bajeza, de cobardía. El asunto es no creer, descreer en las palmadas en la espalda o en el hombro que uno mismo le da a uno mismo al dejar al pie la firma. Descreer de la moneda que aparece como por encanto en nuestra mano derecha. El asunto no es evitar la suciedad en la ropa; el asunto es salir lleno de hollín, de pies a cabeza. Preferir lo no terminado, lo indefinido, lo solo esbozado, el manotazo nervioso a lo de una vez concluido, definido, cerrado, la caricia de un supuesto ángel venido desde el cielo enterado de un nuevo espacio de tranquilidad, de calma.

C.B.

Cocteau

Luces de Bengala una noche antes de la guerra. Una gaviota enferma o herida que cae a tierra. La luna, a través del telescopio. La veloz eclosión de una rosa. Dos preguntas: ¿Arribar a qué? ¿Arribar dónde? Una gota de tinta que tiembla al extremo de una pluma. A la puerta un niño con bastón. En bicicleta, por un comedor minúsculo. Un fino encaje que se muestra a lo lejos. Confesiones ocultas, cálculos, altivos retruécanos, extrañas adivinanzas. Ante el espejo, una mitad en la sombra, como un planeta. La poesía como juego de manos hecho con naipes, ejecutado por el alma, como electricidad, como el colmo del lujo.

Nada se me pide

Nada se me pide; aquí la salvación y aquí la desgracia. No se me pide escribir y escribo, desde la vida ante la muerte y desde la muerte ante la vida. En ocasiones, un jardín y, en otras, baldío; nade se me pide y escribo porque no se me pide escribir y al escribir vivo y muero, sueños con amantes debajo de las sábanas y, al despertar, largas galerías recorridas por sombras. Escribo: qué me libra y qué me retiene, qué me anima y qué me hace vegetar; de qué mínimo, mísero, olvidado dios soy imagen y a qué carne humana, lacerada, convulsa entrego cada amanecer mi propia carne.

Extranjera

Cercana, pero inalcanzable. En otra tierra u otro cielo, colmada de si, dichosa. Pliegue sobre pliegue de belleza, es una duradera chispa donde vive y respira. Ascenso y descenso de aves, conocen la ruta y por mero placer se extravían para luego regresar. Luz que ilumina sucesivos temblores de los que soy mero y solitario testigo. No por la palabra, no por la música, no por el arco extendido y firme, no por la avidez, la sabiduría, la geometría. ¿Cómo entonces? ¿Por el tacto, una figura del abismo, la sal disuelta en el agua?

Carlos Barbarito

Compartir en:
Share on facebook
Share on whatsapp
Share on email
Share on twitter
Share on print