PALABRAS, PALABRAS… | ODISEA

Facilitada por la imposibilidad de la certificación, y fincada en afloradas presunciones, de suyo explayadas, se convive con un exceso de sentencias que resulta más cómodo asumir que cuestionar.

“La gente ya no lee”, escuchamos o decimos sinceramente convencidos, sin detenernos a especificar, siquiera, quién sería esa “gente”, en tanto objeto central de análisis. Sin cuestionar el axioma, aceptamos el desafío de sumarnos a esta aventura comunicacional, para ratificar la necesidad visceral de expresarnos, tanto desde las tripas como del intelecto, comprometiendo el mayor esfuerzo para no desentonar con los calificados compañeros, colegas y amigos, que le dan sustento a la iniciativa y dando por asumido el formidable intento de provocar entre todos y todas algo parecido a lo que nos gustaría encontrar, ubicados que estuviéramos en nuestro sempiterno rol de lectores.

Hemos impulsado algunas, integrado otras y acompañado muchas veces pretensiosas experiencias comunicacionales, tan similares en sus buenas intenciones a esta que se inicia. Por ese tránsito previo, lo sabemos, no habrá sorpresa. Aún sin islas de las sirenas ni república de los cíclopes, el trayecto que nos lleve a concretar los mejores sueños estará igualmente sembrado de imponderables, tal como a lo largo de diez años, después de Troya, acompañaron al sufrido Ulises, en su regreso a casa, y a los brazos de la Penélope de las agujas fatigadas.

Más pequeñas las vicisitudes, proporcionalmente escasos los esfuerzos y no tan zarandeado el camino, de idéntico modo echar al aire esta publicación se perfila como una especie de módica odisea, en el deseo de su más feliz recorrido, que se concluye sustancioso y hasta necesario, para permitirnos, a redactores y leedores, el sano ejercicio de la lectura, el análisis, la reflexión; en la fragua imprescindible del disenso y el consenso.

Si “la gente ya no lee”, esta lucecita que se enciende resulta no solo un ejercicio lúdico para nosotros, sino que deviene un desafío imprescindible, y una impostergable necesidad.

Sumamos estas “palabras” porque nos convoca la consigna, y porque también lo creemos placentero, en tanto -a explícita excepción de esta evitable columna-, en estas páginas encontraremos textos para leer, para pensar y para disfrutar. No es poca cosa.

Rody Piraccini

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